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ColecciÓn Ganadores De Relatos Durante El AÑo 2006

Tema en 'Archivo Colección Ganadores de Temáticos y Clásica' comenzado por MP, 7 de Enero de 2006. Respuestas: 35 | Visitas: 8323

Estado del tema:
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  1. MP

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    [center:c250c6e57b]RELATO DE LA SEMANA, ELEGIDO EL SÁBADO 7 DE ENERO DE 2006[/center:c250c6e57b]


    [center:c250c6e57b]TÍTULO DEL RELATO: * NOCHE…


    AUTOR DEL RELATO: _AIRIS_


    PÁGINA DEL RELATO:

    http://www.mundopoesia.com/foro/poemas-y-poesias-12012.html *[/center:c250c6e57b]



    RELATO:


    NOCHE…

    Los primeros rayos de sol se deslizaban con suavidad entre las cortinas de la habitación; incidiendo sobre su cara, clavándose en su alma como estacas de fuego.

    La claridad del día rompía con avidez el idílico silencio, mientras, la frialdad se fundía al contacto con la luz.

    Derramó una lágrima.

    Se ocultó bajo una tupida manta, intentando escapar de la realidad y se dejó envolver por la melancolía. El llanto ahogó su alma y la angustia comenzó a gritar desesperada.

    Se levantó taciturno, deslizándose por las paredes del corredor ,y marchito, se dejó caer al suelo con respiración entrecortada.

    Una vez más sintió el dolor de la pérdida; como cada día, la luz desvanecía su recuerdo. Aquella que durante horas le abrazaba, fría y distante; mientras él disfrutaba de su paz y soñaba embriagado por su evanescente aroma.

    Pensó desolado en el tiempo, que testigo mudo de su dolor, le cautivaría hasta el anochecer. Sentía sangrar su alma cada vez que un haz incidía sobre su piel, secuestrando su felicidad.

    Los celos invadían su corazón podrido y envenenado por el miedo; ecos de una traición maldita enloquecían su tormento. Pues ella, prohibida y compartida por todos, no era más que una quimera.

    Años de condena a la soledad eterna , sin más esperanza que el tiempo o la muerte, habían entrecortado su aliento; haciéndole olvidar la belleza humana, el calor de un beso o el abismo oculto tras caricias y miradas.

    En la oscuridad, recitaba versos a su divinizada musa, contemplando su inerte sensibilidad; al llegar el día, mustio y ajado, se dejaba envolver por los sueños, intentando escapar de aquel sol que, airado, destrozaba su alma.

    Aquel era un día de verano, uno de aquellos días en que la noche se retrasa sin compasión. Había permanecido oculto en la oscuridad de su hogar durante horas, mas la espera- al menos aquello delataba su vívida sonrisa- había merecido la pena.

    El cielo apagaba ya sus brillos púrpuras forjando en la penumbra sombras esperanzadas. Suspiró profundamente y encaminó sus pasos hacia la playa.

    A su llegada, la noche le abrazaba con fuerza y el mar le esperaba en calma. Respiró con profundidad inundando los pulmones de la magia con que era envuelto; cerró los ojos y extendió sus brazos al silencio.

    Entonces, dio aquel paso que le entregaría a la eternidad; sintió que el agua se apoderaba de su cuerpo desnudo y su vida escapaba del pecho con sordos latidos.

    Él se limitó a esbozar una sonrisa, pronunciando un “te quiero” que tan sólo la noche pudo oír.
     
    #1
  2. MP

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    [center:5015038d80]
    III.- RELATO DE LA SEMANA, ELEGIDO EL SÁBADO 14 dE ENERO DE 2006




    TÍTULO DEL RELATO LA DANZA DE LAS RANAS


    AUTOR DEL RELATO: RAFAEL CHAVEZ


    PÁGINA DEL RELATO:

    http://mundopoesia.com/foro/poemas-y-poesias-12369.html [/center:5015038d80]


    RELATO:

    LA DANZA DE LAS RANAS

    -Doblaba la espalda la tarde por el peso del día, que ya casi terminaba.
    -Eternidades incontables de tiempo y distancia para quien tiene en mente un encuentro de luceros. En conjunción con la luna, la llovizna hacia gala de presencia en la mejilla de la tierna cara; insinuaciones de belleza en un lirio a punto de cortar en la desnudez de la cama.
    -Ya, y un poco cansada; los luceros hacían gala de presencia como sempiternos guardianes de querencias y rumores de enamorados.
    -En la lejanía otro actor mandaba su correspondencia para anunciar que habría fiesta en la danza de las estrellas, lejanos relámpagos presagiaban con voz de trompeta el acontecimiento.
    -Pero no muy lejos del escenario, unos invitados se preparaban para danzar su vals en traje de frac, unas ranitas que aleluyavan su libertad con el croar de sus gargantas y la dulzura en la esperanza de las gotas de agua que ya empezaban a caer; dejando a la tarde la oportunidad de despedirse de un día agobiado por el peso de los segundos de nuestras vidas.
    -De todos modos yo estaba en primer lugar en este escenario maravilloso; frente a mi tenia todo el paisaje de la tarde, mi camino eterno y polvoriento que ese día y en un tiempo muy especial se vestiría de gala. -Por sus viejas cunetas correrían las gotas de la fresca llovizna como mozalbetes juguetones.
    -Ocasión precisa de hablar de amor y poesía en brazos calenturones y tiernos de mujer de tarde serrana.
    -Bueno de todas manera mis interlocutores son mis ranas que ya empezaban el concierto en la charca que se formaba en el patio del Viejo Juan. Nombre dado a mi árbol de mis recuerdos y desamores.
    Si, este viejo día ya se iba sin dejar la propina de los viejos recuerdos.
     
    #2
  3. MP

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    [center:be223e8182]RELATO DE LA SEMANA, ELEGIDO EL SÁBADO 21 DE ENERO 2006



    -TÍTULO DEL RELATO: VÍCTOR


    AUTOR DEL RELATO: RAVEN


    PÁGINA DEL RELATO:

    http://mundopoesia.com/foro/poemas-y-poesias-13125.html [/center:be223e8182]



    RELATO:

    VÍCTOR

    Esta es la historia de un horror sin igual. Un horror escritor de versos que halló un ápice de humanidad entre los encantos de una joven mujer. Una niña dormida en su infantil ingenuidad, cegada por sus locas ansias de amar. En una época en la que las ciencias aún se mezclaban con el encanto de los cuentos, la fantasía, el misterio… y el dulce veneno de lo desconocido. Lo oculto e inexplicable. La cara más dura de una era de doble moral, en la que (como en la actualidad) el interior no es siempre lo que cuenta. Esta es la historia de un amante. La historia de Víctor.



    Era miércoles. Y como todos, Laodice corrió escalera abajo hacia la puerta principal de la enorme mansión victoriana de sus padres, Ogdred y Milla McCloud. Por debajo del portón deslizaba el cartero la correspondencia. Y ahí se abalanzaba Laodice en busca de la carta semanal que puntualmente le enviaba el favorito de sus amantes. La joven era de tez blanca y lucía una interminable melena negra. Sus enormes ojos verdes brillaban como esmeraldas cuando sostenía ante sí el sobre, pertinentemente firmado por un misterioso caballero. Un admirador entre las sombras. Un poeta. Un galán demasiado pudoroso para expresar su amor abiertamente – pensaba Laodice – un gentilhombre de buenas maneras, y mejor corazón. De todas maneras, lo único que él la había revelado hasta la fecha era su nombre: Víctor.

    Después de comprobada la firma, Laodice corría al cuarto de las criadas, y ahí, todas juntas, abrían y leían la tan esperada carta. En exquisita caligrafía podían leerse los más hermosos romances jamás compuestos, las más tiernas baladas y los más apasionados sonetos. Todos ellos dirigidos a la figura de Laodice. Al final de cada epístola, escrito en sangre, aparecía el nombre de su enamorado autor: Víctor. Siempre Víctor.

    Laodice atravesaba los marmóreos pasillos con la exaltación de una colegiala. Olvidaba cualquier atisbo de compostura y salía a bailotear entre los inmensos jardines, presa de una alegría sin igual. Aquellos fueron los instantes más felices de toda su vida.

    Y siguieron pasando las semanas, y los meses. Cada miércoles Víctor enviaba puntualmente sus románticas misivas. Era un hombre culto, erudito, mesurado… al mismo tiempo que rodeado por un hato de misterio e ilusión morbosa. Un buen día, Laodice se resolvió a encontrar a su perfecto hidalgo. De modo que esperó a la puesta del sol para abandonar la casa enfundada en un mantón negro, evitando ser vista entre la penumbra del atardecer. Descendió colina abajo hasta una casa de la cual se contaban terribles historias. Se hablaba de orgías bacanales, de codicia y desenfreno, de lujuria luciferina. Pero también se contaba que la matrona de las rameras, que era gitana, podía adivinar misterios, entuertos y demás embrujos. Acudió Laodice a su encuentro, con una de las cartas firmadas con sangre por Víctor.

    A cambio de unas monedas la vieja aceptó despejar las dudas que atormentaban a la joven. Mojó con saliva de su lengua viperina la sangrienta firma del misterioso amante. Y haciendo esta de nuevo cálida y fresca, leyó agüeros en ella. Las indicaciones fueron claras y precisas: “Debes dirigirte a lo profundo del bosque, desde la entrada que sigue a este camino. Camina diez veces cien pasos en línea recta, y hallarás la casa de tu amado galán.” De modo que Laodice se puso en marcha. Hizo tal y como se lo habían indicado. Desde la entrada del bosque caminó diez veces cien pasos en perfecta línea recta. Durante el trayecto ignoró los profundos llantos de la negra espesura, los gemidos de los árboles y su pútrido hedor a Muerte. Una vez andado el trayecto divisó una pequeña cabaña de madera carcomida. Prácticamente oculta entre la niebla, sobre un terreno pantanoso y resbaladizo. Sobre los pizarrosos tejados los cuervos habían construido sus nidos y graznaban con violencia la llegada de la desconocida.

    Indecisa, Laodice tranquilizó sus pensamientos convenciéndose de que su romántico poeta era un hombre pobre. De ahí que nunca se atreviera a mostrarse públicamente. Pero ese no iba a ser freno para los alocados latidos de su corazón, al sentir ya cerca la presencia del ser venerado durante meses interminables. Armada de valor penetró en la choza, empujando la retorcida puerta de la entrada. Dentro recibió el azote de una terrible fetidez, producida por la nauseabunda acumulación de moho que envolvía toda la habitación. En las paredes de la casa sólo encontró libros. Columnas interminables de libros de poesía, épica, lírica, y toda condición de saber artístico humano. Más al fondo, en un rincón escondido, se encontraba una criatura, un ser vivo. Alumbrado por la tenue luz de una vela, mirando con el más profundo de los horrores, se hallaba un hombre deforme y monstruoso.

    Laodice gritó con todas sus fuerzas y una vez recobrado el aliento preguntó con violencia: “¿Quién eres tú, monstruo infame, y qué has hecho con mi amado, el más gallardo de todos los caballeros?” El hombre tomó una hoja de papel y escribió utilizando sangre de su propia mano. Escribió con sumo cuidado, no sin apagar el ahogo del espanto en sus cadavéricos ojos. Extendió la nota a los hermosos ojos de Laodice y esta leyo así: “Soy un hombre maldito. Sordo y mudo desde los trece años de edad. Yo te amo en la distancia, te adoro en la lejanía. No tengo madre ni padre, ni por tanto apellidos que tomar. Sólo recuerdo dos cosas sobre el aglutinado de mi vida. La primera es que te amo. La segunda es mi nombre… Yo… Yo soy Víctor.”

    Y Víctor se quedó solo. Llorando. Al ver cómo su amada corría lejos de él. No sin antes haberle escupido en la cara. Víctor llora. No puede hacer otra cosa. Y no se volvió a saber nada sobre él. Sólo un nombre. Una firma: Víctor.
     
    #3
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    [center:0859f1bc6f] RELATO DE LA SEMANA, ELEGIDO EL SÁBADO 28 dE ENERO DE 2006



    TÍTULO DEL RELATO LAMENTO NOCTURNO

    AUTOR DEL RELATO: MIKE

    PÁGINA DEL RELATO:

    http://www.mundopoesia.com/foro/viewtopic.php?t=13516[/center:0859f1bc6f]

    RELATO:

    LAMENTO NOCTURNO

    El dolor está en los muros; sangrando amores, amores disolutos, amores no enjuiciados. Hierros filosos se vuelven contra mí. ¿Dónde está mi dominio del juego? , ¿Se ha ido? .Una nueva mezcla de misterios y cuestionamientos me visten, mixtura ominosa, atrevida, morbosa, desgasta, roe, asesina mi juego, descobija y allana mi alma.

    ¡Silencio!.... ¡Silencio!

    Envuelve con tu palabra el canto de los grillos de estos muros, ¡no quiero dar oídos! Deseo mil veces la resonancia agresiva del viento que tanto odio a oír aquel canto de sudor y carne, frecuencia nociva de los cuerpos,… que agrieta mi alma… ¿Qué haré?... Me muerdo mis labios hasta sangrar ¿Qué haré?...

    Recluirme; eso haré, cortar mis lazos, maldito propósito, mil veces maldito. Me encegueció, me dio una causa y no amor, grilletes en mis tobillos situó, ¡mis ojos!…la lluvia en mis ojos no la puedo contener... ¿Es el amor?... ¿O la pena del anhelo emancipado que ataca mi ego y se vuelve contra mí?

    …No tengo casi aliento… Mi mente y la libido me alteran, mezcla extraña y siniestra es la que ostento. La noche…dulce encuentro de los amantes me parece más lívido a cada segundo y la odio, ¡Odio todo lo que amo!... Sólo deseo fenecer en mares salinos con mil destellos de paz, cálidas brisas que impulsen mi nave, ser indestructible a mi deseo, no poseer vínculos, extraviar mis calzados, no ser la que debo… Me asomo a mi ventana, veo las luces, pequeños puntos iluminan la soledad de las calles, mi esencia vaga en ellas suplicando una luz celestial, piadosa, compasiva…Que no me alcanza
    ¡Desolación!... me acechas y atacas mis flancos, ¿eres mi morbosa compañera esta noche?... ¿Perturbarás mi sensatez?, frágil ya estoy, me siento caer al vacío insondable, cuerpo, mente y alma ya no resisten.

    ¡Sólo me queda Un grito!

    Un grito que No quiero atender.

    Un grito que Nadie debe atender…

    ¡Te deseo Infatigablemente!...

    …Tu placer ya No impronta mi paz, el alba ha llegado, la espesura del silencio baila entre amarillos y blancos, me penetra, agotada me deslizo cierro mis ojos y desvanezco en algún sueño de niñez…
     
    #4
  5. MP

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    [center:1b5bf6d0db]RELATO DE LA SEMANA, ELEGIDO EL SÁBADO 4 DE FEBRERO de 2006



    TÍTULO DEL RELATO: PENSAMIENTOS ("SIN SENTIDO") O CUENTO PARA NO DORM


    AUTOR DEL RELATO: ANTONIO PC


    PÁGINA DEL RELATO:

    http://mundopoesia.com/foro/poemas-y-poesias-14076.html[/center:1b5bf6d0db]

    POEMA:

    PENSAMIENTOS ("SIN SENTIDO") O CUENTO PARA NO DORM


    Madrid, madrugada del 19 de junio, 2.16h - resto 6h - 20.16h allá donde estés…

    Estos días me paso el tiempo restando ‘6’.
    Soy un obseso...un pobre loco...que de mucho a poco y de todo a nada…
    Cada vez que resto 6 me resto un día de vida, porque mi corazón se debilita,
    como el pitillo que resta vida a este medio pulmón que me regalaste aquel día.
    Nunca fui supersticioso, no…
    pero el ‘13’, número ahora maldito, junto con el ‘6’...
    van los dos de la mano guiñándome el ojo con maldad,
    picándome para que salte sobre ellos y todo acabe...(si no acabó ya)
    Intento mantener la calma y no lo consigo...
    la calma se me fue volando el 13…sumando 6…
    y resto 6 para imaginar qué hay al otro lado...
    lejos muy lejos, tan lejos que ni siquiera sé dónde estás…
    ...tú sumas 6...yo resto 6...y coincidimos...
    pero...
    ¿por qué no coincidir sin sumar ni restar?
    quiero restar importancia a todo
    y lo único que hago es sumar dolor de corazón...
    Sumo, y 6 son los días que pasaron desde el 13 ya...
    y resto 6
    ¿qué hora es?...allᅿdónde?...no sé…donde estés
    pero…
    ¿por qué no tener 13 libros en nuestra estantería junto con 6 CDs?
    ¿por qué no tener 13 cervezas y 6 yogures en nuestra nevera?
    ¿por qué no contar 13 pasos desde nuestra cama hasta el cepillo de dientes
    y 6 pasos hasta la persiana para cerrarla y dormir sin sumar ni restar?
    ¿y 13 los kilómetros a mi trabajo y 6 al tuyo?...
    tú conduces, yo duermo al lado, mientras acaricias mi pelo...
    No quiero restar 6 ni acordarme del 13...
    ‘San Antonio 13 Junio ya llegó’...como decía mi tocayo ‘Vega’
    “Sólo” quiero sumar tus abrazos y los míos, tus besos y los míos,
    y que me ayudes a ‘enseñarle’ a restar...y sumar…también.
    Qué fácil ¿no?...yo también te ayudaría…
    ¿sabes que cada día te quiero más?...sumo amor y resto rencor.
    Hay recetas mágicas, sí las hay...y te decían que en esto del amor no las había…ja!
    Y sumo y sigo...y resto los días para volverte a ver...
    Necesito pilas en mi corazón, con el + y - en correcta posición.


    Antonio 19 Junio 2005 :-$
     
    #5
  6. MP

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    [center:d2a749647e]RELATO DE LA SEMANA, ELEGIDO EL SÁBADO 11 DE FEBRERO de 2006[/center:d2a749647e]

    [center:d2a749647e]

    TÍTULO DEL RELATO:    SUEÑO VAMPÍRICO


    AUTOR DEL RELATO: STARTPINK18


    PÁGINA DEL RELATO:

    http://www.mundopoesia.com/foro/poemas-y-poesias-14643.html[/center:d2a749647e]



    RELATO O PROSA POÉTICA:



    SUEÑO VAMPÍRICO

    Soñé que crecían flores y maleza en árida tierra,
    yacía en el borde una figura de piedra,
    tenían grabadas unas ilegibles letras
    y un hombre estaba en medio de la escena.
    Abro mis ojos invadido de una terrible perplejidad,
    veo una negra silueta posada en el vitral,
    giro mi vista hacia ambos lados
    y frente a mi veo al dueño de la sombra del vitral.
    ¿De qué lugar insólito y remoto pertenecerá
    este bellísimo hombre? ... ¿De mis sueños? ...
    ¡No puede esto posible ser!
    Inunda mis sentidos una sutil fantasía ...
    al ver sus labios escarlata,
    su piel de porcelana,
    sus cabellos de seda...
    mas en sus ojos hay una perturbadora extrañeza;
    carecen de brillo humano,
    su piel asemeja a la cera,
    sus ojos me observan fijamente
    y mi corazón late muy fuerte.
    Su belleza es algo peculiar;
    es como el tenue brillo de la luna
    en una noche de tormenta impregnada
    de rayos y niebla,
    aquella angelical luz lunar tan misteriosa y pálida
    que vive entre las tinieblas de una noche caótica y longeva.
    el hermoso hombre se acerca,
    mis manos ingenuamente tiemblan,
    contemplo su cuerpo a través de su vestimenta
    con que está cubierto.
    Sus ojos carentes de vida me observan,
    viene hacia mí, siento el filo de su tacón de cristal en mi pecho ...
    Tal vez me mira con amor... no, posible no es...
    ¡No hay brillo de vida en sus ojos austeros!
    No me es posible descifrar tan intrigante mirada,
    mi cuerpo tiembla... el es muy bello, pero ....
    ¿Por qué no siento la situación como una hermosa realidad de ensueño
    y veo todo como un mortífero encuentro?
    Esta encantándome con sus finos movimientos
    y sus frías caricias en mi cuerpo,
    olfatea seguido mi piel;
    tal vez le resulte dulce mi aroma...
    siento un ardiente deseo,
    mas sufro de un terrible tormento...
    me dejaré llevar por el encanto y haré a un lado mis miedos.
    La duda invade nuevamente mi sentir...
    ¿Quién eres tú, por qué has venido a endulzarme
    con tus caricias mi sueño por ti interrumpido?
    Me responde con un beso de exquisita pasión,
    pero la duda no terminó.
    Estoy enamorándome de él,
    de sus labios, de su elocuente existencia,
    de su nombre jamás dicho,
    de su presencia... ya no dudaré más y me entregaré a él.
    Al fin algo irónicamente bello en mi oscura vida,
    el encanto de una hombre que no deseo que se vaya
    nunca más lejos de mi ser,
    mas deseo saber quien es... ¿Qué debo hacer?
    Me toma con fuerza del torso con sus manos de hielo,
    me estremezco...
    Infinito sortilegio me conquista al sentir sus
    rojos labios en mi piel.
    De nuevo le cuestiono su identidad,
    sólo para cerciorarme de la realidad;
    su mirada se torna sombría,
    sus ojos parecen brasas,
    su rostro se ve contraído,
    de sus labios salen filosos colmillos;
    "Saciaré mi sed con tu sangre y sentirás el placer
    al beber de tu cuerpo" - me dice tenebrosamente al oído.
    Ha poblado mi ser un horror espectral,
    acerca sus labios en mi cuello
    y clava en el esos filosos colmillos sedientos...
    Resuena desde mi garganta un fragoroso alarido,
    causado por un dolor y placer indecible...
    Dolor por la herida y placer porque la piel de mi cuello
    por sus gélidos labios he sido corrompida,
    pues he entregado al hombre la vana esencia de mi vida,
    y con él mi pesar y melancolía.
    Siento que la luz se escapa de mis ojos,
    siento que mis sentidos se desvanecen,
    que mi voz se quiebra,
    que mis manos pierden la fuerza,
    que el aire me abandona
    y que mi alma me desampara.
    En su mirada me encuentro,
    es irónico el reflejo;
    bebió la tristeza que yo llevaba dentro.
    El no llora mi muerte,
    mas se ve en sus ojos una melancolía inminente,
    se aleja del lecho y me contempla una vez más muerta,
    cruza el oscuro umbral y deja mi cuerpo ya mutilado
    en medio de una tétrica soledad.
    Ahora estoy en aquel soñado lugar,
    donde flores y maleza en mi tumba yacerán
    y mi nombre grabado en la piedra quedará,
    ahí donde la oscura hombre me suele visitar,
    y permanece frente a mi lápida
    sobre del mortuorio umbral
    por toda la oscura eternidad.
     
