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Coleccionando Vírgenes

camicho

Poeta asiduo al portal

El sujeto confeso en acciones, está absorto, gélido.
Una botella lo acompaña en aquella noche fría,
la ve casi vacía pensando en el último grito
del que fue testigo.
Es evidente el desconcierto;
apoya su cabeza en la mesa
sus manos atrapan sus cabellos.
como lo hacen también con el silencio,
se ven muy tensos tira de ellos con fuerza;
envenena su alma con el recuerdo.

El dolor se libera en la madrugada,
camina a oscuras hacia el confesionario,
rehuye de la complicidad que le da su cuarto.
Tropezado poco cauto desciende por las gradas.
A medio camino del apartado
está un púlpito viejo e imágenes de yeso.
Algunas de estas, la mirada le han impuesto.
Al abrir la pequeña puerta
de donde se eximen los pecados.
Sabe bien que el cuento ,esta vez ,no es menos largo.

Una primera plana asalta de pronto su vista :
Sabanas blancas revueltas,
ruidos de truenos que oscurecen gritos,
resplandor de rayos iluminan siluetas.
Intenta no pensar, se sienta,
asienta la cabeza sabiendo que con eso no basta.
Mira la rejilla con nostalgia,
es embargado por el recuerdo, una voz de ángel o de niña
que nunca supo que es amar
pero confiesa que lo ama y no sabe si es pecado.

Entre las paredes del santuario se escucha aun
en la quietud que da la noche ya sin tormentas,
el eco de unas palabras reiteradas en súplica:
¡Por favor no!, ¡Basta!, ¡detente, ten piedad!
Sólo Él puede oírlas, sólo Él puede callarlas.
El llanto explota es un ‘’mea culpa’’.
Las lágrimas lavan la sal, producto del sudor,
o la sangre reseca en su rostro.
Intenta secar su cara con la manga del hábito
sus yemas descubren la mejilla rasguñada.


La herida abierta está y evoca con facilidad.
Es inminente .Su mente lo transporta a los hechos:
Ha bebido en exceso, camino a su cuarto recuerda algo pendiente,
tiene una cita pactada dentro de una hora.
Casi ya vencido por el sueño ,a instantes del tiempo acordado,
golpes cortos a su puerta son dados;
es Ella , la que con miedo por la hora ,tímida se muestra.
Él sabe con anticipación que ella lo ama
justo la tormenta ha empezado,
pasa e ingresa al cuarto, no sabe el destino que tiene trazado.

Un beso tosco anticipa sus movimientos.
Muy brusco es el abrazo que aprisiona su cuerpo.
La dama sabe con desazón que aquellos afectos
no justifican la calidez de su mirada;
la confesión de su amor ;el sacrificio de su honor.
Lo mira triste diciendo con eso que esta desilusionada.
Detonante no solo ha sido el rayo ,impactado muy próximo al recinto,
también lo ha sido su resistencia a otro beso.
En el instante aquel, lamenta haber asistido.
Toda la ciudad se estremece, la ilumina un relámpago

Amenaza con gritar si no la suelta.
El reto es aceptado, sabe que nadie podrá escucharla;
de pronto azota el cuerpo de Ella sobre la cama.
Por momentos relámpagos destellan, todo queda iluminado.
pero el alcohol consumido lo ciega y se dispone a una osadía.
Su rostro se torna caliente y húmedo,
Ella en un golpe frustro araña su rostro,
un puño en feroz respuesta a la victima le es impactado.
Aturdida su ceja sangra, empapa la almohada.
Algunas goteras del techo logran nuevamente enfocarla.

Encuentra su blusa rasgada y lo ve besando y tocando su cuerpo,
algo más que eufórico se despoja de la túnica.
El resplandor de los rayos lo evidencian ya desnudo.
Los gritos se elevan y los golpes son reiteradamente asestados.
Aun conciente ruega por su cuerpo y honra con clemencia.
Parecen de mayor motivación tales súplicas,
sus calzas y pantaletas le son arrancadas.
Una y otra vez rogar y decir ¡basta! No son suficientes.
Se aferra a las sabanas, su cabello negro ondula ensangrentado.
Una y otra vez su cuerpo es penetrado, otras golpeado.

Extasiado, complacido casi exhausto por su semen vertido.
Se recuesta sobre Ella tomando besos libres de resistencia.
Los siente húmedos, nota que la luz del cuarto con rapidez escapa.
La observa, contempla una virgen desnuda. Es una mujer muy bella ,
encharcada en su sangre ahora es un cadáver.
Se levanta preocupado de la cama y el hábito se lo calza de inmediato ,
recuerda que Ella en el confesionario lo esperaba,
Quiere liberarse de culpas piensa que alguna prueba pueda estar allí.
De vuelta en su presente se encuentra. En el piso un pañuelo rojo.
Sabe que es la única pista. Para Él un anzuelo.

La luz del alba llega como la primera campanada,
sabe de sus deberes ahora todo está concluido.
Abre las puertas del recinto. ¡Buen día Padre! le es brindado,
como es costumbre en los pueblos pequeños
los coros musicales llegan primero antes que la misa se celebre.
Todas a exigencia del cura son niñas,
desconocen que la mayor de ellas e instructora hoy no cantará.
Terminada la misa las Doñas algunos presentes le llevan.
Él se enfoca en unas estampillas en particular.
Son imágenes de vírgenes de otros lares.

Llama a una de sus niñas del coro,
le da indicaciones precisas,
le entrega junto a las estampas un objeto que saca de la sotana.
Baja la niña al sótano siguiendo las direcciones del cura.
Abre un baúl, ve una colección de estampillas cada una con un paño.
Cientos de paños todas con diversas iniciales.
Realiza el encargo envuelve una estampilla en aquel pañuelo rojo.
Nota que la observa, levanta la cabeza encuentra media sonrisa
es el Padre que se acerca ,besa su frente, le agradece,
prometiéndole al oído que ella será la nueva instructora.
 

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