    #6
  7. MP

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    IV.- RELATO DE LA SEMANA, ELEGIDO EL SÁBADO 18 DE FEBRERO de 2006




    TÍTULO DEL RELATO: MIENTRAS TU DUERMAS

    AUTOR DEL RELATO: MIYU SAN

    PÁGINA DEL RELATO:

    http://www.mundopoesia.com/foro/poemas-y-poesias-14843.html[/center:2fa5f5c682]

    RELATO O PROSA POÉTICA:

    MIENTRAS TU DUERMAS…

    Del arcángel a los querubines, de nubes sin algodón al efímero viento eterno, solo estrellas encarnadas que esperaban por un milagro… un milagro inquietante, solitario pero silencioso, se estallaban en el cielo confuso.

    En aquel cuarto pequeño, con paredes rusticas de satín, muchas personas lo observaban.. algunos lo criticaban, hablaban del bien que les pudo hacer, de como era con los demás… y del porque de su estado. A su derecha se posaba su madre con la cabeza baja, con los ojos tan hinchados que su pose era casi catatónica… no musitaba palabra alguna, ni se le diferenciaba algún moribundo movimiento, ella solo pensaba… pensaba.

    Centenares de flores a nuestro alrededor parecían cantar solemnemente el final de una pequeña historia.
    ¿Recuerdas su primera palabra?, si, fue “mamá”. Pero no te ilusiones. Él no lo dijo porque supiera quien eras, simplemente descubrió que pegando sus labios emitía un tenue sonido. ¿Recuerdas cuando viste sus primeros pasos?, ¿pensaste que iba hacia ti?, no. Él solo sintió la necesidad de no arrastrarse mas y moverse como los grandes. ¿Recuerdas cuando aprendió a escribir y te hizo su primera tarjeta?. Era día de la madre, su profesora lo hizo. Ahora, ¿Recuerdas su primer golpe?, se lo hizo montando en bicicleta, solo por demostrarte lo grande que era… ¡Cuantas cosas mas quieres recordar para hacerte daño?.

    Ya basta esta iniquidad que embriaga los invitados, todos vestidos de negro con costosos vestidos, bonitos zapatos y los mejores peinados…todos con algo en común: Ninguno asistió a su fiesta de cumpleaños.

    Madre, calma esas lagrimas cristalinas de amor. Deja que yo lo cuide de ahora en adelante, así como cuide a su padre, que ahora, gracias a tus oraciones esta en la gloria del Señor.

    Hoy llevare conmigo esta pequeña alma, que solo quería alcanzar la pelota que tu le regalaste en navidad, y que era su juguete favorito.
    No lo culpes por su inocencia de querer jugar en el campo, y no te culpes por nunca enseñarle el cuidado con las minas quiebrapatas.

    Prometo que tu hijo te cuidara, así como tu esposo lo hace desde aquí, donde la nieve se confunde con la sublime silueta de una nube, aquí, en donde el olor de las flores no pasa desapercibido,… aquí en donde los ángeles danzamos vientos de efímeras esperanzas para tu regreso.
    Ya no llores madre, que este último hijo que has perdido, no morirá para siempre.
     
    #7
  8. MP

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    [center:569d326d8d]
    RELATO DE LA SEMANA, ELEGIDO EL S ÁBADO 24 DE FEBRERO de 2006



    TÍTULO DEL RELATO: EL DRAGÓN Y MIS CUATRO YO

    AUTOR DEL RELATO: ROMANCERO

    PÁGINA DEL RELATO:

    http://mundopoesia.com/foro/poemas-y-poesias-15422.html#15422 [/center:569d326d8d]


    RELATO O PROSA POÉTICA:


    EL DRAGÓN Y MIS CUATRO YO

    En un castillo de piedra donde habito todavía existen cuatro puertas de metal que cuidan cuatro celdas de tallada piedra Inca. En ellas se encerró mi alma repartida en muchos Yo. La primera puerta recibió al Yo del amor, la siguiente al Yo confianza, después se encerró el Yo perdón y por ultimo el Yo de la fe, que quedó semicerrada. Detrás de ellas me fui a esconder del gran dragón que durmió mil años antes de despertar, entonces lo vi pasearse a través de mi castillo de piedra Inca, queriendo devorar uno a uno mis cuatro Yo. Golpeó y quemó hasta el cansancio la puerta del Yo del amor y el odio que imponían sus golpes me tuvo atrapado en silencio, vaciando mi amor y acumulando odio dentro de mí. Cuando el dragón se dirigía a la puerta de la confianza me hablaba en tono despectivo de mis incapacidades; mi poca iniciativa y desenvoltura en el plano social y sentimental, de mis errores laborales producto de mi poca organización, y falta de conocimientos; de mi poca voluntad para dejar los vicios de la pereza, lujuria y autocompasión, también de mi ineficiencia y poca productividad artística. Todos los días me lo repetía hasta su éxtasis y yo tenía que escucharlo consciente o subconscientemente. Lo mismo hacía después frente a la puerta del perdón. Afortunadamente la puerta de Yo de la fe, no se cerraba completamente y de esa forma podía ver venir al dragón en esa dirección y de alguna forma me preparaba a sus ataques que repelía con rezos y rituales sagrados.

    Una noche me asomé por la puerta de la fe y no vi rastros de el. Me sentía más fuerte de lo común y corrí hasta la puerta del perdón. Entré y estuve con el toda la noche. Hablamos de la urgencia de cerrar el pasado, perdonándonos hasta lo imperdonable, costó, había demasiado resentimiento y orgullo. No todo sería color de rosas de un momento a otro. Pero decidimos comenzar en ese preciso momento. Para qué esperar más si en cualquier momento podría llegar el dragón, sorprendernos y acabar allí mismo con ambos. Hicimos el pacto.

    Ya al amanecer volví con mucho cuidado a la puerta de la fe. Entonces, antes de descansar, me dediqué a meditar lo que hablamos con el perdón y me sentí con una fe renovada. Después pude descansar ese día y al anochecer me animé a ir más lejos para visitar la puerta de la confianza. Nuevamente no había señales del dragón. Quien sabe en que recóndito aposento de mi castillo estaría sembrando su cizaña. No tenia tiempo de ponerme a especular, mejor actuar. Salí con sumo cuidado en dirección a la puesta de la confianza. Entre con cuidado y cuando la vi estaba abatida en un rincón de la celda. Le hablé de mi visita a la puerta del perdón y nuestro pacto. Me costó un mundo hacerla reaccionar. Estaba sumida en sentimientos de inferioridad. Se sentía físicamente fuera de forma, pero interiormente estaba destruida, no conseguía tomar decisiones tan simples como tomar el libro de oraciones y conjuros o pasearse ejercitando los músculos de las piernas a fin de reaccionar a tiempo a los embates del dragón. Ya ni siquiera cabía en su cabeza la posibilidad cierta de elegir escucharlo o simplemente ignorarlo, desviando su atención en el grabado de las piedras de la habitación.
    Todo esto me dio el valor que necesitaba para hacer la visita final a la puerta del Yo del amor, que era a quien más extrañaba, pero a quien más temía visitar. Pero aquella visita la dejaría para la siguiente noche. Esta vez si que requería de una preparación sobrenatural.

    El día lo pasé frente al mandala de líneas verticales y horizontales superpuestas, única pertenencia que guardaba colgado en mi aparente claustro. Al atardecer comencé a espiar la inevitable venida del dragón. Me sentía preparado para dar una gran batalla. Entonces sentí el calor sofocante y el olor a combustible que auguraba su cercanía a las puertas. Había comenzado su rutina nocturna. Primero se ensañaba a golpes, coletazos y rugidos de fuego contra la puerta del amor, pues sabía que de los cuatro Yo, era a quien más podía doblegar infundiendo su odio putrefacto. Toda esa terrible noche me la pasé asomado a la puerta esperando que el dragón terminara con el amor y siguiera con las otras puertas hasta llegar la mía. Pero ni la confianza, ni el perdón ni la fe fuimos acosados esa interminable noche. Solo sentimos el intenso combate entre el dragón y el amor. Recién al amanecer se retiró la bestia tan exhausta que pasó frente a nuestras puertas como si no existiéramos. Estimulado por saber como estaría el amor después de aquella terrible batalla corrí a su puerta. La puerta estaba abierta de par en par y desde la alta ventana de piedra caía un rayo de luz que les daba a las piedras de la habitación una textura de plata. Entonces lo vi, estaba recostado boca arriba sobre la fría piedra rectangular que le servía de cama. Parecía la escultura de un rey que dio su vida por defender su reino, como la imagen de un cristo puesto en el sepulcro. No dormía, no hacia nada, era una especie de cuerpo vacío que podía contener cualquier alma, cualquier palabra; llenarse con el más mínimo asomo de vida. Era un amor vaciado de su Yo. Era amor puro, todo paz y belleza. Comprendí, súbitamente, que él era el más fuerte. Ciertamente era uno de mis cuatro Yo. Tan Yo como cualquiera de los demás, pero el venia desde fuera de nosotros. El era parte del todo que trascendía castillos de piedra y cuerpos de carne. Estaba tanto en un cuerpo de carne como inmediatamente en el aire que lo rodea y luego en la piedra o en el agua. Por eso el podía vaciarse de si y no ser, pera ser solo amor, como lo era ahora frente a los ojos de la fe. Por eso no lo desperté. Por eso no dije nada. Me quedé mudo contemplándolo, después que había dado su más cruenta batalla. También supe en ese instante por qué el dragón no llegaba a las demás puertas dando terribles golpes y echando fuego por sus fauces. Toda la agresividad, la mayor cuota de violencia que impartía la bestia se la llevaba el amor. Luego no le quedaba al dragón, más que decir algunos rezongos con algo de maldad esencial, pero desvanecida por la verdad a la cual una y mil veces se enfrentaría:
    El amor es el más fuerte por que no pertenece a ningún Yo, cosa que el dragón nunca podrá aceptar, cuyo Yo solamente vive por y en sí mismo, lo que lo hace irreversiblemente una bestia eterna.
     
    #8
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    [center:b16e44166b]RELATO DE LA SEMANA, ELEGIDO EL SÁBADO 4 DE MARZO de 2006



    TÍTULO DEL RELATO: POEMA PARA UN AUTISTA


    AUTOR DEL RELATO: WILMAR PALMAR


    PÁGINA DEL RELATO:

    http://mundopoesia.com/foro/poemas-y-poesias-16332.html[/center:b16e44166b]



    RELATO O PROSA POÉTICA:


    POEMA PARA UN AUTISTA

    Para hacer del Autismo un solo sinónimo "La rosa azul".

    Con todo mi corazón para mi hijo y todos los seres que sufren este síndrome.


    Cultivé una rosa extraña... "La Rosa Azul".

    Rosa fragante de colores azul verdoso y azul claro, es la rosa más descifrada, polemizada y contrariada. Su aparente falta de resplandor y ausencia, son signos de gran atención por parte de aquellos que desconocen su existencia... Aquellos que la ven desean conocer su origen, pero su origen es incierto, y existe una diferencia sustancial entre la esencia de la rosa común y la fragante Rosa Azul.

    Rosas comunes y corrientes hay muchas, de colores y fragancias usuales, no dejan de ser bellas pero nada se compara con la impactante belleza de la "Rosa Azul", que durante el curso de la vida la han catalogado como especial. Su fragancia puede ser descrita como una mezcla de temor, coraje, vergüenza y dulzura, sus comportamientos explosivos pudieran compararse como los del apacible mar y como los del infinito cielo, que cuando están agitados son incontrolables, sus cientos de espinas pudieran parecer obstáculo para alcanzarla, pero solo son muestras de un ser que lo único que desea es protegerse, y estas han sido utilizadas como epítetos ofensivos.


    Dicen que llora sin saber por que llora y nosotros lloramos creyendo saber por que llora... Mira y mira y nosotros pensamos que tiene miradas perdidas, ríe y ríe sin saber por que ríe y nosotros reímos al ver su inmensa alegría, gira y mueve sus

    Ramas rígidas y nosotros ignoramos su gala baldía.

    ¡Hijo, eres la Rosa Azul!

    Eres la rosa del silencio

    Rosa que se desnuda por su dificultad para expresarse tus angustias, confusiones e inquietudes… dejan tus pétalos dispersos

    Rosa que nada sabe, que nada niega, que nada desprecia, que nada odia,

    Rosa que cuando nieva se disuelve en tristeza y clama para que la primavera la envuelva

    Rosa que fuese fácil regarla con solo un corazón que se entregue a ella.

    Tan delicada eres que tan solo una suave brisa puede causarte temor.

    Tan dulce eres que las abejas desean extraer tu polen,

    Te cultivé esperando, que como todas las rosas tuvieras un bello resplandor, hermosos capullos, que fueras de pocas espinas.

    Con la ilusión de que te reprodujeras y de tus frutos hacer un ramo de hermosas rosas y capullos.

    Llegaste a mi distante y cercano con tu inocencia para vivir entre la luz y la oscuridad,

    Tú no tienes la culpa de mi temor, de mi falta de valentía, de mi ilusión desvanecida. Se me encomendó una tarea que es la de cuidar a la rosa más linda del jardín y me empobrecí porque no entendía tu mundo me sentí sofocado, abrumado, desdichado, desafortunado, no comprendía lo bello que es cuidar una rosa.

    Te deshoje para ver tu alma y no la veía.

    ¡Ahora que he aprendido a conocerte! … ¡Que me has enseñado a ser un verdadero horticultor!

    Untare tu aceite para aliviar mi corazón que late agonizante por las penas.


    Con mis lágrimas vertidas haré un jardín de perlas para ti,


    Con el polvo de mi dolor abonare tus raíces,


    Con el sudor de mi esfuerzo te regare todos los días,


    Con mis manos tapare tus oídos para que el silbido de la suave brisa no te perturbe


    Con mi cuerpo te cubriré para que la nieve no disuelva tu alegría,


    Y con todo mi amor pegare cada pétalo que se caiga como consecuencia de mi debilidad.


    ¡Tal vez en este camino tendremos retrocesos!


    ¡Pero lucharemos!,

    Seremos como la mariposa que pierde el polen de las alas, pero hallaremos más polen en la flora.

    ¡Porque eres creación de un mismo mundo!

    Dueño de un mismo cielo

    Ave de un mismo nido

    Luz de una misma estrella

    Agua de un mismo pozo.

    ¡Por tus caminos altos y bajos!

    Por tu laberintos

    Por el eco profundo de tu silencio

    Por el rostro encendido de tu amor

    Porque eres alegría de una misma pena

    Porque me has convertido en un soñador de cumbres en medio de una llanura,

    Porque te has convertido en un pensamiento en mi mente, dejando huellas y un anhelo cautivo en la esperanza eterna.

    Te amaré y lucharé durante toda mi vida,


    Te quiere mucho… tu padre.


    Barinas Venezuela 02/03/2006
     
    #9
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    [center:8d5057d720] RELATO DE LA SEMANA, ELEGIDO EL SÁBADO 11 DE MARZO de 2006



    TÍTULO DEL RELATO: APOLOGÍA DEL DOLOR


    AUTOR DEL RELATO: MIYU SAN


    PÁGINA DEL RELATO:

    http://www.mundopoesia.com/foro/poemas-y-poesias-16565.html[/center:8d5057d720]


    RELATO O PROSA POÉTICA:


    APOLOGÍA DE DOLOR

    Cuanto más grande abría sus ojos, más duro apretaba sus manos y más alto gritaba. Pero sucumbía sus anhelos en efímeras sombras eternas. Respiraba lentamente viendo escarcha de cristal, y sentíase entonces entre rosas de espinal.

    La tierra que lo cubría, fría estaba esa mortuoria tarde soleada. Plaquetas de hielo sostenían su cabeza mientras que sus manos mantenían al mismo tiempo una cruz de puntas francesas. Las piernas pena daban de ser las aliadas, mientras sus pies quietos de ímpetu estaban.

    No duro mucho el sol en desfallecer, sin la luna de tarde y ya era amanecer.
    Sangre estancada, frenada por sus venas. Aire de nada, que por los pulmones no pasaban.

    Ese era el sentir de Leandro el día de su primera muerte. Él gozaba de la sabiduría vampírica extraída de sus padres. Tenía un alto conocimiento de hiel de arena que difundía en sus discípulos. Siempre sin sed conquistaba mujeres y convertía seres inertes en flores de loto de lino.

    Pero olvidó ese día en darle afecto a su amada. Catalina cadavérica le decían. No era su belleza un tabú de armonía, eran sus palabras la propia melancolía. Ella danzaba en la noche a la par de la luna llena, y desterraba recuerdos de hadas, elfos y hechiceras. Su rostro era fino, suave y deshidratado, sus brazos y piernas, largos como sus dedos. Sus negros vestidos insinuaban oscuridad como las pequeñas hiedras, y su mirada que fragmentaba cualquier vidrio era de miedo.

    Leandro y Catalina eran amantes prófugos de las tinieblas. Tenían corazones destrozados por la guerra de lluvia con gotas, y sus labios juraban eternidad en amarse, mientras se juntaban unos con otros y obedecían la gravedad morfológica de los lamentos enamorados.

    Lamentos que previamente habían obligado a su desfallecimiento. A su pena de triste condena, triste que desvela, que muere en las piedras.

    Ella no era culpable de delirio absoluto, era víctima de la ausente presencia de su muerte. Leandro había llegado como el ángel que cubriría su vida, su mortalidad en desvelo. Él era su sombra sin presencia que da fin a la vida de despojos dolientes. Así que dejarlo, sería despinar un cactus perdido en la oscuridad...

    Podía sentir su alma en sus escombros sin gritarle a la realidad que no la amaba, ni la quería. Sólo fría de ternura infernal la mantenía. La mostraba y presentaba ante las grandes cortes de bufones, sin distinguir su aliento de gran hipocresía. Ella le pertenecía, le correspondía... pero lo miraba y nada le decía. Sólo detallaba su rostro... sus verdes ojos parpadeantes y sus labios medio gruesos embriagantes, sicóticos pero penetrantes.

    Complacientemente Catalina cadavérica contó sus días, cautivó el tiempo con lágrimas, sueños amargos y marcas sorpresivas. Estimó el acto como forma nefable a su integridad, sin olvidar aquellas copas que de sangre habían bebido sin terminar.

    Así que leprosa su alma, olvidada mientras dormía, decidió terminar lo que el vampiro de las siete dagas empezó aquel día de la mordida.

    Preguntó a la luna, la hechicera de su amor, pasión, odio u obsesión. Una luz que de nada la cubría, le regaló la espada de Venus octagonal. Y ella en su noctambulidad abrió sus ojos y atacó...

    Y desde el frío de los valles, dos colmillos no alcanzaron, ni la muralla de la muerte, ni la eternidad de la turquesa inherente.

    Ahora ella no se acuerda... porque recordar sería un error, un error encarnado en una apología de dolor.
     
    #10
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    [center:b0f4f16140]RELATO DE LA SEMANA, ELEGIDO EL SÁBADO 18 DE MARZO de 2006




    TÍTULO DEL RELATO: ¿EL REPOSO DEL GUERRERO O LA GUERRA DE LA REPOSERA?


    AUTOR DEL RELATO: CIELA



    PÁGINA DEL RELATO:

    http://www.mundopoesia.com/foro/poemas-y-poesias-17266.html[/center:b0f4f16140]


    RELATO O PROSA POÉTICA:

    ¿EL REPOSO DEL GUERRERO O LA GUERRA DE LA REPOSERA?

    Parece que al volver de tantas guerras, el hombre todavía quería amar. Y más que nunca. Amar como en tantísimos intentos y aún en torno de incontables luchas y contiendas. Pero Amar esta vez a modo de reposo, es decir de (re)posar o de volver a posarse en la vida. Tanta guerra le había alivianado, en teoría, el deseo de guerrear y deseaba pues re poso. ¡Pero relativo, claro!. ¡Y en brazos de alguien que lo amara con vigor!.
    Era imperioso por lo tanto que se encontrara con una mujer que le permitiera tender(se) sobre ella como para tomarse todo el sol, todas las sombras y las aguas. En varias posiciones, desde ya: desde el suelo al cielo, y especialmente en vuelo.
    Los guerreros suelen tener suerte, sobre todo si los detonadores han estado tempranamente de su parte: La Reposera estaba finalmente, allí. Casi a punto de auto-infligirse un reposo absoluto. Casi en Retiro hacia la Estación Baulera.

    Así que, hasta aquí, tenemos lo siguiente: Él que quería (re)posar y Ella que deseaba (res) guardarse. El guerrero y la reposera o el reposero y la guerrera, como más les guste. Distintos modos de llamar a los personajes de este Cuento.
    El cálculo de probabilidades hacía piruetas en la cabeza del Señor de los tantos Cascos. Y "el-no-puede-tenérselo-todo" amagaba con restringir un poco más de lo conveniente a la señora que pretendía ingresar a la Era-de-Los Reposos, sin que fuese ésta una Pose.
    Se encontraron en una esquina espiralada por muchísimas esquinas y con muchas probabilidades de ganar aún más espirales, dialécticas y no dialécticas. Justito cuando Ella creía que iba a (de)clinar y no sospechaba que aún podía (re)clinar(se). Él no la iba a dejar pasar así nomás: no, no. no. Los veteranos de guerra se las saben todas a la hora de la conquista. El conquistador, por tanto, apuntó certeramente hacia Ella, que ya andaba pegando muchas vueltas. El repo-guerrero, en fín, fue derechito-derechito hacia el centro mismo del corazón de la señora-repo. Pero no de prepo, sino usando todos los recursos del caso, pero aún lejos del ocaso.


    Cuentan los durmientes que a los guerreros los envuelven a veces las luciérnagas para iluminar sus sueños. Y éste era un sueño muy vital, pero con algo de sosiego y del arrullo ferviente de la intensa intimidad, que de ahora en adelante será "intentimidad". Total que, al reconocer la inminencia del encuentro Ella salió del territorio de las Sombras.
    - "Querría ser para vos, como el reposo del guerrero"- musitó con afonía cuando comenzaba la sinfonía.
    - "¡Ma' que reposos del guerrero, mujer!, ¡Que ésta es la guerra de la Reposera!"- respondió Él, vehementemente.




    Vueltera, Ella , investigó. Recorrió las posturas feministas-opositoras al papel de la mujer de partenaire de un ex galán o gavilán redimido que, luego de andar como candil extenuador de alcobas, busca en la dama escogida reposos excesivamente reposados. Recorrió la literatura y el folklore del Reposo del Guerrero y hasta descubrió que es ritual entre araucanos y tehuelches, denominado Loncomeo.


    - ¿¡El reposo del guerrero o la guerra de la reposera?!- ¡¡Flor de pregunta de posts guerras!!.

    Van sucediéndose nuevas guerras, nuevas paces y nuevas fases. El guerrero es sumamente combativo y apasionadamente arremetedor. Y la reposERA, es decir: la dama que salió de las sombras pero que ya no resignaría la INTENTIMIDAD, es temerosa. Para colmo Él ama, como no podía ser de otro modo, temerariamente.
    ¡Quién sabe si podrán conjugarse todos los verbos deseados entre los repoguerreros!. Ojalá que así sea: Porque el Mundo se ha puesto excesivamente Mundanal últimamente y cada vez menos amable.

    -"¡Marche una reposera de dos plazas hacia el Potrero Cósmico, por favor! “-
    Que Ellos hoy desean, con fervor, combatir a la Pandemia del Desamor.


    Verano del 2003
     
    #11
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    [center:87b6197a98]RELATO DE LA SEMANA, ELEGIDO EL SÁBADO 25 DE MARZO de 2006



    TÍTULO DEL RELATO: ¿QUÉ SERÁ DE TI?


    AUTOR DEL RELATO: M.J.RÉQUIEM

    PÁGINA DEL RELATO:

    http://www.mundopoesia.com/foro/poemas-y-poesias-17501.html [/center:87b6197a98]


    [center:87b6197a98]RELATO O PROSA POÉTICA: [/center:87b6197a98]

    [center:87b6197a98]


    A 30 años del Golpe Militar,
    un homenaje a los desaparecidos,
    sobrevivientes
    y familiares por su eterna lucha…


    (Los personajes de ésta historia son ficticios)

    Sobran las palabras...

    ¿QUÉ SERÁ DE TI?[/center:87b6197a98]

    [center:87b6197a98]
    I [/center:87b6197a98]

    Ésta historia comenzó a escribirse el 10 de Agosto de 1976 cuando el sol se escondía tras los edificios de un Buenos Aires en plena Dictadura Militar y sin previo aviso acontecía un hecho asombroso: anochecía.
    En su departamento – sito en la Av. Gaona en el barrio de Caballito- la familia Márquez cenaba como cualquier otra noche, sin saber lo que en escasas horas estaba por suceder. Julián Márquez –profesor de Filosofía en la universidad de Buenos Aires- comentaba a su mujer, Soledad Thompson de Márquez, la insostenible situación que transcurría en su trabajo, como así también en el país. Explicaba que sus compañeros habían desaparecido sin dejar rastro alguno y que alertaba malos presagios si decidían no mudarse de barrio ó provincia -hasta pensó en irse a Toulouse, Francia-. Soledad intentaba tranquilizar a su marido, para que éste recuperara la compostura y no asustara –con sus palabras- a sus hijos, Walter –de tres años- y Bruno- de dos-. Las horas pasaron, la incertidumbre mermó, Julián se calmó y la medianoche llegó sin prisa…
    Acostados en su cama, Soledad dormía y Julián pensaba a oscuras –quizá en abandonar el país esa misma noche-, en el cuarto contiguo los niños se mantenían callados (tal vez también dormían, o simplemente soñaban). En el instante en el que el silencio prevalece y los simples ruidos llegan sin escalas y con más fuerza a los oídos, Julián escuchó que alguien subía apresuradamente las escaleras que daban a su departamento. Sin pensarlo dos veces, despertó a su mujer y la llevó velozmente de la mano a la habitación de Walter y Bruno. Sin poder concebir lo que sucedía, Soledad se preocupó por las acciones de su esposo, pero le siguió la corriente y lo ayudó a resguardar a los niños en el placard, cubriéndolos de cuerpo entero con una manta. Julián intentó sosegarlos explicándoles que debían mantenerse mudos sin hacer ruido, que no se asustarán porque era sólo un juego que papá les tenía preparado. Si cumplían el pacto, al día siguiente les regalaba esos muñecos que tanto anhelaban, pero con la única condición de no salir del escondite hasta que no se escuche nada fuera de éste.
    Luego de esto, Julián cerró el placard, se persigno, beso a Soledad –sin saber que sería la última vez- y le indicó que no había tiempo de escapar, que él se iba a entregar para así ganar tiempo mientras ella abandonaba el lugar por las escaleras del balcón que daban a la calle Paysandú. Pronto se sintió ceder, ante los golpes de los militares, la puerta de entrada. Buscaban a los Márquez por el sólo hecho de manifestarse en contra de ese “gobierno” mediante repartija de panfletos –con escritos de Rodolfo Walsh- y alterar, según ellos, el orden en la vía pública en reiteradas ocasiones. Además, los perseguían por cooperar con el exilio de profesores, médicos, periodistas y escritores adeptos al peronismo o no. Algunos de ellos eran apolíticos –cómo la familia Márquez- y sólo eran presa del militar de turno por el sólo hecho de estar donde no debían y ver lo que no les incumbía-.
    De un segundo a otro Julián estaba frente a seis personas –todas con uniforme militar- y sin poder escapar, ni tampoco intentarlo, cooperó para ser arrestado (¿ó se dice secuestrado?). De nada sirvió esto, ya que de un golpe en la nuca – con el mango de una escopeta-, cayó desmayado. Pero antes llegó a oír a su mujer gritar: “Dejame, milico hijo de puta”…
    Una lágrima bordea el rostro de la impunidad, y las verdades se esconden ante la impotencia…
    Consumado el hecho y el objetivo –secuestrar a Julián y Soledad-, los militares se retiraron del departamento, no sin antes robar todos los objetos de valor, romper el resto, y descubrir a dos niños –muy asustados, pero en silencio, como había ordenado su padre-en el fondo del placard.
    El último atisbo de esperanza, entreverado en lágrimas, se esfuma en los ojos de Walter y Bruno…


    [center:87b6197a98]II[/center:87b6197a98]

    Pasó el tiempo -la impunidad, los secuestros y la estulticia continuaron- y nada se supo de la familia Márquez. La madre de Julián- Mirtha-, entre otros familiares, nunca dejó de luchar para saber la verdad de lo acontecido. Buscó e investigó en vano por todos los expedientes de personas desaparecidas durante el gobierno militar. Primero la tildaron de loca, para que luego su palabra empezara a hacer efecto en la sociedad –en la de Argentina y, pronto, en la del mundo-. Se crearon distintas entidades, dispuestas a esclarecer el pasado, y reunir a los familiares perdidos.
    Una venda se incrustó en la mirada de todos –menos en la de Mirtha y el resto de los familiares de desaparecidos- durante el campeonato mundial de fútbol de 1978. Qué mejor idea que utilizar al deporte por excelencia de los argentinos como una pantalla para que se siguieran cometiendo crueles torturas y secuestros inexplicables.
    La perseverancia y la valentía sustentaban el camino a la verdad, pero se preguntaban: ¿En Argentina habrá justicia alguna vez?...


    [center:87b6197a98]III[/center:87b6197a98]

    Pasado los años, Jorge comenzó a dudar de su identidad –varios hechos y conversaciones en su familia lo hicieron vacilar sobre su infancia, pero poco recordaba de éstas-, y decidió hacerse un estudio sanguíneo, para certificar que sus padres eran tal. Como sus dudas lo indicaban, Jorge, era adoptado. Con esto comenzó su búsqueda –hacia su familia natural-, no sin antes interrogar a los que hasta ese día eran sus padres. Ellos le comentaron -con lágrimas en los ojos- que nunca le habían dicho nada por temor a perderlo y que nada sabían de sus padres biológicos.
    Al tiempo, Jorge, resignado y sin salidas, decidió visitar a las Madres de plaza de Mayo. Allí, le preguntaron sí estaba seguro de querer hacer esa búsqueda y le indicaron que lo más probable es que sus padres hallan muerto.
    Luego de varios años de espera, el ruido del teléfono despertó a Jorge a las siete de la mañana. Con los ojos entreabiertos y la soledad de compañía, escuchó una voz anciana y dulce. Le hablaba entrecortado, como nerviosa y comentaba con mucho ímpetu que era Mirtha, su abuela, que lo había estado buscando toda la vida. Sin darse cuenta de la magnitud de los hechos –ó estando muy al tanto de ellos-, Jorge tomó sus pertenencias y se marchó a la dirección que le había dado la señora del otro lado del teléfono…
    Al llegar, le temblaban las piernas y su alma. No hizo falta tocar el timbre, ya que Mirtha, su abuela, lo estaba esperando en la puerta de la casa, en el umbral de un nuevo comienzo…
    Al cruzar las primeras miradas, no tuvieron más remedio que dejar caer las lágrimas y abrazarse fuertemente. Mirtha atisbó un gran parecido entre él y su hijo, o sea el padre de Jorge –Julián-, y no dudo en hacérselo notar mediante fotos.
    Lo primero que le indicó su abuela fue que su verdadero nombre era Walter Márquez, que su padre se llamaba Julián y su madre Soledad Thompson. También expresó, con alegría, que tenía un hermano menor, su nombre era Bruno pero que aún no hallaron su rastro.
    Con familia nueva y alma renovada, Jorge ó mejor dicho Walter, se dispuso a buscar a su hermano Bruno.
    La esperanza, que se había despojado cuando niño, retornó a los ojos de Walter y con vientos optimistas recorrió cuánto lugar se le cruzaba en el camino hacia la verdad, hacia su hermano…


    [center:87b6197a98]IV[/center:87b6197a98]

    Hoy, 24 de Marzo de 2006 y a treinta del Golpe Militar, Walter sabe que su madre luego de ser secuestrada, fue vista por sobrevivientes en el campo de concentración Club Atlético y que, pasado un año del secuestro, hallaron su cuerpo en los bosques de Palermo -había sido violada y brutalmente asesinada a golpes-. Su padre, fue visto en Enero de 1977, por sobrevivientes en la ESMA y luego en Campo de Mayo. Aún sigue desaparecido.
    De su hermano Bruno nada se sabe…

    Su familia, aún lo sigue buscando…

    M.J.Réquiem
    20/3/2006
     
    #12
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    [center:30788921bf]RELATO DE LA SEMANA, ELEGIDO EL SÁBADO 1 DE ABRIL DE 2006




    TÍTULO DEL RELATO: EL OLOR DE LOS LIBROS


    AUTOR DEL RELATO: CIELA


    PÁGINA DEL RELATO:

    http://www.mundopoesia.com/foro/viewtopic.php?t=18253


    RELATO O PROSA POÉTICA:


    EL OLOR DE LOS LIBROS[/center:30788921bf]

    Tuve un novio que me confesó que para él nada tenía más sabor que robarse un libro de las pobladas mesas de las grandes librerías. Allá él, que ése no es mi estilo.

    No puedo vivir sin el ritual de sumergirme ávidamente entre los libros nuevos y usados que se exponen en los locales de venta. Quien quiera descubrirme cuando desaparezco, deberá acudir a las librerías de la Avenida Corrientes, a aquellas en los que esas maravillas de tapas de colores y contenidos inabarcables se me ofrecen como manjares. Me atrapa allí como un afán bulímico y todos mis sentidos se encienden ante tal inconmensurable exquisitez. Sólo entonces lamento no ser adinerada.

    Me he acostado y me acuesto con los libros. Fueron y son mis amantes infaltables: pacientes y fecundos, pernoctan a mi izquierda ¡y sin roncar!. Me los llevo de viaje, no me gusta prestarlos y no me privo de acaraciarlos.

    Estuve pendiente de un proyecto del cineasta argentino Alejandro Agresti: “El perfume de los libros”. Nunca se estrenó por estos pagos que yo sepa y lo lamenté. El título me caló hondo porque, sin pudor alguno, huelo a los libros con intriga y con placer. Los hay con aroma a cera o a medicinas, otros huelen a humedad o a historia amarillenta. Tienen un aroma a primera vista – tendría que haber dicho a primer olfato- y otros, subsisiguientes, que deben revisarse con minuciosidad. Olor a manos amalgadas, los usados. Y hay perfumes de presagios en los nuevos. Percibo fragancias muy concretas como de estanterías de cedro, otras más sutiles como de promesas de encuentros. Hay libros que huelen a frontera intensa, a esencias de la imprenta y a periplo interior.

    Huelo y clasifico: “Olor a libro cercano a chimenea, Olor a libro propio de vitrina de oligarca, Olor a maletas mundanas, Olor a encierro de eruditos, Olor a esfumadas trementinas, Olor a secante de primer grado superior, Olor a cajones de mudanza, Olor a tinta recién nacida...”

    Los libreros ya me conocen y ni si inmutan cuando comienzo a aspirarles sus tesoros. Los huelo siempre antes de hojearlos y me tiene sin cuidado la mirada de la gente.

    Tuve otro novio que me acompañó a mi cita infaltable con los libros. Osó interrumpirme mientras me embriagaba con unos cuantas publicaciones de poesía. Me preguntó con expresión de asombro, algo avergonzado - ¿¿¡¡Por qué olés así a los libros!!??-.

    ¿A que ya lo imaginaron?. ¡Sí, señoras y señores!. ¡Que este novio fisgón me duró muchísimo menos que el ladrón de librerías!.
     
    #13
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    [center:fcf90cea62]IV.- RELATO DE LA SEMANA, ELEGIDO EL SÁBADO 8 DE ABRIL DE 2006




    TÍTULO DEL RELATO: SOBRE COMO SER FELIZ


    AUTOR DEL RELATO: HELEN


    PÁGINA DEL RELATO:

    http://www.mundopoesia.com/foro/viewtopic.php?t=18441



    RELATO O PROSA POÉTICA: [/center:fcf90cea62]


    SOBRE COMO SER FELIZ

    A veces uno quiere tantas cosas que se nos van escapando de las manos, y uno no sabe bien para que lado correr, qué hacer, qué decir, qué pensar…
    A veces uno quiere tantas cosas que cree imposibles que no sabe bien qué es lo que debe hacer para conseguirlas, o para poderlas olvidar.
    Malgastamos tanto tiempo armando artificios y planes sobre nuestra vida, cuando quizás no entendemos siquiera a que estamos destinados, y qué es lo que deberíamos hacer con ella. Creemos tener todas las respuestas a preguntas que nunca nos hemos formulado, y creemos tener la lámpara de Aladino para solucionar todo aquello que caiga en nuestras manos, y nunca nos ponemos a pensar que quizás algunas cosas no tienen solución, simplemente porque no deben tenerla.
    Gritamos, lloramos, pataleamos, nos quejamos día tras día cuando las cosas no salen de la forma en que deberían salir… y simplemente porque no es la forma que a nosotros nos gusta, pero ¿quién dice que no es así como deben ser las cosas?
    No podemos saber si las cosas estaban destinadas o no si nos empeñamos en verlas como más nos conviene. No podemos disfrutar de aquello que si tenemos si nos empeñamos en ver lo que nos falta. No podemos darnos cuenta lo afortunados que somos si nos empeñamos en ver solo nuestras lágrimas y caídas.
    ¿A que estamos jugando? La vida viene y va, va pasando poco a poco, y estamos sentados quejándonos por nuestros dolores en lugar de tomar nuestras alegrías y vivirlas.
    La vida va pasándose, y estamos mirándola con cara de atontados, como si tuviéramos miedo de participar en ella.
    El destino no siempre es lo que queremos, pero tampoco es siempre determinante. No debemos llorar por lo que perdimos o por lo que no podemos tener, está en nosotros buscarlo o en nosotros vivir sin ello… pero está en nosotros ser felices y eso nada mí nadie lo puede cambiar.
    ¿Por qué esperar que la felicidad caiga del cielo si somos nosotros quienes debemos encontrarla en nuestra vida?
     
    #14
  15. MP

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    [center:b113c8c02c]RELATO DE LA SEMANA, ELEGIDO EL SÁBADO 15 DE ABRIL DE 2006



    TÍTULO DEL RELATO: UNA PEQUEÑA ARAÑA


    AUTOR DEL RELATO: MARTÍN Q


    PÁGINA DEL RELATO:

    http://www.mundopoesia.com/foro/poemas-y-poesias-18953.html


    RELATO O PROSA POÉTICA:[/center:b113c8c02c]


    UNA PEQUEÑA ARAÑA

    Una pequeña araña se desliza por mi garganta tejiendo redes en la madrugada de otro día que nadie va a recordar, excepto yo. Sus patas clavan finamente y me hacen cosquillas, casi llegando a la campanilla. Descansa un rato en mi lengua, se recuesta y contempla mi paladar, sin entender sus cicatrices. Bosteza, elige una muela y lanza su red nuevamente. Yo bostezo nuevamente (y a esta hora de la noche ya perdí la cuenta de las veces que bostecé) y estropeo torpemente su pirueta. Ella mira para arriba intentando encontrar una respuesta, pero sólo ve una cicatriz. Esta vez mira todos mis dientes tratando de encontrar el adecuado, y lo encuentra. Se recuesta unos instantes pensativamente y decide volver por donde vino. Yo cierro los ojos y me duermo.
     
    #15
  16. MP

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    [center:bdf1dedf81]RELATO DE LA SEMANA,
    ELEGIDO EL SÁBADO 22 DE ABRIL DE 2006




    TÍTULO DEL RELATO: ARPA DE LLAVES


    AUTOR DEL RELATO: RAVEN


    PÁGINA DEL RELATO:

    http://mundopoesia.com/foro/poemas-y-poesias-19614.html

    RELATO O PROSA POÉTICA: [/center:bdf1dedf81]


    ARPA DE LLAVES

    Mi nombre es William Odgred, y soy natural de Dover, Inglaterra. Mi pasión por la lectura y las artes son lo único verdaderamente reseñable sobre mi persona. Por supuesto que también me dedico a otros menesteres, pero no serían éstos muy del interés del lector. Cabría decir también que mis gustos divergen considerablemente de aquellos comunes entre mis coetáneos. En cuanto a la pintura, mi autor favorito es sin duda Francisco de Goya, a mi forma de ver el más brillante pintor del siglo pasado. Por supuesto Géricault es también magnífico (por citar algún nombre contemporáneo), pero nadie jamás ha sido capaz de igualar a Goya. Nada más entrar a mi casa lo primero que se contempla es una réplica magnífica del lienzo en el cual el titán Saturno devora a uno de sus hijos. ¡Qué violencia! ¡Qué desgarro! ¡Y cuán hermosas resultan estas cualidades administradas tan sabiamente como sólo el pulso de semejante genio ha sabido concebir! Referente a la lectura, mis obras favoritas se reparten entre las tragedias de Eurípides, y el trabajo de autores tales como Jane Austen o Francis Bacon. De seguro se habrá percatado el lector sobre de mi atracción morbosa hacia lo bizarro y arabesco. Es un don singular propio, el hecho de percibir belleza y armonía entre este tipo de lecturas. Un don escasamente compartido, por otra parte.
    Con el afán de buscar nuevos textos indagué en mi biblioteca particular y encontré un libro del cual aún no he llegado a salir. Un libro de mitos y leyendas relativos a una pequeña ciudad situada en el centro de la península ibérica. Una ciudad llamada Toletum. Sobre Toletum podría escribir muchas cosas relativas a su Historia y situación geográfica, pero no es ése el punto que querría destacar en mi relato. Éste lugar fascinante está plagado de historias increíbles, infestado de relatos, narraciones y jarchas que van de lo macabro a lo puramente hermoso. Al cabo de pocos meses había devorado todo cuanto pude encontrar en referencia a Toletum, y tomé la firme resolución de ver el lugar con mis propios ojos.
    El viaje en barco y luego en tren se me hizo corto y ameno. Pero al mismo tiempo ardía en deseos de visitar aquella ciudad que había cautivado por completo mi imaginación. Y no me vi defraudado, Toletum era una urbe detenida en el tiempo. Paseando por sus callejuelas y escondrijos, uno puede verse en mitad del siglo XV. La ciudad está formada básicamente por calles estrechas y lúgubres. Cada esquina, cada adoquín y cada piedra traían a mi memoria las fascinantes historias que había leído, transportándome a un mundo completamente mágico del cual ni propio Heracles en toda su gloria había sido capaz de mantenerse al margen. Duendes, demonios y trasgos acechan en cada rincón ante la indiferencia de unas gentes que parecen obviarlos, como dando por sentada su presencia de hace siglos. De hecho, me dio la impresión de que yo mismo, como extranjero, resultaba más extraño que aquellos seres fantásticos. Callejeando llegué hasta la plaza principal, donde están representados los tres poderes legislativos. Era este un espacio abierto rodeado por enormes moles de piedra, majestuosos edificios erigiéndose altivos con toda su pompa. De entre estos debo destacar uno en particular, el cual paso a describir detalladamente:
    La espléndida catedral de Toletum fue iniciada en 1226 sobre el emplazamiento original de una catedral visigoda y de una mezquita (la antigua Mezquita Mayor), y es una de las más grandes de la Cristiandad. El retablo es de estilo gótico flamígero, encuadrado en el gótico clásico, rozando casi la perfección. Sus dimensiones son espectaculares, la riqueza de sus naves y capillas son sencillamente sobrecogedoras. La Catedral es el corazón espiritual y sede del primado de la Iglesia Española. Las misas se imparten aún hoy de acuerdo al rito mozárabe, con permiso papal. Durante tres siglos se fue forjando esta joya arquitectónica, hasta la finalización de las últimas bóvedas en 1493. Este largo periodo de construcción explica la deliciosa fusión de estilos, desde el gótico francés puro en el exterior y diferentes estilos decorativos españoles (como el mudéjar y el plateresco) en el interior. La girola es hermosísima, con arcos entrecruzados de tipo árabe en la parte más alta. El claustro abandona el estilo francés empleado hasta entonces y adopta formas mudéjares, el denominado gótico toledano. El resultado definitivo es un amplio templo con planta de salón de cinco naves, más ancha la central y crucero no saliente pero de gran anchura, rematadas en cabecera con una magnífica doble girola, continuación de las naves laterales. Su compleja cabecera es lo más sobresaliente, por lo original de la solución, para abovedar los tramos irregulares consecuencia de la curva de la girola. Esta solución se basa en la creación de tramos triangulares y rectangulares. Los tramos exteriores rectangulares se rematan en muros semicirculares y el resto en muro plano, creando un gran número de capillas. También son destacables los arcos polilobulados y entrecruzados del triforio de la girola de origen musulmán y que a pesar de realizarse en una ciudad de gran tradición musulmana ponen una nota de exotismo en esta catedral gótica de corte europeo.
    Creo que me he exaltado debido a mi entusiasmo, y quizá me halla entretenido con demasiados tecnicismos, los cuales no dejan de ser accesorios para la historia que pretendo contar. Decir que la Catedral de Toletum luce tres portadas. La más antigua es la del Perdón, en la fachada norte del crucero, realizada alrededor del año 1300, inspirada a imagen y semejanza de la catedral de Notre Dame. Poco después, en la primera mitad del siglo XIV, se acometieron las demás portadas de la fachada principal. En este caso, lo lento de los trabajos de edificación de las naves, ha hecho que sean las menos interesantes desde el punto de vista iconográfico. Por ello, no las mencionaré más que de pasada, teniendo también en cuenta que es precisamente en la portada del Perdón donde transcurre mi relato.
    La leyenda que paso a describir es, a mi juicio, la más espeluznante de todas las que he tenido oportunidad de leer. Debe saber el lector, que durante siglos convivieron en relativa paz cristianos, judíos y musulmanes en Toletum. Esta paz se vio truncada con la instauración del Tribunal de la Santa Inquisición, la cual inició una sangrienta cruzada contra judíos y musulmanes. Fácil es comprender que judaizantes y judíos, presos de pánico inmenso, buscaran salvarse aun por los medios más rocambolescos. Así debió de surgir en el amedrentado ánimo de los cinco judíos y seis judaizantes que intervinieron en el martirio del Santo Niño de La Guardia. Y así es como se ha bautizado el mito, en honor a éste infante mártir. Parece ser que en la mente de estos judíos caló la idea de liberarse de los inquisidores mediante un extraño sortilegio nigromante, para el cual se precisaba el corazón de un muchacho cristiano y una hostia consagrada. Un día, coincidiendo con la puesta de sol, uno de los judaizantes pasó con su carro por la Puerta del Perdón. Ahí estaba un niño mendigando con su madre, una cristiana achacada de ceguera. El judío convenció al niño para que subiera al carro con él a cambio de un nuégado y unos borceguillitos. La mortuoria comitiva cabalgó hasta la Hoz de La Guardia, dehesa próxima a la ribera del Algodor. Resultaba que por esas mismas fechas los cristianos conmemoraban la crucifixión de Jesucristo, de modo que la ocasión se hizo propicia para repetir en aquella indefensa criatura la pasión de Cristo. Era la noche del 14 de Nissan según el calendario judío, e iba a dar comienzo el más macabro de los rituales. Metieron al niño en una oscura cueva, lugar dónde le extendieron los brazos y piernas en dos palos puestos a manera de cruz. Le azotaron, escupieron, abofetearon, y pusieron hierbas espinosas en la cabeza, las espaldas y la planta de los pies. Dicen que durante el tiempo que duraron las torturas el niño se mantuvo despierto y consciente, sin derramar una sola lágrima. Pero eso por supuesto es imposible, sólo creído por aquellas personas que se obcecan en la idea de que el niño era en realidad un santo mártir. No contentos con semejantes atrocidades, los judíos cortaron con violencia las venas del infante, guardando su sangre en unos odres de vino. Después, atravesaron el costado derecho del niño con una lanza, y por ahí alargaron el brazo y le arrancaron el corazón. Expiró al fin el atormentado y crucificado mártir, quien quitado de la cruz, aquella misma noche fue llevado a enterrar en lugar secreto donde de él no se pudiese tener noticia, en una heredad próxima a Santa María de Pera. El resto del relato no guarda mayor interés, creo que finalmente se llevó a cabo el rito en cuestión pero tampoco estoy seguro de los resultados recogidos. Lo demás, por tanto, es Historia.
    Aún siento escalofríos cuando me detengo a pensar en los párrafos de ésta leyenda, la cual he aprendido de memoria con inusual rapidez. Heme aquí, delante de la Puerta del Perdón, como pudo haber estado aquel niño mendigo… contemplando la hermosura de la catedral. Y mendigo habría de ser yo, pero de otra clase. No de pan, sino de una dulce melodía a la cual poco a poco comencé a prestar atención. Fue entonces cuando aparté los ojos del pórtico y busqué con la mirada el origen de aquella música angelical. Y ahí estaba ella. Debajo de un cielo encapotado amenazante de tormenta. ¡Y qué tormenta sería esta! La tormenta del más amargo de los conjuros al cual iba a ser sometido sin siquiera proponérmelo. A duras penas pude hacerme un hueco entre la multitud para contemplar la imagen de aquel ángel que iba a arrancarme el corazón. Sí, delante del pórtico del Perdón se iba a repetir la historia. Al fin pude contemplarla de cerca. Era una niña, de no más de 20 años. Descalza y ataviada con un vestido blanco de época. Tenía en las manos una viola de teclas, y la tocaba suavemente, susurrando una triste melodía medieval. Una melodía casi hipnótica. La viola de teclas es un instrumento cuyo origen arraiga en el medievo, aunque apenas se conoce fuera de su país originario, Suecia, donde recibe el nombre de “nychelharpa” que significa literalmente “arpa de llaves”.
    Me quedé embelesado observándola. Sus cabellos eran rubios como el oro, recogidos en un moño, y su tez era blanca como la nieve. Sus manos eran pequeñas, pequeñas y hermosas, tocando suavemente aquel inusitado instrumento. Antes de que pudiera proponérmelo, las demás personas que había a mi alrededor habían desaparecido por completo. Sólo estaba ella, ella y el sonido agridulce de las cuerdas sangrantes de su instrumento. Con la caída de las primeras gotas de lluvia se selló el destino que debía correr mi alma, la última milla que podría caminar en libertad, antes de ser raptada inmisericordemente. En el suelo estaba depositada una tela roja dónde echar limosna. Saqué apresuradamente unas monedas del bolsillo de mi abrigo y fue entonces cuando abrió los ojos y los fijó en los míos. Por un segundo, un segundo eterno, pude contemplar los ojos más hermosos que han caminado jamás por la tierra. “Cómo deben extrañarlos en el firmamento”, pensé. Dos gotas verdes de cristal, dos asfódelos recogidos en un puño de tristeza sublime y magnífica. Me miró, y con las pestañas a medio cerrar me dedicó una tímida sonrisa. Ahí, delante de la Puerta del Perdón, en la ciudad más encantada de todas. Y esa magia, hecha carne, había poseído mi cuerpo para siempre. Ya no seré libre nunca más. Estoy poseído por ella. Ella es la mujer a la cual adoro en silencio desde aquel preciso instante.
    La tormenta tomó forma tronando sobre Toletum. Las gentes corrieron al cobijo de sus casas. Era un diluvio en toda regla. ¿De qué? ¿De agua? Quizá. O quizá eran las lágrimas de toda una vida, cayendo sobre mí, ahogando mis sentidos hasta la extenuación. La joven tomó sus instrumentos y sus monedas, recogiéndolo todo en un zurrón. Con mucha prisa corrió hasta perderse entre el laberinto de calles que formaba la ciudad. Y ahí quedé yo. Debajo de la lluvia torrencial. Caí de rodillas al suelo y puse la mano derecha sobre mi pecho. ¡Sangre! Con horror observé cómo de mi pecho brotaba un torrente de sangre. Y entonces comprendí. Estaba mendigando por una brizna de amor de parte de una niña que ni tan siquiera tenía lo bastante como para calzar sus pies. Una niña de la cual nunca supe ni su nombre. Una niña que seguramente jamás reparó en mí. Aquella niña me había arrancado el corazón.
    En seguida me desplomé sobre el suelo. Crucificado como un mártir cumpliendo condena por mi terrible pecado. Mi pecado fue venderme por una ilusión, por un ideal. Sangrando amargamente por unos cabellos rubios que nunca besé, por unos ojos verdes a los que nunca les importé. Y arrastro estas cadenas desde aquel día. Las cadenas que me recuerdan como a mí también me fijaron en una cruz. Como a mí también me arrancaron el corazón. En el lugar donde nacen los sueños, frente a la Puerta del Perdón.


     
    #16
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    RELATO DE LA SEMANA,
    ELEGIDO EL SÁBADO 29 DE ABRIL DE 2006



    TÍTULO DEL RELATO: SUMERGIDA ENTRE LA VERDAD Y LA MENTIRA


    SUPRIMIDO ESTE RELATO POR PLAGIO.

    El autor del RELATO original con su titulo original (manipulado aquí por la usuaria) "ENTRE LA VERDA Y LA MENTIRA", se llama ELY.

    El relato original puede leerse en la página: http://www.alegsa.com.ar/Literatura/texto.php?id=34&pag=1
     
    #17
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    RELATO DE LA SEMANA, ELEGIDO EL SÁBADO 6 DE MAYO DE 2006



    TÍTULO DEL RELATO: DESPEDIDA


    AUTOR DEL RELATO: RAVEN

    PÁGINA DEL RELATO:

    http://www.mundopoesia.com/foros/showthread.php?t=19292

    RELATO O PROSA POÉTICA:

    DESPEDIDA

    La ceremonia fue breve y sencilla, por petición propia. No quería alargar más este terrible sufrimiento. Entre cuatro hombres portamos el féretro hasta el lugar que he escogido para tu descanso. A la sombra de un ciprés, como tú hubieras pedido. Caminamos despacio, alargando los segundos. Pidiendo a Dios que me despiertes. Sí, que beses mis labios y al abrir los ojos, compruebe que todo ha sido un sueño. Una horrenda pesadilla. Pero el milagro no ocurre, y lentamente el ataúd desciende varios metros bajo tierra. Y con él mis esperanzas, mis anhelos y mis ilusiones. En unos minutos que parecieron horas cubrimos el hueco con tierra, sellando tu billete, cariño mío, tu billete hacia una vida mejor. Amigos y parientes se agolpan alrededor de tu lustrosa lápida de mármol, dejando caer las flores que dispuse personalmente para la ocasión. Asfódelos, mi amor. Tus flores favoritas depositadas sobre una cama de lágrimas, el lecho preparado para tu sueño eterno. La lluvia golpea sobre nuestras cabezas en señal de duelo. Los asistentes se refugian bajo sus paraguas y caminan pesadamente a sus respectivos hogares. Pero yo no, dulce alma de mi alma. Aún me queda un regalo que hacerte, antes de que asciendas junto a los ángeles, al lugar donde te corresponde.

    Me arrodillo a tu lado y gimiendo te digo adiós. Por primera vez rompo a llorar, vertiendo sobre tu epitafio los restos de mi pobre corazón. Entre las flores deposito todos los poemas que escribí para ti, todos aquellos cantos a tu increíble belleza e insondable profundidad. Todos aquellos pensamientos que habrías de llevarte contigo, por que nadie- y digo nadie- podría hacerse merecedor de leer una sola de sus líneas. Prometo guardarte luto riguroso hasta el mismo fin de mis días, ¡y que éste llegue pronto! Pues no aguantaré mucho en el mundo de los mortales. Solitario y atormentado. Del bolsillo de mi chaqueta saco un último presente: una vela. Una vela que enciendo con cuidado y coloco meticulosamente entre los asfódelos más hermosos. Procuro que la llama no se apague a causa de la lluvia, y lentamente camino hacia atrás.

    Dicen que cuando llega la hora de la Muerte, los hombres ascendemos al cielo a través de la noche oscura. Aquel quien ha sido amado, recibe una vela que alumbre su camino entre la negrura. Que mi amor sea una lámpara para tus pies en el valle de sombra profunda. Por fuerte que brilles allá arriba, entre las estrellas, nunca volverás a mi lado. Y es tan amargo reparar en ello. Escucha, cariño, mi lamento de dolor. Escucha mi llanto desgarrador. Y es que sé que de mí estás ya muy lejos. Emprendiste un viaje para nunca volver. Te marchaste de mi lado sin siquiera despedirte. No tuve ninguna oportunidad. Son tantas las cosas que hubiera deseado que supieras, tanto que me quedaba por decir. Por eso es que siento este terrible vacío en mi interior. Esta desesperación. Esta angustia. Resbalan por mis mejillas unas saladas gotas de miseria, y siento cómo mi pecho rebosa de melancólica nostalgia.

    Por última vez giro la cabeza y miro hacia atrás. Una vela llamea en tu memoria, mi amor. Una llama que nunca se ha de extinguir. Una llama que arde en mi interior. Que ella te alumbre hasta tu nuevo hogar, y sea ahí donde encuentres la felicidad.
     
    #18
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    RELATO DE LA SEMANA,
    ELEGIDO EL SÁBADO 20 DE MAYO DE 2006



    TÍTULO DEL RELATO: AMORES QUE MATAN

    AUTOR DEL RELATO: ANA CLAVERO

    PÁGINA DEL RELATO:

    http://www.mundopoesia.com/foros/showthread.php?t=19796




    RELATO O PROSA POÉTICA:

    ¡Despierta, abre los ojos!
    No eres una baldosa
    que, una vez pegada,
    es mil veces pisoteada.
    ¡Quieres, puedes!
    ¡Sal del abismo!
    Aquí tienes mi mano amiga.
    No vivas más de rodillas.
    ¡Levántate y anda!​



    AMORES QUE MATAN


    Estaba al límite de sus fuerzas. Hacía semanas que apenas si dormía y se encontraba al borde del agotamiento.

    Desde varios años atrás su vida se había convertido en un infierno. Aquel que creyó su príncipe azul, tardó muy poco en convertirse en un sapo repulsivo y abominable que la humillaba, vejaba, insultaba y maltrataba. De puertas para afuera era amable, educado, caballero; pero cuando traspasaba el umbral de su casa se transformaba en el más temido de los monstruos.

    El día que tomó la decisión de coger a sus hijos y marcharse, de no vivir ni un minuto más de rodillas; no había sido diferente a otros muchos días. Esta vez la excusa fue una comida demasiado caliente, otros días había sido una carne poco hecha, un frasco que no ocupaba su sitio exacto en el estante del baño, los niños llorando, riendo o chillando, mientras jugaban; daba igual, cualquier pretexto era válido para hacer que aflorara su violencia. Por no hablar de los celos, un simple saludo de buenos días a un vecino le hacía reaccionar como la más temible de las bestias.

    Un sexto sentido, posiblemente, acrecentado por el instinto de supervivencia, hizo que se agachara milésimas de segundo antes de que el plato de estofado volara en dirección a su cabeza. No dar en el blanco lo indignó aún más. La agarró por los pelo, la arrastró, la abofeteó; y, sobre todo, le pegó allí donde no queda huella, en le estómago, en el hígado, en los riñones. Cayó al suelo inerte como un pesado fardo.
    La dejó allí inconsciente y salió dando un portazo. Sus dos hijos, tan pequeños que apenas tenían uso de razón, salieron de su habitación nada más oír que su padre se había marchado. Habían aprendido, a base de palos, a permanecer encerrados, mientras él estaba en casa, con el fin de librarse de sus arranques violentos.

    Mientras el pequeño acariciaba la cara de su madre, llorando silenciosamente, el mayor, de sólo seis años, trajo agua fría de la cocina y le humedecía las sienes y la nuca, con el fin de hacerla volver en sí. Poco a poco recuperó la conciencia, su cuerpo era un puro dolor, pero no podía detenerse. Ya no cabía preguntarse ¿Qué soy? ¿Para que sirvo? o ¿Adónde voy?. En aquel momento sólo cabía sobrevivir.

    Desde entonces su sueño era escaso y ligero. Se podía decir que, desde hacía semanas, dormía con un ojo cerrado y otro abierto lo cual la había llevado la borde de la extenuación.

    Se tumbó en la cama y el agotamiento la hizo sumirse en un profundo sueño. Soñó que soñaba con un hombre amable, educado; alguien que la cuidaba, la mimaba, la admiraba. Un hombre que no la consideraba un objeto y sólo tenía ojos para ella. Alguien para quien no existían las noches de neón y alcohol; un ser inteligente, un caballero.

    Unos fuertes golpes en la puerta y unos gritos que parecían sobrehumanos pusieron fin a su sueño. Corrió al cuarto de sus hijos que ya se habían levantado de sus camitas y, abrazada a ellos, se dirigió al teléfono para pedir ayuda. Los goznes de la puerta cedieron y sólo alcanzó a ver la hoja brillante de una navaja. Sintió como el acero se clavaba primero en su costado y después en su corazón, una vez y otra y otra.
    Desde el suelo, antes de cerrar sus ojos definitivamente, vio a sus hijos abrazados, llorando, mientras decían:

    ¡¡Mamá no te mueras!!​





    Un hombre inteligente nunca será un maltratador, sin embargo un mediocre necesita obtener, a base de golpes, la supremacía que su inteligencia le niega.


    15/05/06
     
    #19
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    VI.- RELATO DE LA SEMANA,
    ELEGIDO EL SÁBADO 27 DE MAYO DE 2006



    TÍTULO DEL RELATO: LA GATA NEGRA

    AUTOR DEL RELATO: RAVEN

    PÁGINA DEL RELATO:
    http://www.mundopoesia.com/foros/showthread.php?t=20684




    RELATO O PROSA POÉTICA:

    LA GATA NEGRA


    Esta narración tiene como objetivo indagar en los resquicios de la mente humana, directos a ese lugar que denominamos “miedo”. El miedo es definido por el Diccionario de la Real Academia Española como la “perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario. Recelo o aprensión que uno tiene de que le suceda una cosa contraria a lo que desea. El grande o excesivo. Insuperable. El que, imponiéndose a la voluntad de uno, con amenaza de un mal igual o mayor, le impulsa a ejecutar un delito; es circunstancia eximente de responsabilidad criminal". Partiendo de esta premisa, de la cual podemos extraer que el miedo modifica nuestra conducta habitual (ya sea por algo interior o exterior, real o ficticio), acudimos al Diccionario Oxford de la Mente, el cual argumenta que las causas principales del miedo serían la exposición a una estimulación traumática, la exposición repetida a una situación subtraumática (esto es, sensibilización), la observación directa o indirecta de personas que muestran miedo y la recepción de información que lo provoca.
    Del miedo se extraen las fobias. Decimos que el miedo que hace referencia al peligro real de una forma más o menos específica, pero desproporcionada, es una fobia. Las personas fóbicas se dividen en aquellos que responden con un miedo extraordinariamente intenso a una situación específica y los que manifiestan un miedo igualmente intenso en numerosas situaciones que a menudo son difíciles de especificar. Cuando una persona está muy asustada de algo que no produce especial miedo a los demás, es porque el objeto o la situación en cuestión ha quedado asociado en su mente con algún temor infantil; también se da el caso de que el objeto o la situación temidos se han convertido en el símbolo de algo temido inconscientemente.
    A lo largo de la Historia algunos de estos objetos del miedo se han repetido con notable frecuencia. Para muchas personas, sus peores fobias se centran en la figura de unas singulares criaturas: los gatos. Y sorprende ver cómo estos animales tan adorables para algunos, han sido el combustible diabólico de las pesadillas de muchos otros desde el tiempo de los faraones. Los gatos eran animales salvajes que comenzaron su proceso de domesticación hacia el año 3000 a. C., debido a la abundancia de ratones que pululaban en los silos de grano que existían en Egipto. La religión de los antiguos egipcios incluyó al gato entre sus símbolos sagrados. Este estaba considerado como la reencarnación de los dioses en el trance de comunicarse con los hombres y manifestarles su voluntad. La misma diosa Bastet, símbolo de belleza y fecundidad, era representada con cabeza de un felino. Tras la Muerte, el cuerpo del gato se embalsamaba y momificaba en locales sagrados. Descubrimientos recientes en la ciudad de Bubastis informan de amplias necrópolis con más de 300.000 momias de gatos. Quien se atrevía a matar a un gato era acreedor de la pena de muerte.
    Estos animales fueron introducidos en Europa por los griegos, y gozaron de buena aceptación hasta que la Iglesia, hacia mediados del siglo XIII, comenzó una terrible persecución contra ellos, considerándolos como símbolo del diablo y cuerpo metamórfico de las brujas. El gato aparecía ligado al paganismo de la Edad Media a través del culto de la diosa Greya, diosa del amor y de la curación según la mitología nórdica. Esta diosa guardaba en su jardín las manzanas con las que se alimentaban los dioses del walhalla y en su iconografía aparecen dos gatos tirando del carro de la diosa. Una tergiversación común de origen mítico es la de confundir al animal que acompaña a un numen o divinidad con la divinidad misma. Por ello, el gato se convirtió en cabeza de turco de las "purificaciones" de la Iglesia. El aniquilamiento de los gatos fue de tal magnitud que cuando la peste negra azotó Europa en el siglo XIV, causando más de veinticinco millones de muertos, apenas sí quedaban ejemplares para luchar contra las ratas, principales propagadores de la enfermedad. Y al parecer, la plaga fue tan devastadora debido al exterminio de los gatos.
    Muchas son, por tanto, las supersticiones ligadas a la figura del gato. En muchos países, un gato negro es sinónimo de infortunio y malos agüeros. También se liga a estos animales con las artes de la adivinación: Si está boca arriba en el suelo, barrunta lluvia; si está sentado de espaldas al fuego predice frío y mal tiempo; si se lava las orejas avisa que habrá una visita (masculina si se lava la derecha y femenina si se trata de la izquierda)... En algunos países se le atribuye una longevidad de siete vidas, mientras que en otros el número asciende hasta nueve. Citando directamente a Shakespeare, quien en Romeo y Julieta escribió: "Mi buen rey de los gatos, sólo deseo una de vuestras nueve vidas."
    La lista es interminable, y podría llenarse una biblioteca entera. Sin embargo vamos a centrarnos en uno de los mitos más fascinantes que hayan rodeado jamás a estos maravillosos felinos: el mito de la mujer gato. Uno de los ejemplos más curiosos se halla en una leyenda que echa sus raíces en el País Vasco. En esta historia la protagonista, cansada de que un gato se bebiese la leche recién ordeñada todas las noches, esperó al animal y consiguió en su persecución herirle en una pata. Al sentirse herido el animal gritó como un ser humano. Al día siguiente una pobre vieja, considerada como bruja, amaneció herida en una pierna. Y éste es sólo una de los miles de relatos similares que recorren Europa hablando sobre la existencia de una raza (sobretodo compuesta por mujeres) que es capaz de abandonar la forma humana para adoptar la de un felino. Por normal general, a estas mujeres se les atribuye un marcado componente sexual. Se caracterizan por sus salidas nocturnas, su lujuria y su desenfreno. Suelen ser sexualmente insaciables y sin embargo van hechizando a hombres de toda clase con sus males artes, llevándoles hasta la locura, la enfermedad, e incluso la Muerte.
    El motivo de tantas explicaciones previas a mi relato, guarda como objeto una mejor comprensión del mismo. El lector deberá sacar sus propias conclusiones pues ni yo mismo puedo afirmar a ciencia cierta qué ocurrió exactamente aquella noche de 1893, en la calle madrileña de Paz. La calle en cuestión se situaba justo detrás de la céntrica Puerta del Sol, y es conocida porque ahí es donde se encuentra uno de los mejores teatros de Madrid: el Teatro Albéniz. Antonio Rodríguez residía un poco más abajo del teatro, en el número siete, donde la calle se ensombrecía. Antonio era un joven de la media burguesía, un hombre con proyección. Estaba casado con Lucía, una muchacha bella e inteligente, que se desenvolvía con soltura en la música y el canto. Todo parecía perfecto en la vida del joven matrimonio. Salvo una cosa. Un pequeño detalle. Antonio sentía una profunda repulsión hacia los gatos. Éstos estaban presentes en todas sus pesadillas y en sus pensamientos más macabros. Sí, Antonio sentía un temor mórbido, una horrible fobia hacia los gatos. Por el contrario, a Lucía le encantaban estos animales. Y consideraba paradójico que precisamente fuera un madrileño quien tuviera que sentir temor por los gatos. Sin embargo, esto nunca significó un problema. Lucía dejó muy adorados gatos con su madre al contraer matrimonio. Y tampoco pareció sufrir mucho su pérdida, puesto que todas las noches la calle se llenaba de gatos vagabundos que la hacían alegrarse la vista.
    Antonio era un pequeño empresario. Su sueño era regentar una fábrica de gran tamaño, y hacerse así un hueco entre la alta burguesía. Quizá incluso podría comprarse un título nobiliario. ¿Por qué no? Tenía buena salud y pleno vigor juvenil. Amaba a su esposa con todas sus fuerzas y la vida parecía sonreírle. Sólo había un borrón en su existencia ideal, una pequeña mancha que ensuciaba su satisfactoria vida. Le daba pánico salir de casa una vez se hubiera puesto el sol, ya que sus demonios particulares aprovechaban las horas de la noche para hacer de las calles su dominio y posesión. Antonio temía esos ojos brillantes más que a cualquier otra cosa. Se atormentaba con la imagen de sus garras, sus dientes, todos apuntando hacia él. Y su maullar… Nada ponía el bello de Antonio de punta tanto como el maullar de un gato. Lucía se carcajeaba. ¿Cómo podría ser posible que este hombre de verdad temiera tanto a unas criaturas tan encantadoras? Era risible.
    Como antes he citado, Lucía se dedicaba al canto en sus ratos libres. Francisca, una muchacha gallega de familia proletaria, desempeñaba las tareas del hogar, mientras que Lucía se esmeraba en las labores propias de una señorita. También amaba con locura a su marido. Con frecuencia componía para él y le deleitaba con su hermosa voz. Lucía era hija de un andaluz que vino a Madrid a hacer fortuna. No es que se hubiera hecho demasiado rico, pero procuró a su hija una posición lo suficientemente elevada como para aspirar a cotas bastante altas en un futuro próximo. Lucía era un dechado de gracia. Antonio no encontraba en ella falta alguna. Hasta que empezó a manifestar una extraña conducta.
    Corría el mes de Abril y las noches comenzaban a ser más cálidas en la capital. Los animales nocturnos de la ciudad salían de sus escondites a vagar por la oscuridad. Y los gatos, sí, los gatos, se adueñaban de las calles y maullaban a la luz de la luna. Desde la primera noche Antonio calló en la cuenta de éste hecho, y su sueño se hacía ligero e intranquilo. Al encontrarse solo en el lecho marital, el joven se levantaba a buscar a su esposa. Pero ella nunca estaba. A los pocos segundos volvía a aparecer mirando a través de las ventanas abiertas del comedor, e intentaba tranquilizar a su marido.
    Estos hechos se repitieron una y otra vez, noche tras noche. Y Antonio ya había notado otro hecho desconcertante, que le quitaba el aliento. Se escuchaba en la oscuridad un maullido de índole singular. Un maullido que parecía mantenerse fijo sobre el tejado de Antonio, y que por alguna razón le provocaba aún más escalofríos que los demás. Sonaba como un canto. Un canto desconcertantemente familiar. Entonces salía aterrado de su habitación y ahí encontraba de nuevo a su esposa, mirando hacia el vacío con las ventanas abiertas.
    En poco tiempo Antonio comenzó a obsesionarse terriblemente con estos hechos. Por las noches ya no dormía, y montaba guardia junto a la ventana del comedor para asegurarse de que su esposa no salía de la habitación. Las primeras noches funcionó esta treta, y por alguna extraña razón que Antonio no alcanzaba a comprender los maullidos cesaron. Pero pasados unos pocos días, los terribles sonidos volvieron a repetirse. Aquellos cantos, justo encima del tejado. Antonio se revolvía de su asiento, para encontrar entonces a su esposa mirando por la pequeña ventana de la cocina que daba al patio interior.
    Así transcurría la vida nocturna del matrimonio Rodríguez. De esta forma tan inusitada. Sin embargo durante el día todo parecía normal. Lucía practicaba sus dotes de canto mientras que Francisca la miraba embelesada, tratando sin éxito de imitar a su señora. Y es que en secreto, Francisca sabía de memoria hasta el último de los cánticos que coreaba su señora. Cuando se ponía el sol, Antonio regresaba a casa y Francisca volvía a la residencia donde dormía. Llegada la noche, se repetían los mismos extraños acontecimientos. Antonio vivía atormentado por unos cánticos extrañamente familiares procedentes de un animal o demonio que subía a su tejado. Lucía seguía mostrando el mismo comportamiento. Apareciendo y desapareciendo de forma paralela a los maullidos.
    Una noche Antonio sucumbió al pánico y éste se tradujo en locura. Una locura sedienta de sangre y con un único objetivo: matar a la bestia que con perfidia estaba atormentando su alma. Se armó de un hacha y subió al techo por una escalinata. Permaneció en absoluto silencia hasta que la luna brillaba alto en el cielo. Y por fin pudo verse cara a cara con su hostigador. Era un gato negro, o no, una gata negra. La gata fue a sentarse en el lugar exacto donde, unos metros más abajo, duerme por costumbre el matrimonio Rodríguez. Y con presteza se puso a maullar. Antonio permaneció quieto con la frialdad del asesino, inmóvil en su escondite. ¿Qué era? ¿¿Qué era aquello tan familiar en las notas del aquel canto luciferino?? Pasados unos minutos Antonio saltó de entre las sombras y persiguió a la gata por el tejado de su propia casa. Vio cómo el animal se escurría por una rendija y accedía así al sistema de ventilación del edificio. “Se dirige a mi casa”, pensó Antonio. Como un rayo el hombre voló para adelantarse a su presa. Entró por una ventana que se hallaba misteriosamente abierta, pero Antonio no reparó en ese dato. Estaba loco de rabia. Por fin sintió moverse una sombra y le asestó un terrible hachazo. La gata bufó por última vez. Y ahí delante de sus ojos, estaba una hermosa mujer joven muerta sobre un charco de sangre. Tenía la cabeza completamente abierta por un golpe de hacha. Lucía entró corriendo en la habitación y lanzó sonoro grito de horror.
    En el suelo. Muerta. ¡Yacía el cuerpo de Francisca!
     
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    RELATO DE LA SEMANA,
    ELEGIDO EL SÁBADO 3 DE JUNIO DE 2006



    TÍTULO DEL RELATO: RECUERDOS DE FLORENCIA

    AUTOR DEL RELATO: LUIS VIDELA

    PÁGINA DEL RELATO:
    http://www.mundopoesia.com/foros/showthread.php?t=21621


    RELATO O PROSA POÉTICA:

    RECUERDOS DE FLORENCIA

    Si la memoria no me engaña, llegué a los jardines Boboli, detrás y a un costado de la Piazza y del Palazzo Pitti cruzando el Arno por el Ponte Vecchio, una hermosa mañana de sábado, cuando aún no habían empezado los calores del verano.

    Era la época cuando una multinacional me pagaba el sueldo, los viajes en primera en los aviones y los hoteles cinco estrellas mientras yo hiciera mi trabajo. Lo hacía, claro está, y lo más rápido posible, para poder disfrutar el lugar al que había arribado y en el que debía permanecer por unos días. Así, tuve el privilegio de conocer una gran parte del mundo.

    Los Jardines Boboli, los sábados y domingos, se llenan de paseantes, turistas y familias que van de picnic, con las canastas a cuesta, y en el aire se mezcla el aroma de las flores con los olores más apetitosos del prosciutto, los quesos, las sorpresatas y ese pan que no he vuelto a comer en otro lado. Los italianos, sean del lugar de la península que sean, adonde vayan, llevan la manduca y el bebercio, como suele decirse. Esto es, comida y vino.

    Han pasado más de dos décadas desde entonces, yo era joven, estaba solo y no llevaba canasta ni provisiones y en esa época aún no había kioscos de comidas ni bebidas en varios centenares de metros a la redonda. De modo que, aunque había tomado un suculento desayuno en el hotel y luego un ristretto con pastas en un café cercano a la Piazza dell Signoría, por el aire, la hora y la caminata, en cierto momento sentí que el estómago reclamaba que le echara algo dentro.

    Tendido en el pasto, me había quitado los mocasines y dejaba que el sol me diera en el rostro, cuando escuché las voces detrás de mí. Hice visera con la mano y las vi. Era una bandada de jovencitas llenas de vida y pletóricas de hormonas. Todas me parecieron hermosas, que recuerde. Pero una... una me cautivó.

    Lucrezia.

    El cabello lacio, del color de la miel, la piel blanca con un toque de olivo, los ojos grandes y la sonrisa más hermosa que pueda imaginar. Me asaltó la imagen de una madonna renacentista, cuando los Médici alquilaban condottieros como guardaespaldas y eran dueños y señores de las cosas terrenales, de la vida y de la muerte.

    Con un endeble argumento, a medio camino entre la excusa y la verdad, me acerqué a ellas y en mi pésimo italiano de aquellos días (ha mejorado, ahora sólo es malo) les pregunté –así, al montón, pero mirándola a ella–, adónde podía encontrar un lugar para comprar algo de comer y de beber.

    Habían desplegado un mantel a cuadros y de una canasta de esas que se venden en los negocios cercanos a Santa María Novella, sacaban manjares que me hacían agua la boca. Mi estómago estaba vacío y rezongaba. Pero ella, Lucrezia me lo llenaba de mariposas.

    Secretearon entre todas y no me indicaron ningún lugar, sino que a cambio me invitaron a sentarme y compartir el pan y el vino. Mejor dicho, Lucrezia tomó la voz cantante. Como dicen en Sicilia, debía habernos dado el rayo.

    Su carácter y la soltura con que empezamos a conversar, la reveló como una de esas jóvenes que no se enojan y saben apreciar cuando un efervescente italiano le grita “¡Bbbbbeeeeeelllaa!” por la strada.

    Recuerdo que volvimos solos dando un gran rodeo, Lucrezia y yo. Nos fuimos hasta el Ponte Alle Grazie y en el trayecto, hablamos de Florencia y de nosotros. Padre suizo-alemán, madre italiana. Buena sangre, temperamento de fuego. En algún momento mencionó Zürich, por trabajo de su papá, y seguimos caminando. Me habló de un instituto donde terminaba sus estudios y de su vocación por la etnología.

    Ese día supe cuanto de magia tiene observar Il Duomo de Santa María del Fiore desde las murallas del forte di Belvedere, a la caída del sol, acodados en las almenas de piedras centenarias.

    También ese día –cuando ya la noche se había cerrado–, aprendí que esa mezcla de sangre que le circulaba por las venas y en principio del verano, puede transformar a una jovencita en una soberbia mujer apasionada.

    La juventud y la incipiente liberalidad de aquellos tiempos, hicieron el milagro que era necesario en ese momento.

    Nos hicimos el amor durante el resto del sábado y todo el domingo en su cama, en un departamento que caía cerca en una cortada cercana a la Via Guelfa, en la proximidad de San Marco. Me cuesta recordar –¿no son curiosas las trampas que nos tiende la memoria?–, pero al menos conservo una imagen, difusa pero muy tierna, de ella, de rodillas en la cama, apenas perfilado su cuerpo por la luz de la mañana, empeñada en encontrar las mangas de la blusa que había quedado hecha un bollo en el piso.

    Al atardecer, la acompañé a la estación de tren, porque volvía con sus padres. Prometimos escribirnos y lo hicimos durante bastante tiempo.

    Después, la vida nos llevó por diferentes caminos, en una época en que aún el correo electrónico no era la forma de comunicación más rápida y eficiente, porque no existía.

    Así, recuerdo más, detalle menos, conocí fugazmente a Lucrezia. Así, sin más remedio, no pude menos que quedar prendado de Florencia.

    Sueño, cada noche, volver algún día a esa ciudad mágica, aunque aquella jovencita ya se haya ido.
     
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    RELATO DE LA SEMANA, ELEGIDO EL SÁBADO 10 DE JUNIO DE 2006


    TÍTULO DEL RELATO: RITA MORSI
    :
    AUTORA DEL RELATO: HELEN

    PÁGINA DEL RELATO:

    http://www.mundopoesia.com/foros/showthread.php?t=22251


    RELATO O PROSA POÉTICA:

    RITA MORSI

    Rita cierra los ojos fuertemente conteniendo sus lágrimas. Había abandonado Chivilcoy, ocho años atrás, cuando, siendo una joven veinteañera, cargó todos sus sueños a cuestas y partió a la ciudad, tan sólo ansiando triunfar como bailarina en el mundo del espectáculo.

    Se mira al espejo: un rostro atónito con un aire burlón parece observarla. Ríe, demacrada, despeinada, con un exceso de maquillaje que la hace parecer una diva de revista; claro que en su trabajo no importa tanto el maquillaje como el cuerpo, el saber moverse y mostrarse.

    Cierra los ojos fuertemente y se sirve un vaso de whisky añejo, una puntada en el hígado le impide culminar con la botella y, en un arrebato de furia, la hace añicos contra el piso, desparramando el poco líquido que quedaba sobre una vieja foto de su madre y su hermana. Fueron más sensatas, piensa, sabían que la ciudad no era para sueños chicos.


    Se recuesta en la cama ansiando quedarse dormida, pero el ruido del teléfono la despierta. -Soy yo, amor, hoy no puedo ir a verte-, le había dicho. Reuniones de trabajo. Problemas de familia. ¡Pero qué suerte que tenía de tener un hombre tan dedicado a su lado! Ríe. Un tono irónico se mezcla con unas intensas ganas de vomitar.

    Revuelve los estantes buscando algo de licor, pese a las dolorosas y sucesivas puntadas. Otro ruido la sobresalta. Debo andar mal de los nervios, piensa.

    Se dirige a la puerta y encuentra en el camino los restos de una champaña que había comenzado ayer con Juan, justo antes que su celular sonara y él partiera a ayudar a su amigo Facundo. Claro que Facundo era el que había fallecido la semana pasada. O quizás no, quizás estaba confundida.

    Se recuesta nuevamente para leer. Las palabras sólo hacían un eco vacío en su cabeza. El maquillaje comenzó a correrse mientras se tomaba la cabeza haciendo movimientos autistas. Morsi, Rita Morsi. Comenzó a mirar paranoicamente a su alrededor, dejó caer el papel y tomó un trozo de vidrio de la botella de whisky.

    Tarareaba una canción de velorio, un tono monótono y depresivo que la agobiaba, mientras repetía su nombre deformándolo.

    Emitió un último suspiro cayendo al piso, con el vidrio en su yugular y una J marcada en sus muñecas.
     
    #22
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    RELATO DE LA SEMANA,
    ELEGIDO EL SÁBADO 17 DE JUNIO DE 2006



    RELATO: UNA SIMPLE HISTORIA NÓRDICA

    AUTOR: SANDRO MORENO

    PÁGINA DEL RELATO:

    http://www.mundopoesia.com/foros/showthread.php?t=22801


    RELATO O PROSA POÉTICA:

    UNA SIMPLE HISTORIA NÓRDICA

    En la simple suavidad de la noche se entretejen silenciosos pasos que se aproximan, sigilosos como agujas de plata, a la puerta lúgubre de aquella casa que le inundaba el alma de recuerdos dolorosos. Hacía diez años que no pisaba esa gramilla oscura, teñida de sangre verde; de sangre fermentada en memorias destructivas. Sentía el olor que había dejado la muerte con su presencia selectiva y virginal. Hacía diez años su amor, su eterno amor había decidido unilateralmente despojar su cuerpo de la chispa de la vida.

    Ella una mujer posesiva y encantadora, le había sugerido comprar la propiedad ya que estaban próximos a casarse y además era una ganga imposible de eludir para gente interesada en negocios productivos y provechosos.

    El ciegamente enamorado de su inteligencia y olfato para el éxito, no dudó. Decidió invertir todos sus ahorros en la compra de aquella casi mansión, bastante alejada de las miradas indeseables, a unos treinta minutos del centro de Gotemburgo…

    Habían pasado tres años desde la feliz adquisición. Ambos, esposos ahora, disfrutaban de un buen pasar, sin mayores sobresaltos. Los fines de semana eran como una isla paradisíaca en la cual se sumergían los dos en hondas horas de disfrute pasional.

    Ella, una brillante corredora de la bolsa de Estocolmo, viajaba todos los días en avión casi cuarenta y cinco minutos de ida y cuarenta y cinco minutos de vuelta hasta el recinto laboral.

    Él tenía un trabajo de oficina en la ciudad, un tanto aburrido, pero lo suficientemente bien remunerado como para poder ahorrar unas cinco mil coronas mensuales.

    Todo parecía ser sacado de un cuento de hadas, de un cuento en el cual las cosas eran demasiado buenas como para poder considerarlas reales.
    Ella una vez de esas tantas que solía permanecer inmune a los efectos de la realidad semanal, consideró que era apropiado distraerse un poco en la hora que tenía de descanso en el buró. Un compañero de simpatía poco usual se acercó a ella y la invitó a tomar un café después del trabajo. Ella aceptó mientras seguía compenetrada en la lectura de una novela de misterio; no gran cosa, pero lo suficiente como para llevársela de la rutina de la acciones. De la trampa de la seguridad aparente, de la trampa del mundo desarrollado.

    Su compañero; un hombre gentil, bien parecido y sin ese halo de tecnicismo que cubre a los hombres iniciados en el arte de los negocios, parecía a los ojos de ella un remanso de aventura, alejado inexorablemente de lo repetitivo de su vida, de la enfermiza sensación del “dejavú” evolutivo de lo rutinario. Una nueva y emocionante persona a la cual descubrir.

    Y pasó lo que tenía que pasar entre dos almas confundidas por el pánico cotidiano y citadino, en aparente armonía con el ambiente que los rodea. Se amaron en piel desnuda. Se olvidaron del mundo cansino y de abrumadora tranquilidad del cual a diario bebían sorbos aterradoramente destructivos.

    Después de esa unión mística y mundana, ella sintió que algo en su vida no era igual. Algo había cambiado para siempre con el sabor prematuro y dubitativo de la premonición. Llamó a su marido y se excusó de no poder haber llegado a la casa la noche anterior. Le explicó que uno de sus hermanos necesitaba de su ayuda para solucionar un problema financiero grave, y que seguramente no regresaría antes del lunes por la tarde.

    Él tuvo un extraño presentimiento sobre lo sucedido, pero con el sabor prenupcial de una duda recién nacida, calló sus preguntas y aceptó frívolamente sin más aquella explicación.

    El tiempo como una guillotina aceitada de profecía, siguió misteriosamente su curso natural. Las excusas eran cada vez más comunes y sin demasiado sentido llegado el fin de semana. Pero él, como una piedra caliza, fría e inamovible ante el sollozo de la tempestad, no puso jamás una objeción. Simplemente masticó lo que imaginaba como inequívoco. La actitud infantil de su esposa destronaba internamente a la confianza conseguida a fuerza de cariño, desde casi toda la adolescencia y juventud por la cual transitaron el mismo camino.
    Una noche silenciosa todo terminó…

    Las estrellas eran las grandes ausentes a la cita del destino. El manto de una tormenta otoñal cubría un cielo espectral y apocalípticamente mudo de lluvia. Nada ni nadie pueden saber con exactitud que motiva las decisiones más profundas del ser humano. Él en la tina, como lo había visto en tantas películas, yacía con la mirada fija e imperturbable en su muñeca y en la hojilla de la máquina de afeitar. Sólo un movimiento hacía falta. La decisión más madura de su vida, junto a la compra de la casa por supuesto. Estos serían los momentos más importantes de su existencia, tal vez también junto a su nacimiento.

    Un sonido sordo de agonía se pudo escuchar durante poco más de veinte minutos. Los espectadores de lujo; los grillos pasionales de la madrugada, las mariposas nocturnas y enamoradas de alguna luna llena, y las moscas; esos buitres mensajeros de la carne yerta en el limbo.

    Ella se pasea ahora con lágrimas contenidas en sus ojos de víctima victimaria, de azucena derretida en lamentos, recordando un pasado lejano y monótonamente destructivo que se encargó de derribar eternamente los muros de la monotonía a un precio inimaginable…
     
    #23
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    RELATO DE LA SEMANA,
    ELEGIDO EL SÁBADO 24 DE JUNIO DE 2006



    TÍTULO DEL RELATO: ¡DEJA DE TOSER!

    NOMBRE DE AUTOR: CORAZÓN DELATOR


    PÁGINA DEL RELATO:
    http://www.mundopoesia.com/foros/showthread.php?t=23908



    RELATO O PROSA POÉTICA:

    ¡DEJA DE TOSER!


    Cita:
    Y el cuervo, que nunca se marchó, aún está posado, está posado en el pálido busto de Palas justo encima de la puerta de mi cuarto; y sus ojos se asemejan a los ojos de un demonio que soñara; y la luz de la lámpara, que da sobre él, proyecta su sombra en el suelo, y mi alma, de esa sombra que se extiende sobre el suelo, no se alzará…
    ¡Nunca Más!

    - The Raven, Edgar Allan Poe.




    Baltimore, 7 de Octubre de 1849

    “¡Tía María, por amor de Dios, dígale a su hija que deje de toser!”
    ¡Ah! Siempre lo olvido… Virginia está muerta. Pero un momento… ¿Dónde estoy? ¿Qué hago en este páramo olvidado de la mano de Dios? ¿Qué callejón o travesía es ésta? Mi ropa, ¡no es mía sino de otro! ¿De quién? Mi aliento… ¡Huele a alcohol!. Y entre las sombras que se proyectan en mi mente se abre camino un haz de luz, un rayo de sobriedad en mi ebrio corazón. Mas hinco las rodillas en tierra. Te… tengo fiebre. El sudor frío recorre mi frente, y apenas sí alcanzo a respirar. Poco a poco se me nubla vista, y ante la fría presencia de la Muerte, dedico este último instante de lucidez para recapitular. Para repasar los renglones torcidos de mi vida. Una vida ahogada en el fondo de una botella.

    Contraje matrimonio con mi querida Virginia por estas fechas, hará catorce años. Pobre Virginia. Era la única hija de mi tía, María Clemm, y contaba entonces con poco más de trece años. Era sin duda una niña. Pero yo la amaba, de modo que el enlace se llevó a cabo. Pero nunca tomé posesión de ella. ¿Cómo habría yo de robar la niñez a una criatura tan hermosa? Sí, verdaderamente amaba a Virginia. La angustia producida por la muerte de mi hermano dos años antes, se disipaba en los alegres ojos de mi querida esposa. Virginia aún gustaba de correr y jugar, y se aplicaba duramente en el canto y la música. ¡Cuánto lamento ahora no haber podido darla todo lo que ella se merecía! ¿Mas qué podía darle yo? Un fracasado… un don nadie. ¡Y aún así me atrevía a pavonearme! “¡El mundo sabrá de Edgar Allan Poe!”, decía.
    La situación se había vuelto insostenible. Mis cuentos y mis poesías no eran suficiente para alimentar las bocas de mi esposa y mi suegra. De forma que en 1837 (ahora mismo no recuerdo el mes) me encaminé junto a mi familia a Nueva York primero, y más tarde a Filadelfia. Ahí nos mantuvimos seis años. ¡Seis años! Aún hoy no me lo explico. Trabajando en la rotativa del Señor Graham a cambio de un sueldo mísero y sus continuos reproches. Borracho me llamaban. ¡Ja! ¡A mí! ¡A Edgar Allan Poe! Me trataron como si fuera un desgraciado, ruín y sin talento… Aunque en cierta manera, tenían razón.
    Cinco años después de mudarnos a Filadelfia Virginia cayó enferma. Pero ni la palidez de sus mejillas, ni la delgadez de su semblante, pudieron borrar la belleza de sus hermosos ojos verdes y sus cabellos castaños. Por aquel entonces era toda una señorita. Una oda a la alegría y un canto a la vida. ¡Cómo hubiera deseado encontrarme en su lugar en el momento en que la llama de su espíritu se fue apagando! Sentado al pie de su cama, le tomaba la mano. “¡Otro cuento, Edgar!”, repetía. Y pasaba las noches en vela leyendo y recitando para ella. “Estando sentados, encadenados en un mutuo abrazo, bajo los árboles serpentinos, y contemplando nuestra imagen en las aguas del río del Silencio.”* En ocasiones me pedía que le leyese de mis relatos cómicos. Y su risa me sonaba más dulce que el Arpa de Eolo. Así amaba yo y era amado. Cuando sentía aflojar sus dedos entre los míos, sabía que se había dormido, y marchaba hacia mi despacho para escribir hasta la salida del Sol. A veces Virginia se despertada e inquiría desde su dormitorio. “¿Escribes, Edgar?”. “Escribo, querida”, respondía. “Mañana te leeré estos versos magníficos que estoy haciendo para ti”. Y entonces, reconfortada, volvía a dormir.
    Pero era mentira. ¡Mentira! Sí, es cierto, pasaba horas delante de la hoja en blanco. ¡Horas! Mas no estaba escribiendo. ¡Bebía! Bebía como un condenado, como si la vida se me fuese en ello. Y es que en verdad se me estaba yendo. El pago que recibía del Señor Graham era irrisorio. ¡Yo que había levantado de las cenizas su estúpido periódico sensacionalista y pueril! Mi amargo desconsuelo me precipitaba a la botella de alcohol. Mi única fuente de consuelo. Mi única amiga. Virginia no debía de saber nada. Para ella yo era un escritor sublime y brillante, conocido en todo el país. ¡Y a fe mía que así iba a ser! ¡Escribiría la mejor obra que se haya hecho jamás! ¡Y todos los periódicos querrían tenerla en su primera página! Sí, así lo proclamaba ante los oídos de mi desdichada familia. Tía María cedía a las lágrimas ante mi visión como ésta fuera la de un loco. Pero Virginia creía en mis palabras, y sonreía. Sonreía.
    Pasó el tiempo. Corría el año 1845. El estado de Virginia empeoraba día tras día. El fantasma de la tisis volvía a planear en el horizonte de mi familia. Mi madre murió tosiendo sangre con las piernas descubiertas bailando en un local para alimentarnos a mi hermano William Henry y a mí. Y unos años después, William también sucumbió a causa de la misma enfermedad. ¿Pero cómo? ¿Cómo iba a acaecerle la misma suerte a mi amada Virginia? Me negaba a creerlo. La tuberculosis era una enfermedad propia de gentes de salud endeble, malos hábitos, insomnio… ¡alcohol! Pero mi dulce Virginia. Inmaculada y sin tacha, criada al aire libre del campo… ¡No era posible! La astenia postró a Virginia sobre la cama durante las veinticuatro horas del día. La fiebre aumentó y se convirtió en hipertermia, la disnea y demás dificultades respiratorias tornaron a polipnea. Y yo continuaba obcecándome. Rebelándome contra el diagnóstico de los médicos.
    Una noche, me senté frente al papel como era en mí costumbre, fielmente acompañado por mi botella de whisky escocés. Intentaba escribir. Pero era imposible. Las toses de Virginia retumbaban en toda la casa y en todo el edificio. ¡Sangre! ¡Virginia estaba tosiendo sangre! La angustia se apoderó de mi cuerpo. Por un momento creí perder por completo el juicio. Y grité: “¡Tía María, por amor de Dios, dígale a su hija que deje de toser!” Segundos después enmudecí. ¿En qué clase de monstruo me había convertido? Arrojé la botella contra el suelo y me apresuré escalera abajo. Corrí como huyendo del mismísimo Diablo, y no paré de correr hasta hallarme al cobijo de un árbol, junto a una farola candente. Estaba lloviendo. En la locura de mi carrera no había reparado en ello. Poco a poco fui retomando posesión de mis facultades. ¿Hacía cuánto que no comía? El estómago comenzaba a arderme, y justo cuando estaba a punto de ceder a las lágrimas… una sombra se posó sobre una rama sobre mi cabeza. Un pájaro negro. Un cuervo. Un demonio luciferino que había ascendido de los infiernos para burlarse de mi lastimosa condición. ¡Por fin había encontrado un objeto sobre el cual descargar mis iras! Grité al pájaro en la oscuridad de la noche, y éste se limitaba a observarme incrédulo, a medida que la tormenta iba subiendo de tono. Juré entonces que cumpliría mi promesa. Escribiría una obra digna de pasar a los anales de la Historia. Iría con ella de editor en editor, y todos estarían locos porque figurara en su diario el nombre de Edgar Allan Poe. Sí, mi persona no volvería a ser causa de lástima, ¡nunca más! ¿Nunca más? ¡Nunca más!
    Con estas dos palabras fijas en mi mente me apresuré de nuevo a casa. Tomé papel y pluma y las palabras fluyeron solas.
    “En una taciturna medianoche, mientras débil y cansado cavilaba
    Ante algunos extraños y curiosos volúmenes de olvidados saberes,
    Mientras cabeceaba, casi dormitando, de improvisto se oyeron unos
    Toques,
    Como si alguien estuviera llamando, llamando a la puerta de mi cuarto.
    - Será algún visitante. –musité- llamando a la puerta de mi cuarto,
    Sólo eso y nada más. […]”**
    Así continué escribiendo hasta que quedé plenamente satisfecho con mi obra. ¡Y qué obra era ésta! Mi gran éxito. Mi ópera prima. Los días que siguieron los dediqué a pasear mi poema por todos los editores del estado. ¿Su título? Oscuro y poderoso: El Cuervo. Mas por desgracia, no tuvo la acogida que yo esperaba. Vez tras vez se sucedían las negativas. ¡Ay! ¡Cuán amarga es la desdicha del genio incomprendido! Tuvo que ser mi antiguo superior, el señor Graham, del cual me despedí altaneramente, el alma caritativa que accediera a publicar “El Cuervo”, en el “Graham Magazine”. Ahogué el amor propio en la bebida, tapé la vergüenza con el corcho de una botella. No tenía otra opción.
    Al poco tiempo mis humillaciones se vieron recompensadas. El poema fue un éxito sin precedentes. Edgar Allan Poe había alcanzado por fin la celebridad que se le había estado negando durante años. En la chimenea de nuestro hogar volvió a llamear el fuego, en nuestra mesa volvió a servirse comida caliente… Pero mi suerte no duraría mucho. Habían pasado dos años desde la publicación de “El Cuervo”. Tenía yo entre manos por aquel entonces, un ambicioso proyecto. El sueño de mi vida. Estaba ante el umbral de conseguir mi propia revista literaria. Se llamaría “The Stylus”, y sería el hogar de las mentes ilustradas más brillantes de América. Oh, sí, yo estaba exultante. Entré entusiasmado al dormitorio de mi querida Virginia para comunicarle la buena nueva, y el cuadro que encontré ahí fue desolador.
    Mi tía y suegra yacía llorando desconsoladamente sobre las faldas de la cama de Virginia. Y ella, en un charco de sangre, dormía en la Muerte. Cuando comprendí que el amor de mi vida había sido derrotado por mi peor enemiga, por el fantasma que me había atormentado desde la más tierna niñez, lloré de rabia. Lancé un grito sordo al vacío y me desplomé al lado del cuerpo mi esposa. Es curioso observar cómo la tuberculosis pudo llevarse su aliento, mas no su belleza. Aparté los cabellos castaños de su blanca frente, bajé sus párpados, y la besé por última vez…


    “¡Tía María, por amor de Dios, dígale a su hija que deje de toser!”, exclamé. Mi tía se dio la vuelta y respondió con austera frialdad: “Hace meses que enterramos a Virginia, Edgar, sus toses ya no podrán atormentarte nunca más”. “Nunca más”. ¡Cuán cierto era esto! A veces perdía el juicio y me despertaba como aquella tarde, sosteniendo una botella entre las manos y con los tosidos de mi amada aún coleteando en mi memoria. Fama. Posición. Prestigio. ¿Qué eran estas cosas, ahora que no podía compartirlas con mi querida Virginia?
    Algunas mañanas me despierto en la cama con una mujer de la cual no recuerdo ni su nombre. ¿Qué importa? Al fin y al cabo al día siguiente me encontraré en la misma situación pero con otra persona diferente. Con otros labios que me serán insípidos, con otro cuerpo que me será ajeno. Cuando las mujeres no son consuelo suficiente me abrazo al cobijo de las drogas. Sí, bendita sinrazón. La pérdida de todo estímulo y saber. El callamiento de las memorias. Y es entonces cuando me pregunto con sarcástica ironía, si los muertos estarán disfrutando de los verdes ojos de mi querida Virginia. Si estará corriendo fuerte y saludable por los prados de los que partieron. Algunas veces estoy seguro de que el mismo Hades asciende a observar su belleza, y él mismo, sí, el mismísimo Plutón se enternece. Mi amada. Mi por siempre querida. Virginia.
    El 27 de Septiembre de 1849 (de ésta fecha sí me acuerdo pues es reciente) tomo rumbo hacia mis raíces. Abandono Filadelfia y vuelvo a Baltimore. Ahí los ecos de mi vida bohemia de hacen aún más fuertes. Cinco días después me encuentro en un bar de mala muerte, en un oscuro callejón, contando cuentos a oídos vulgares entre hediondas risotadas. Hediondas por el alcohol. “Otro más, poeta”, exclaman jocosos los que observan mi humillante condición. “Tengo un nombre, querido amigo, soy Edgar Allan Poe”, respondo completamente borracho. Y en la hilaridad de mi condición recito unos cuantos versos que compuse para Virginia:
    “[…] Tus ojos, en el cielo del corazón atesorados,
    Cayeron luego desoladamente,
    ¡Oh, Dios!, sobre mi fúnebre espíritu
    Como luz de estrellas sobre un sudario;

    Tu corazón, ¡tu corazón!... me despierto y suspiro,
    Y me duermo para soñar hasta que llegue el día
    Con la verdad que el oro nunca puede comprar…
    Y con las fruslerías que quizá sí pueda”.***
    Entonces me miro al espejo. Y por un momento vuelvo a sentir vergüenza de mí mismo. Salgo afuera, a que la noche imparta su justicia. Y resumo así lo más destacable de mi mísera existencia. La fiebre vuelve a nublar mi razón. No dispongo de mucho tiempo más. El dolor se hace insoportable.
    ¡Ahí! Ahí viene la dama inmisericorde que llaman “La Muerte”. Trae consigo su hoz y cantar terrible. Mas para mí será un alivio. Oigo toses. ¡Voy contigo, querida Virginia, deja de toser! ¡Por cuánto tiempo he esperado este instante! Ya sólo me queda suplicar. Ya sólo puedo pedir… ¡que Dios se apiade de mi pobre alma!



    Nota del Autor: Edgar Allan Poe fue hallado por un tipógrafo esa misma madrugada. Se hallaba semiinconsciente, con ropa de otra persona, en medio de un délirium trémens provocado por el exceso de alcohol. Inmediatamente fue llevado al Hospital Washington College, lugar donde entre delirios y alucinaciones murió, a las tres de la mañana del 7 de Octubre de 1849.
    ----

    * Eleonora, Edgar Allan Poe, según la traducción de Julio Gómez de la Serna.
    ** The Raven, Edgar Allan Poe, según la traducción de María Cóndor y Gustavo Falaquera.
    *** To…, Edgar Allan Poe, según la traducción de María Cóndor y Gustavo Falaquera.
     
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    RELATO DE LA SEMANA, ELEGIDO EL SÁBADO 1 DE JULIO 2006


    TÍTULO DEL RELATO: CUENTO INCOMPLETO DE LA MALDAD

    AUTOR DEL RELATO: SCARLATA

    PÁGINA DEL RELATO:

    http://www.mundopoesia.com/foros/showthread.php?t=24151



    Relato o prosa poética:




    CUENTO INCOMPLETO DE LA MALDAD


    Te puedo contar una historia, o tal vez varias. Sólo para curarte del miedo o curarme yo o para obligarte a recordar el momento justo en el que un corazón comenzó a latir en algún lugar del sur. Y enseñarte a ser quien eres, o que me enseñes tú. Después de todo, no concibo la escritura sin ti. Ahí va mi historia.


    Hace algunos años estuve enfermo, fue entonces cuando comencé a odiar a Olga. No es que la enfermedad y Olga tuvieran nada que ver. El miedo a morir se instaló en mi vida de noche y de día, siempre el mismo miedo ácido hiriéndome con su aguijón envenenado. Estaba seguro de que iba a morir y, en medio de aquella premonición negra y certera, la imagen de Olga comenzó a dibujarse como la silueta tenue de un error.

    Si entonces, cuando el fin parecía tan cercano e inminente, los pechos de Olga miraban indiferentes hacia otro lugar y sus cabellos perdían un poco de brillo cada instante, si podía sentirla ajena, sólo me quedaba caminar despacio hasta la estación de trenes, consultar los horarios hacia el sur y perderme sin equipaje en la evidencia de una muerte a solas.

    Pero no me fui. Por qué huir de algo tan nimio si de todas formas iba a morir.

    Y me quedé en nuestra casa, una casa que cada vez se parecía más a Olga y menos a mí, como si hasta las paredes se adaptasen con indiferencia a mi ausencia futura.

    Ignoro si eres capaz de entender lo que implica el miedo a morir, el verdadero miedo a morir. No se si tú –a quien no conozco- te has asomado alguna vez al abismo de la peor de las certezas. Podría escribir páginas y páginas intentado explicar las formas de angustia que se esconden en el interior de ese pozo oscuro.

    La angustia por el tiempo perdido. La angustia culpable por el dolor que infliges a los demás. La angustia egoísta capaz de transformarte en la peor de las alimañas. La angustia rebelde que metamorfosea en ataques de ira un simple y bienintencionado buenos días. La angustia metafísica que lanza al viento preguntas imposibles. Y así hasta completar el círculo de la angustia total, un día tras otro, idénticos hoy, ayer y mañana, la resta imparable de horas robando con la complicidad de los espejos rotos, esta tonta esperanza que llamamos futuro.

    Pues bien, ni aún así, ni aunque empleara el resto de mi vida en el intento de desmenuzar para ti los diferentes matices que el dolor dibujó en mi vida, sería capaz de hacerme entender, salvo que tú , hayas sentido, en tu propia piel, esa clase de miedo único.

    Tampoco Olga supo entender y, aunque esa incapacidad nada tuviera que ver con mi recién descubierta falta de compasión hacia ella, la mirada vacía que sus ojos grises me dirigían cada día, se convirtió en la coartada perfecta para mi odio. Primero la indiferencia, y luego, reptando como una culebra húmeda por mis entrañas, la repulsión. La detestaba y no sólo a ella, también los rastros que su vida iba dejando en la mía.

    Me provocaba náuseas la posibilidad de que su cepillo de dientes rozara por accidente el mío y lo contaminase con su repulsiva y viscosa saliva. Perseguía sus cabellos por el cuarto de baño con la misma saña que tú, hombre normal, perseguirías al más inmundo de los insectos.

    Enfermé de odio, un odio tan cegador como la más oscura de las noches. La odiaba por tener que compartir con ella los últimos escalones de mi ya inútil vida pero, sobre todo, la odiaba por saber que, dentro de muy poco, cuando yo no fuera más que un recuerdo difuso que se apaga, ella seguiría allí, ilesa y victoriosa, cepillándose el cabello frente al espejo el baño, como si yo nunca hubiera existido.

    Sé lo que estás pensando. Crees que el dolor me hizo enloquecer e igual que unos locos enferman de risa y otros de llanto o de olvido, yo enfermé de odio. Puede que tengas razón. Nunca me he parado a pensarlo y menos aún entonces. No podía perder el tiempo elucubrando sobre los porqués de un sentimiento que absorbía todas mis energías.

    Me gustaba odiar a Olga y, hoy por hoy, estoy convencido de que fue ese sentimiento y no otro el que logró mantenerme con vida.

    La idea de matarla fue tomando cuerpo a medida que la enfermedad se instalaba en mi vida y los días se convertían en un largo infierno sin destino. Olga se preocupaba por mí. Cocinaba los platos que más me gustaban. Llenaba la casa de flores frescas y objetos exquisitos intentando que mi reclusión fuera lo más agradable posible. Alquilaba mis películas favoritas y me dejaba ver los partidos de fútbol. Pero ni uno sólo de sus gestos mitigaba mi repulsión hacia ella.

    Cómo era Olga, te preguntarás.

    Estatura mediana, ojos oscuros, pelo castaño y rizado, piel morena, delgada, habladora, inteligente. Pero no me casé con ella por ninguna de esas cualidades. Fueron su ausencia de pretensiones y su mirada práctica las que me decidieron.

    He de confesar que nunca he creído en el amor. Al menos no en el amor entre dos seres del sexo opuesto, opuestos por lo tanto en todo. No conozco otro amor que el de mis libros y discos, objetos vivos que me hablan a través de los años, sonidos con los que me resulta fácil comulgar.

    Huelga decir, por lo tanto, que nunca amé a Olga. Jamás he amado a ninguna mujer. La elegí porque el destino me hizo tropezar con ella en el momento y el lugar precisos. La elegí no porque me gustara sino, más bien, porque tanto su aspecto como su comportamiento me disgustaban menos que el aspecto y el comportamiento de otras mujeres.

    Hacerle creer que esa ausencia de rechazo era amor, fue pan comido. Olga, como la inmensa mayoría de los miembros de su sexo, llevaba toda la vida esperando que alguien como yo irrumpiera en su vida con la promesa de llenarla de sentido.

    Durante los primeros años no la decepcioné. Incluso hice de ella una mujer feliz. Interpreté el papel de amante perfecto y ella lo creyó. Todavía hoy creo que fui demasiado generoso, nunca estuvo en su mano compensarme por tanta insulsa felicidad. Nada que ella hiciera o dijera podría servir para cancelar ni siquiera una mínima parte de la deuda eterna que había contraído conmigo, porque mi felicidad no dependía ni dependería jamás de ella.

    Me gusta el sexo, me agrada practicar el acto sexual. Un orgasmo es la mejor y, a veces, única recompensa que obtenemos de este cuerpo ingrato con el que estamos obligados a convivir pero jamás he caído en el error de confundir, lo que es simple placer físico, con un goce espiritual incapaz de residir ni en nuestro cuerpo ni en ningún cuerpo ajeno. Durante un tiempo, obtuve placer de Olga y Olga obtuvo placer de mí. Luego ni siquiera eso.

    Resultaba cómodo continuar viviendo con ella pero ya no la deseaba. Podría haberla abandonado y haber comenzado una historia nueva pero no creía en las historias nuevas. El principio y el final condenados a repetirse una y otra vez hasta el fin de los tiempos. Demasiado trabajo para un resultado tan pobre y un espíritu tan perezoso como el mío.

    Por eso decidí seguir viviendo con ella y tal vez hubiéramos compartido el resto de nuestros días si un tumor de garganta no se hubiera interpuesto en el camino.

    Después de la operación los médicos me ofrecieron una larga lista de motivos para seguir viviendo con un margen razonable de esperanza pero no importa lo que ningún médico diga. Si tú no crees en la curación, la curación no es posible. Hice oídos sordos a los diagnósticos y recomendaciones y me instalé en la certeza de la muerte y en el terror irracional de la peor de las pesadillas.

    Ya no tenía sentido seguir engañando a Olga. La representación estaba a punto de concluir y, o me daba prisa, o muy pronto, dejaría de interpretar el papel protagonista. No importa lo bien que hayas jugado la partida, el que llega hasta el final gana. Basta un breve despiste en el último tramo para echar por tierra la más magistral de las carreras. Siempre pensé que Olga moriría primero y no estaba dispuesto a permitir que un tumor de garganta alterara mi bien construido destino.

    Sólo tenía que decidir cómo y cuándo. Sabía que no usaría navajas ni tijeras, ni ningún otro objeto cortante que implicara el menor contacto físico. Tocar a Olga me producía náuseas. Imposible estrangularla, ahogarla en la bañera, asfixiarla con la almohada, empujarla por el hueco del ascensor, degollarla o desnucarla. No tuve que pensar demasiado para decidir que, en mi caso, el veneno suponía la única y perfecta solución. Pero, qué veneno.

    No sabía nada de venenos, había oído hablar de algunos pero mis conocimientos eran más literarios que científicos y, si uno se propone matar a alguien de verdad, no puede documentarse en las páginas de una novela.

    Al fin tenía algo que hacer. Cada día, durante dos largas e instructivas semanas, me levantaba temprano, abandonaba la casa y me dirigía a la Biblioteca con la intención de encontrar la receta mágica que me ayudara a librarme de Olga. Sólo sabía que deseaba matarla lentamente, no tenía prisa, me conformaba con poder acudir a su entierro.

    Todo aquello estaba empezando a divertirme, era necesario prolongar la diversión, actuar con calma, no cometer errores, dejar que la muerte se tomara su tiempo. Me sentía como un Dios malvado decidiendo con firmeza la duración o el término de una vida. Era una lástima que no pudiera ser la mía, pero era una vida.

    Elegí un veneno y elegí un método: el de la lentitud. Dosis pequeñas administradas en las comidas y, luego, me senté a contemplar los resultados. Cada día un poco más de cansancio, unas ojeras más pronunciadas, un sueño más profundo y menos reparador, una náusea más, y las frases que todos deseamos oír cuando estamos enfermos: no es nada, cariño, sólo nervios, descansa un poco y se te pasará. Y así hasta el día que no despertó.

    Oculté su cadáver. No entraba dentro de mis planes iniciales, pero lo hice. En el último momento, cuando tuve que tomar una decisión, me pareció la solución más acertada. Si había decidido convertirme en un asesino lo sería hasta el final.

    Me puse unos guantes y, de madrugada, la envolví en unas mantas y la bajé hasta el coche. Luego conduje hasta el campo y me pasé toda la noche cavando una fosa capaz de albergar diez o doce cuerpos como el suyo. La enterré junto con una maleta que había llevado conmigo y que me había encargado de llenar con algunas de sus ropas y pertenencias.

    Volví a casa y dormí doce horas seguidas. Hacía tiempo que no tenía un sueño tan reparador. No hice llamadas. Esperé que el tiempo se encargara y las circunstancias se hicieran dueñas de mi vida. Lo que siguió, a pesar de lo previsible, fue divertido. Visitas de la policía, interrogatorios, llanto de la familia, llamadas de compañeros de trabajo y conocidos.... La larga e interminable lista de la tragedia.

    Milagrosamente su cadáver nunca apareció, al menos no ha aparecido hasta el día de hoy. Creo que la falta de experiencia y la casualidad se aliaron para ayudarme a elegir el sitio perfecto, el crimen perfecto, el móvil perfecto. Todavía hoy, tres años después me siguen compadeciendo.

    A ella, en el fondo, la desprecian. Están convencidos de que huyó para no tener que cuidarme. Susurraron nombres de amantes ficticios, de hipotéticos viajes.... Al final, la vida es sólo eso, lo que quieras imaginar. Y, milagrosamente, yo sigo vivo. Salvado por el odio, rescatado de la certeza del final por la dulce hiel del triunfo.

    No sé que pensarás de mí, desconocido. Puedes juzgarme y despreciarme, no me importa porque yo he vencido.




     
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    RELATO DE LA SEMANA, ELEGIDO EL SÁBADO 8 DE JULIO DE 2006


    TÍTULO DEL RELATO: SARISPUM, EL LUGAR DE LOS POETAS...

    NOMBRE DEL AUTOR: XANNX

    PÁGINA DEL RELATO:.
    http://www.mundopoesia.com/foros/showthread.php?t=25237


    SARISPUM, EL LUGAR DE LOS POETAS...

    Ayer me caí del árbol y no recuerdo nada, sólo que me quedé dormida profundamente. Hoy lo único que escucho son sollozares desde la caja de madera donde me encuentro, veo a mis padres asomados viéndome, agarrándome y llorando. ¿Por qué lo hacen? ¿Qué les pasa? Jamás los vi tan tristes… Se van y de repente veo la cara de mi hermoso amado, también llora. No entiendo nada. He intentado pararme ya varias veces pero el cuerpo está inmóvil ¿Acaso no escuchan cuando les hablo? ¿Por qué tanta tristeza? Mi amado me dice que nunca me olvidará, ¿Será que está terminando conmigo? No entiendo la dolorosa despedida que ahora me da. Me deja una bella rosa en mis manos y me besa, ¡Ese último beso lo dio con tanto amor que lo sentí! ¡Al fin sentí algo! ¿Será que me estoy recuperando? Dios, ¿Qué me pasa? No entiendo nada… Luego me dejan a oscuras en la caja de madera. ¿Cómo es posible? ¿Después de tantas lágrimas me dejan sola?
    Siento un ajetreo, me están moviendo, ¡mueven la caja! ¿Me llevarán a mi casa? Espero que sí. Me bajan, sé que me bajan, pero me bajan demasiado. ¿Por qué aún no llego al suelo? ¡Cielos! Le lanzan cosas o tierra a mi caja. ¡No! ¡Sáquenme! Mamá, papá no me hagan esto por favor…
    Llevo varios días aquí después de mi trauma, la verdad no he podido moverme y no he podido dormir. Ya ni respiro. Si estoy muerta no entiendo cómo aún no salgo de la caja donde he estado no sé cuánto tiempo. Con ésta oscuridad y sin poder moverme para ver mi reloj, cómo saber cuanto tiempo ha pasado… ¿Qué pasa ahora? ¡Oh Dios! Siento que me están comiendo los labios. No puede ser, mientras los gusanos me carcomen, poco a poco aparece un rayo de luz, creo que Dios se apiado de mí y se recordó de mi muerte. Veo una sombra, es de hombre pero no distingo bien. Me encandilé. ¿Será Dios? ¿Tan importante soy para que Él venga a pedirme disculpas personalmente por abandonarme en mi ataúd por tanto tiempo? No, no creo que sea Él, ¡No tiene chiva! Entonces ¿Quién eres? ¡Es un ángel! Lo sé por sus alas plateadas, tiene una hermosa cara y es tan blanco como una perla. Lo que no entiendo es por qué viene vestido de negro, le preguntaré cuando lo tenga en frente. ¡Vaya! Al fin salgo de allí, veo mi cuerpo por última vez, los gusanos lo siguen comiendo, menos mal ya no siento ese cosquilleo.
    - ¡Hola mi ángel salvador!-le dije-Gracias por sacarme de allí, pero si eres ángel ¿Por qué vistes de negro? Él me respondió:
    - ¿Acaso todos debemos vestir de blanco? En Sarispum te vistes del color que quieras.
    - ¿Sarispum? ¿Qué es eso?
    - El hermoso lugar a donde iremos ahora. ¿No me digas que pensabas ir al cielo si fuiste buena o al infierno si fuiste mala?.
    - Mmm…-Sonrojada contesté-Bueno eso fue lo que me dijeron toda la vida mis padres y lo que piensa la gente viva.
    - ¡Ja ja ja ja! Sí, siempre es igual, lo que pasa es que el infierno y el cielo no son los únicos lugares después de muertos. Sarispum es sólo para los poetas. No creas que no sabíamos de ti allá. Todos te esperan, la verdad es que yo era uno de los que deseaba con todo mi ser conocerte…
    - ¡Wow! Gracias, Me alegra que sea así. ¿Y de verdad todos los poetas van a Sarispum?
    - Sí querida Ann, ya sabes la verdad del más allá.
     
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    RELATO DE LA SEMANA,
    ELEGIDO EL SÁBADO 15 DE JULIO DE 2006



    TÍTULO DEL RELATO: AIRE DE SOBRA

    AUTOR: REBECCA ZÚÑIGA

    ENLACE:
    http://www.mundopoesia.com/foros/showthread.php?t=26178



    AIRE DE SOBRA

    Ya no me queda más que decir que estoy bien, que ya no me dueles ni me importa lo que te pongas. Que los ojos me sangraron pero hoy siento que el aire se me acumula entre los poros y siento que ya no hay más que mi voz buscando espacio.
    Las instancias ya no son recursos de vida, hace mucho que dejé de pensar que los sueños se me harían realidad. Ya no me duermo entre tormentas, los demonios no son para mí.
    Quisiera recobrar las horas en que te lloré cuando no sabía que no eras más que un instante inalcanzable de mis brazos. De verdad quise amarte más que a mi piel, pero no valías la pena.
    Las quemaduras dejaron su marca y, en ocasiones, cierro los ojos y me preguntó por tu memoria y por los recuerdos que aún me eres. A lo mejor los instantes de vida que te robé no son más que melodías mal compuestas. Pero hoy siento que no siento nada.
    Ya no me importa el amor, creo que es mejor cruzarme los momentos felices y usar las palabras que hace mucho no decía para no arrepentirme de lo que digo o hago. Quisiera que fueras un buen momento en mis manos, pero te esfuerzas en hacer las cosas peor de lo que creías.
    Los minutos pasan lento, las horas son largas y secas. No supiste comprender mis prosas ni analizar los recovecos de mi cuerpo. ¿Cuántas manos tendré que tocar antes de volver a amar?
    Lo que aún no he dicho aún lo siento. Prometo no hacer tu vida más difícil de lo que ya debe ser, la verdad que me es irreconocible todo lo que eres y supongo que te pasa lo mismo con mis huesos. Ambos dejamos demasiadas cosas tiradas en el suelo como para volver a recogerlas, ya no tiene sentido.
    La culpa se te ha hecho en el alma y hace tanto que descubrí que los espacios que me robabas eran míos y de nadie más. Cómo me esforcé por amar a alguien que no quiere ser amado.
    Te digo que ya no hay banderas blancas frente a mi puerta. Mi guerra terminó, no tengo nada que decirte ni nada que reclamarte. Todavía no he hallado el lugar al que puedo llamar hogar.
    Los segundos en que te veo se hacen irreconocibles fantasmas al lado de mis sábanas, y nada de lo que tengo es verdaderamente mío. El mundo ahora es mío y los sueños que tienes son pedazos de angustias que se me perdieron en cada beso que te di. Nunca me gustó dar el alma completa por temor a que se fuera a corromper.
    ¿Es quizás el amor la forma más rápida de perder la virginidad del alma y de la mente? ¿Logra el amor que nuestras vidas colapsen y nos convirtamos en nada más que extraños con rostros marcados? ¿Cómo puede un lugar tan pequeño contener todas las historias de amor que he vivido y aún faltarme más de una o más historias parecidas?
    Creo que no eres más que un niño confundido sin ganas de crecer. No eres más que un intruso que se quedará solo y sin nada qué decirle a la conciencia cuando te siente a ver que no eres nadie. Ya no te daré una oportunidad más, ahora quiero lo que he estado esperando.
    No eres nada complicado ni misterioso, tampoco tan especial como creías. Y deja de hacerte el idiota que la vida pasa rápido y ya cambié mis pensamientos acerca de ti.
    Recógete la vida, que no quiero ver cómo perdí mi tiempo. Ya no voy a volver... lo sabes... lo sé...
     
    #27
  28. MP

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    Mujer
    RELATO DE LA SEMANA,
    ELEGIDO EL SÁBADO 22 DE JULIO DE 2006



    TÍTULO: DEBUT Y DESPEDIDA
    AUTOR: JUAN DE DIOS PÉREZ
    ENLACE:
    http://www.mundopoesia.com/foros/showthread.php?t=27395


    DEBUT Y DESPEDIDA


    "No necesitas besos en este paisaje eterno. mi boca como un rayo te salpica recorriendo.
    y cuando mi música no cubre tu cuerpo, otro beso nos envuelve y siempre seguimos cayendo:
    ¿paz en nuestros labios? ¿por dónde ir adorando lo que perdimos?
    tu piel se espanta y huyo sonriendo. No es el miedo que atrapa, sino lo que surge del silencio".
    Jonás Klarck


    Llevo dinero en los bolsillos, pienso en darlo a mi familia. Deshacerme pronto de él. Pasarlo a mis viejos, mi hermano. O en honor al tiempo, a mis últimas adicciones. Otra vez me preocupo por Roberto, anda perdido desde hace dos días, lo pasamos bien en su cumpleaños, lo quiero mucho, pero como siempre, de trago en trago se esfumó en el aire: “voy al trabajo y vuelvo”. Le tenían una fiesta sorpresa y después de eso nada. Como ahora que veo pasar las luces y la tristeza viene a mí sin motivo aparente. Como los fines de semanas de mis sobrinos y mi cuñada, unos tras otros. Quizá el dinero sea para ellos. Así como se hace con los familiares de los muertos que dejó el golpe. Compensación por daños morales, por violencia de estado. El matrimonio y la familia pueden ser un precepto maquiavélico. O tal vez el amor. No se comprende que después de tantos años aún sigan juntos. Ojalá Roberto no ande en el centro.

    Voy en el taxi más paranoico que nunca, pienso otra vez en mi hermano y espero que esté bien. Los centros en las ciudades del norte, aunque se vean modernos, tienen ese aspecto desolador de la minería y su bruteza estática. Dan miedo. Entre tantos contemporáneos, cámaras y algún policía pintado, toda esa luz que en el día hace brillar algunos gestos amables en la gente, se disipa, y las vitrinas y los neones muestran los caminos en la noche que con su intermitencia hacen parecer más lúgubres las esquinas.

    El taxi para y sube una mujer joven. Lleva en sus brazos a una niña que parece perdida mirando el cielo. El taxista comienza a hablar con la mujer y le pregunta dónde baja. “Las Parinas”, contesta. A comprar pasta base con la niña en brazos, pienso yo, el taxista me mira con desagrado. Sicoseo aún más.

    El fin de semana me está pasando la cuenta, pero ya sé cómo van esos procesos. Te viene la pena falsa, recuerdas un rato a alguna novia que te pudo hacer cambiar y sigues el camino. Hoy, sí, con dinero, más del que he tenido regularmente. No importa mucho. La cara de Loreto no me deja en paz. La angustia me viene de nuevo, pero se va pronto porque recuerdo que es sólo carencia química. No puedo meterme más de nada en el cuerpo. La hecho de menos, Loreto ha sido distinta. Quizá me hubiese casado. Después pienso para qué. Con Roberto nos parecemos en los excesos, su karma es el alcohol. Yo voy más allá. Sin límites en la experiencia, todas las sustancias caben, preciosos momentos de estupidez consciente, cada una de esas palpitaciones cuando el sexo se propaga y de verdad crees que junto al otro te has fundido en uno, varios golpes suaves, y también la embriaguez. En lapsos, lo mejor y peor de uno. No se puede tener todo, aunque siempre se desee.

    Pronto llegaré. Gonzalo, en quien confío por su discreción y honestidad a toda prueba, pasará a la hora del noticiario central. Veré el mundo una vez más a través de otros ojos, de otros pensamientos y otras miradas. Pero será distinto. Cierta alegría me inunda porque puedo reírme de mí mismo. Winona –¡qué nombre!-, ¿porqué se hipnotizó cuando le hablé sin mucho sentido. Cuando con autoridad, al mismo tiempo, la acaricié con verdadero amor?
    Sintió la ternura, creo. Pero es que acaso ¿hay otro modo de despedirse del mundo?

    Una visita al médico y cómo cambia el panorama. Puedes echarte a morir o fijar una locura intensa que te llene el alma desahuciada. Como sea, tomé lo poco que venía con agradecimiento. Quinientos mil pesos no son nada. Pero para mí eran suficientes en una noche. Lo que pasó después es sólo ironía y risa. Y sueño. Planifiqué el proyecto a la perfección, los tiempos y plazos se cumplieron. Fotocopia del carné de identidad, certificado de antigüedad de la empresa, certificado de las últimas tres liquidaciones de sueldo, certificado con las últimas doce imposiciones que pagó la empresa a la AFP, una boleta o algún documento que acreditara mi dirección: “Lo vamos a llamar para verificar su domicilio”, “por su puesto, hágalo como a las ocho porque a esa hora estoy en casa...”

    ¿Elegir la financiera que tuviese la tasa más baja? ¿la más rápida en dar el crédito? ¿el holding que más odiara? El miércoles, en el trabajo, busqué la guía, páginas amarillas, página 95. Cerré los ojos y apunté: Financiera Condell. El viernes tuve el dinero en mis bolsillos. Un día antes del cumpleaños número 40 de Roberto, un día antes de que Loreto partiera a Copiapó a ver a su madre. Soy un sujeto extraño, con 30 años, no existía en DICOM, tuvieron que crearme justo cuando me extingo.

    El taxista habla con la mujer como si se conociesen ¿será cierto?. Otra vez creo que la química me hace razonar de esa forma. Winona. Una puta extraordinaria. Simpática, solitaria. Supe que era ella a quien deseaba porque fue fácil de traducir. Hermosa, pero no despampanante, simpática como animadora de matinal, con la broma en el habla y los gestos. Cuando te vas apagando de algún modo te vuelves exacto. Nacieron las palabras precisas y noté su cambio de actitud. De la falsa condescendencia y afecto que se le dan a un cliente, Winona abrió su espíritu lentamente, siempre desconfiando, pero atreviéndose a salir de su coraza por un día. Como yo que la elegí para que mi plan funcionara. Para sentirme poderoso y sabio por lo menos en el tramo final.

    Bajé del taxi y la niña me miró con cara de ángel. Esta vez quise creerlo. Pronto me acercaba al antejardín de la pensión. A mi pieza externa de precio razonable donde entré y salí sin dar excusas ni explicaciones a nadie. Por estos cinco últimos años fue una fórmula que me acomodó y de la que guardo el mejor de los recuerdos. A pesar de tener buen trato y de mostrar algún afecto mutuo con doña Elsa, supimos mantener nuestros espacios bien definidos. He pagado el mes siempre a tiempo, ella se duerme temprano y nunca ha preguntado por qué los ruidos o quiénes son esos tipos y tipas que entran y salen durante la noche. Y lo mejor: el patio interior de mi pieza, ahí permanecen algunas plantas, la parrilla y Roko. Cuando entro todo está en desorden y es lo de menos. Roko me oye y comienza a ladrar y llorar. Lo miro por la ventana y es uno de esos momentos en que no quisiera morir.

    Después de estar el viernes en la noche y gran parte del sábado con Roberto y su familia, pasé a otra fase. Me bañé y Gabriela, mi cuñada, me prestó ropa de Roberto. Me pidió, como siempre, que me cuidara. Hablé con todos durante el tiempo que permanecí en su casa. Estuve ameno, servicial y alegre. A Roberto le encantó el regalo que le compré, el DVD de Ángel Parra Trío + Invitados, “La Hora Feliz”, en vivo, que incluye el cd en estudio “Vamos que se Puede”. No comprendieron el gran abrazo que les di al despedirme, les pareció exagerado o tal vez un signo de ebriedad. Les pedí que también se cuidaran, les dije que los quería mucho. Sin melodramas.

    Llamé por última vez a Loreto, explicándole que la batería del celular moría, que el cargador se me había quedado en el trabajo. Que la quería, que descansara y que lo pasara bien con su mamá. Mantuvo un silencio intuitivo, me deseó suerte, que no tomara mucho, que no me drogara. Suspiró y colgó.

    Estoy seguro, como si dios fuese un foco, que las luces del Casino se dirigieron a mí. Compré 4 gramos de coca antes de llegar, y aspiré un gran saque en el baño. Compré un Whisky con hielo, y después un ron cola, y en seguida un vodka tónica. Busqué dónde podía jugar Bacará. Le pregunté a un par de mujeres que se paseaban. Me ofrecieron compañía pero no me interesaron. Por fin encontré la mesa. El cupier era un tipo regordete y rosado como un lechón. Su amabilidad me pareció sincera. Quise absorber del mundo lo mejor que le quedaba, en un sitio como este, aunque yo ya fuese un desecho. Después de comprar y jugar los últimos doscientos mil pesos que aún tenía en fichas, llegué a la escuálida cifra de cincuenta mil en sólo veinte minutos. Para mí la sensación era nueva. Le dije al gordito que regresaría pronto y aspiré dos grandes líneas otra vez en el baño. Volví con una seguridad tremenda. Pedí las dos cartas. Sólo era yo y un viejito querendón que se reía todo el tiempo.

    Un as y un rey de corazones. Buena pareja, pensé. Detrás de mí sentí una presencia. El cupier abrió la primera de las cinco cartas de la mesa. Un diez de corazones. Abrí la apuesta con 20 mil pesos. El viejito accedió. Corazones, como si fuesen rosas para regalarlas a la suerte, pensé. El cupier abrió la segunda carta: un 8 de trébol. Pasé. El gordito también. La tercera carta fue una jota de corazones. Aposté lo que me quedaba. El viejito no fue. El gordito, con su mejor sonrisa, pagó. Winona me apretó los hombros. Miré hacia atrás y sonreí. El cupier abrió las cartas que quedaban. El diez de espada y la reina de corazones. Abrí mis cartas. La escala real pagaba 20 veces la apuesta. Winona rió y me tomó el cuello suavemente. “¿Qué quieres?”, le dije.

    Llegamos al hotel y pedí champaña. Llamé a mis viejos y supe que Roberto estaba bien. Winona se veía feliz , la suite era enorme y hermosamente decorada. Le pregunté si había visto “Pretty Woman”. Asintió y le dije que la pieza era como la película y que ella era como Julia Roberts y que yo era como Richard Gere. Pero todo fotoshopeado. Río y comenzó a desnudarse. Le hacía cariño. Pensaba en cuánto del mundo se alojaba en ella. También que amaba al mundo y pertenecía a él como si fuese un talismán. Winona quiso besarme pero no accedí. Luego me pidió una línea y le pasé lo que me quedaba de coca. Aspiró seguido mientras la acariciaba con ternura. Le expliqué que no quería sexo, que conversáramos, que tomara todo como unas pequeñas vacaciones. De seguro comprendió porque supe lo que pasaba por su vida, sus hijos, los malditos hombres, por qué había llegado a ser puta. Hasta lloró un rato. Nos quedamos lo que quedaba de noche y hasta el atardecer en el hotel. Cuando partió me dio un abrazo y su teléfono, le pasé 200 mil pesos. Salimos juntos del hotel. Ella tomó su taxi y yo el mío.

    Gonzalo llegó a tiempo como es su costumbre. Le expliqué que debía partir a un viaje inesperado y que quería darle una sorpresa a mis viejos y a mi hermano. “Ando con suerte”, le dije. Y le di los 700 mil pesos restantes del premio, repartido en cuatro partes. Trescientos para mis viejos y trescientos para mi hermano. Cincuenta para Gonzalo y los otros cincuenta para que le comprara comida a Roko, también le pedí que, de suceder cualquier imprevisto, lo llevará dónde mi hermano. Agradecí su bondad, le pasé las llaves y lo llevé a la puerta donde me despedí con un abrazo.

    En una cajita de madera donde guardo algunos recuerdos había colocado dos “Ipnopen”. Al lado, dentro de un papel de regalo con el que formé una flor, había puesto una pastilla de cianuro. Pensé en algo típico y rápido. Recordé el veneno en la muerte de los espías. En internet explican que el cianuro, en briqueta o en polvo, se usa para endurecer fierros. Que mata rápidamente al inhibir el mecanismo de la sangre de transportar oxígeno. Dejé la cajita y la flor en el velador y fui al patio a ver a Roko. Él enseguida buscó su pelota de tenis y se acercó para que jugáramos. Roko, su vida simple y su alma tersa. Saqué la pelota de su hocico y la tiré. El volvió y ladraba invitándome a seguir. Entré a la pieza y tomé los Ipnopen. Tiré otra vez la pelota. Y así hasta que vino el primer soplo de sueño. Entonces le di un abrazo a Roko y lloré, el me lengüeteó la cara y ladró. Por fin fui a la pieza y tomé la flor. Pensé en todo lo que pude ser y no fui, pensé en el poder y la gloria, en el mundo y el hambre, en la tele y el colegio, en mis amigos, en la humildad, en Roko, en mi familia. Tomé el cianuro. Antes de que comenzara un dolor profundo y agudo, por fin soñé que era alguien, vi a Loreto y nuestros hijos, que todos me abrazaban y me querían, que nunca iba a estar sólo, que no necesitaba nada. Y envié un gran beso a la audiencia, y mandé la envidia al diablo
    .
     
    #28
  29. SandroMoreno

    SandroMoreno Poeta asiduo al portal

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    RELATO DE LA SEMANA,
    ELEGIDO EL SÁBADO 29 DE JULIO DE 2006


    TÍTULO: LA CUARTA CRUZ DE DOGAN
    AUTOR: RICARDO SAYALERO GARCÍA
    ENLACE:
    http://www.mundopoesia.com/foros/showthread.php?t=28513

    La cuarta cruz de Dogan

    Las arañuelas de mi infancia – las recuerdo - tenían un gustillo a hojilla de sacapuntas metálico... una sensación eléctrica que me acompaña desde aquella tarde cuando entraron rápidamente a mi boca luego de haber quebrado un trozo de madera podrida. A veces creo soñarlas pero las recuerdo...

    Ahora me parece estar escudriñando las páginas de un volumen roñoso y chamuscado que hacía años no hojeaba desde la primera vez que lo descubrí en medio de una pila de libracos a punto de calcinarse junto a otros de poca valía - seguramente - para ciertas y desconocidas sectas inquisidoras de la Cuarta Cruz de Dogan. Se trata del Compendio de Teología Moral de San Alfonso María de Ligorio, escrito por el presbítero José Frassinetti y traducido al castellano por el Licenciado Ramón María García Abad, con sello de armas y refrendado por el Secretario de Cámara y Gobierno en Madrid a los veintidós días de Enero de 1869: Dr. Alejo Izquierdo Sanz, por mandato de S.S.I. Dr. Julián de Diego Alcolea, Arcediano Secretario. Un reloj dorado de arcón pequeño, el último fabricado en 1732 por la Casa Anaximandro, propiedad de André Charles Boulle, golpeó secamente el enlosado desde la punta de la cama. Retomé con premura mi trabajo, abandonado hace diez o quince minutos. Abrí cuidadosamente la página número 11 del primer precepto del diálogo según nota 30 al número 76: Sobre la gravedad del pecado de superstición. A un costado de la página aparece el sello autógrafo de un antiguo dueño del compendio, el Dr. Petier Munchausen Humbolt, primo tercero del Barón Alexander Humbolt, inventor de la pistola MXZ-32 (1879) para uso exclusivo de los naturalistas y zoólogos. Una perilla en forma de letra “T” invertida , dispuesta en la parte superior izquierda cercana al detonador,
    ponía en funcionamiento el dispositivo inyector de punta de alfiler moro , que permite pasar a través de un conducto interno, la cantidad de sedante necesario para adormecer a un animal dependiendo del grosor de su piel, su tamaño, calor corporal y especie. La composición química del sedante la logró en su juventud el Investigador de la Universidad de Salamanca Manuel Valles Armendáriz. La solución es el resultado de aislar la composición celular de las bromeliáceas o farinales identificadas con el nombre de bromeliae boscoli o bromeliae fasciada, un género de las Aechmea, familia de las Tillandsia usneoides que sólo se hallan en las ramas superiores de los árboles que crecen en la selva húmeda de la Amazonia. El sedante recibió el nombre de MXZ: mitritoruro de xilescorzitarium creado únicamente para dormir a una subespecie de arácnido ponzoñoso
    ( Araneae Opistothelae Megalomorphae ) de 1.20 metros de envergadura con cuerpo extendido, descubierto en fase de extinción (1838 ) en la Isla Junamei Java al norte de las ínsulas Guam del Pacífico.

    Don Pedro había marcado un fragmento, al parecer, muy importante para sus estudios sobre la superstición. Encontró en la página 13: Sobre el magnetismo animal, que según es conocido, debe distinguirse en magnetismo impostura y magnetismo por arte diabólico. El diabólico establece que la inyección intravenosa de 2.3 centímetros cúbicos del veneno de la hipermaxilar Opistothelae, produce una visión de las cosas a mucha distancia, permite discurrir magistralmente de ciencias que no se han estudiado, hablar bien lenguas desconocidas; hacer hablar tablas, anunciar el porvenir; conocer el estado de las almas en el otro mundo, evocarlas para hablar con ellas, precipitar oro del éter, descifrar los archivos apócrifos de Normunds escritos en el antiguo dialecto lemur del siglo XXIII antes de Cristo, que algunos iniciados, precursores de los egipcios, tradujeron a la forma rúnica atlante, manuscritos ocultos bajo el templo de Apolo sin sombra según coordenadas similares a la posición inversa del conjunto piramidal de Giseh ... cosas que superan evidentemente las fuerzas humanas. Tales efectos, si fuesen dirigidos a producir el bien, podrían atribuirse a virtud divina; pero ordenándose con frecuencia al mal, no se le puede atribuir, y conviene otorgarlos a virtud diabólica. Por lo cual, el que quisiese servirse de la ponzoña para producir tales efectos, claramente cometería pecado de superstición, de magia, de nigromancia, y no podría dársele la absolución sacramental y sería condenado según la novena ley de Dogan a vagar sin muerte sobre arenas heladas. De llegar a detenerse para tomar descanso, sufriría las laceraciones del peor de los infiernos: el gélido aliento del señor Dercein Dogan. Y si algunos otros efectos del magnetismo no son tan sorprendentes ni pecaminosos, suponiendo que provienen de una sola causa, cual se juzga el magnetismo animal, también deben atribuírsele a virtud diabólica. Esta materia se halla extensa y sabiamente desenvuelta en la última edición de Gury, especialmente en las notas que puso Ballerini. Aquí deben consultarse las Respuestas o Decisiones de la Congregación del Santo Oficio, del 21 de Abril y 23 de Junio de 1841, y las Cartas Encíclicas de la misma, una del 21 de Mayo de 1856, dirigida a los Obispos e Inquisidores – los de la secta Dogan – de los Estados Pontificios, y otra del 4 de Agosto del mismo año, dirigida a todos los Obispos. (VerGury, tomo I, n. 273 y sig.).

    Una luz sonora alumbró mi frente, hacía calor. Mi cuerpo desnudo estaba cubierto por un plástico transparente. Había transpirado demasiado y las gotas de sudor se adherían a la bolsa mientras hombres verdes con una jeringa absorbían la sustancia corporal. – Es para un examen, no se preocupe, su hijo estará bien, sólo tenemos que completar una muestra de 100 mililitros. -Mi santa madre me encontró tendido en el jardín con una rama podrida sobre el pecho, pronunciando incoherencias con la boca manchada de una sustancia bituminosa amarillo-ocre que despedía un desagradable olor a óxido. Desde ese día no se si las recuerdo o las sueño. A veces pienso que fui la última persona que vio con vida a la especie diminuta familia de las Opistothelae... ahora mi mente reproduce constantemente las iniciales de los camisones verdes de los hombres del hospital: 4+D 4+D 4+D...
     
    #29
  30. SandroMoreno

    SandroMoreno Poeta asiduo al portal

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    RELATO DE LA SEMANA,
    ELEGIDO EL SÁBADO 5 DE AGOSTO DE 2006


    TÍTULO: EL PECADO DE SER LO QUE ELLOS NO PUEDEN SER
    AUTOR: LORE
    ENLACE:
    http://www.mundopoesia.com/foros/showthread.php?t=29199



    El pecado de ser lo que ellos no pueden ser

    Aquella noche fue la peor de todas, ruidos, bombas, explosiones por todos lados. Yo tenía diecisiete años, faltaba una semana y dos días, para cumplir los dieciocho. Tres días antes habían atrapado a mi padre, entraron a la casa, destrozaron todo y vi como agarraron a mi madre de los pelos, se los cortaron y la tiraron al suelo. Mis cuatro hermanos y yo estábamos escondidos. Hanna estaba detrás del armario, Francis tenía un año y como era tan pequeño lo escondí en el piano, Halana estaba conmigo dentro de los gabinetes de la cocina y George... mi hermano gemelo, nos odiábamos tanto o mejor dicho yo lo odiaba. Él tenía mejor promedio que yo, sabía hacer tantas cosas, hasta trabajos de mujeres como, cocinar y coser. Yo lo molestaba, le decía que era un homosexual. George pintaba hermosísimo, hacía unos cuadros bellos que a cualquiera le llenaba de emoción verlos. Él era mejor pianista que yo, en pocas horas se aprendía las notas musicales que los profesores nos asignaban, pero yo me tardaba semanas en aprendérmelas y eso me daba rabia. Así que fue tanta mi furia que esa noche le dije que se escondiera en el sótano, que hay no iba a entrar nadie, pero sí, había gente. Los nazis descubrieron esa entrada y por ahí nos velaba y esa noche era la que ellos decidieron atraparnos. Entonces le dije a George que se escondiera allí. Yo sólo quería que fuera el primero en que se lo llevara para matarlo. Mi deseo fue cumplido se lo llevaron y también a mi padre. A nosotros, bueno.... todavía no me puedo contestar como no nos encontraron. ¡Maldito movimiento antisemita! Nos quitaron todo. A mí me quitaron mi vida y las ganas de luchar.

    Era 5 de septiembre de 1934, sólo teníamos cincuenta marcos. Mi mamá lloraba y mis hermanos también. Francis no paraba de llorar, hacía tres días que no tomaba leche y estaba con altas fiebres. Nadie había comido en días. Lo único que yo hacía era acordándome de esas canciones tan hermosas que George tocaba y para donde miraba estaban los cuadros de él. La conciencia me perturbaba, no podía dormir y daba vueltas por toda la casa. Esa noche escuche unos gritos de mujeres y niños llorando, quería saber. Frente a la ventana había un baúl enorme, entonces me escondí detrás de él y me agaché al suelo y me levanté un poco para ver por la ventaba y vi como mataban uno a uno a los judíos. “Ya no nos queda mucho tiempo aquí” entre mí decía, cada vez que veía matar a un judío. Efectivamente 25 minutos después de haberme dicho eso, llegaron los NAZIS. Yo me que dormido en el suelo, ellos no me vieron porque me tapaba el baúl. Inmediatamente me desperté al escuchar la puerta caer y mami lloraba, Francis... Francis mi hermanito, ya estaba muerto, lo agarraron como si fuera un muñeco. Halana y Hanna mis hermanitas hermosas lloraban tanto. Me llamaban y yo no sabía que hacer, ese miedo que tenía me paralizaba complemente. Se las llevaron a la tres y Francis ¡Estaba muerto! Me quede escondido detrás de ese baúl durante una semana, no me movía, no hablaba, no escuchaba nada, sólo las canciones de George y para donde quiera que miraba estaban sus cuadros. George, donde quieras que esté perdóname hermanito y feliz cumpleaños, eso era lo único que decía. Me armé de valor, me levanté y no sabía que hacer. ¿Lloro? ¿Grito? ¿Me mato? No sabía que iba a hacer. Estaba sólo, creo que el único judío que quedaba y quizás ese era mi castigo quedarme sólo por lo que le hice a George. Entonces decidí caminar a fuera y me fui. No sabía que día era ni cual era la hora. Era de mañana eso, creo, no había nadie. Estaba todo muerto, de pronto oí disparos, me dispararon en el hombro izquierdo salí corriendo y me escondía detrás de una muralla de ladrillos. Cuando miré hacía abajo vi que había como un pasadizo en la muralla de afrente, la abrí y salió una peste horrible que me dio una náuseas horribles, pero me fue fuerte y entré. Sentí que algo me levantó con una pistola, era un judío escondido. ¡Gracias a Dios! No soy el único judíos le dije. Éramos solo él y yo y por supuesto los diez cadáveres que había. Arriba de nosotros habías más judíos capturados. El muchacho tenía mi edad y me curo la herida. Me dio comida, pero el estaba enfermo, por no decir donde estaba su familia le inyectaron sífilis y llevaba días así. Dormí esa noche allí, al otro día Xavier estaba muerto. Cubrí a los 11 cadáveres matas que encontré, pero la peste era espantosa. Pasé una semana y tres días en ese lugar vomitando por las náuseas. No aguanté y me fui, pero ellos me estaba esperando y me atraparon. Me encerraron arriba en un cuarto oscuro. No podía ver nada, pero si sentí ese olor, me parecía familiar. ¡Era George! George hermanito lo estaba buscando y buscando, pero no lo encontraba, entonces escucho su voz diciendo “¿Tanta envidia me tienes, Angelo?” George, hermano, ven abrázame, no sabes la que he pasado, extrañándote, entonces me detuvo y me dijo “o la conciencia no te dejaba vivir, no era que me extrañabas” No supe que decirle, me quede callado por minutos y él tampoco me habló. Entonces prendió un fósforo y me dejó verlo. Tan rápido lo vi comencé a llorar, ese no era George, era otro, no era mi hermanito. Los malditos nazis le cortaron el cabello y le quemaron el rostro con agua caliente. Yo lo abracé, pero él a mí no. Su mirada no era la misma. Apagó el fósforo y me dice “Ya disfrutaste verme” ahora estamos a oscuras y no te daré el gusto de verme así” Cuando me hablaba de esa forma yo no decía nada, sólo callaba. No sé ni cuánto tiempo estuve despierto, no me daba sueño, era una desesperación total estar a oscuras y George no me hablaba. Después de varias horas o días o semanas, no sé ni que era, entonces me habló. “¿Sabes que le hicieron a nuestro padre?” No dije nada “Responde” me dijo y yo no dije nada. No sé ni como supo donde estaba, que me agarró por la camina y me dijo “Le quitaron la ropa le dieron latigazos, le echaron agua caliente en la heridas y luego le dispararon” y echó una carcajada que nada más de acordarme me dan escalofríos. “Llevo a aquí no se ni cuánto tiempo, no he comido, en este tiempo sólo he comido un pan duro que un soldado me trae y ¿sabes quién era ese soldado? El profesor Kohler” Gracias a él mi hermano estaba vivo. Yo no decía nada, no sabía que decir. Pasó el tiempo y el Sr. Kohler nos daba comido, también nos ayudó escapar, pero ese día nos atraparon y a él lo mataron. No siguieron por días, pero nunca nos encontraron. George estaba débil y casi no podía cambiar. Me decía que siguiera y que lo dejara solo, pero yo seguí con él, lo cogí en la espalda y caminé con él. Venía cantándole las canciones que mientras él tocaba en el piano mis hermanitas cantaban. George la cantaba bajitos decía las notas, como si estuviera tocando el piano. Él me preguntaba por Hanna, Halana, Francis y mamá, pero yo seguía caminando y cantando, entonces echo un grito “¿En donde están los niños y nuestra madre?” No sabía que responderle y me volvía hacer la pregunta, le dije que no tenía la más mínima idea de en donde pudieran estar. “Están muertos” me dijo, le dije que Francis había muerto porque hacía días que no comía y que a las niñas y a nuestra madre se las llevaron. George quería regresar a buscarlas, pero si lo hacíamos de seguro nos matarían. Tal vez si yo nunca le hubiera dicho a George que se escondiera en el sótano, quizás nunca las hubiera atrapado porque él era valiente y no cobarde como yo y de seguro hubiera planeado algo. Nos quedamos en un bosque por dos días, entonces le dije a George que nos fuéramos él “dormía”, pero yo no quiera despertarlo porque estaba muy cansado, lo levanté y seguí caminando con él. Entonces se despertó y me comenzó hablar sobre el futuro, se quería casa con Sandra Capolli, ella era la vecina, pero no era judía, su padre era un comerciante alemán. Ella era muy hermosa no hay que negarlo, pero tenía algo que no me gustaba, pero mi hermano la amaba, me contaba que quería tener 3 hijos con ella. Me dijo te quiero Angelo y te perdono por lo que hiciste. Sé que siempre quise ser mejor que tú y te pido disculpas por eso, me decía eso y yo seguía caminando. Estaba exhausto y no podía cargarme más, lo puse en el piso para que siguiera “durmiendo” el pobre esta tan cansando que parecía muerto. Yo dormí también, tanto que ni me acuerdo. Me desperté y seguí caminando con él, hasta que llegué a otro lugar no se donde es ni en donde estoy, pero todo es hermoso y limpio. Mi hermano viene a verme de vez en cuando. Aunque a veces me dicen que no hable sólo cuando estoy con él y es que no entiendo porque me dicen que no hablé sólo si él esta frente a mí.
     
    #30
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