A tu cuello trepo en las sombras de la noche,
en el rocío del día, o en el vuelo sin timón de las horas.
Sobre sus aristas, cuelgo una cordada de caricias
en cada ascensión, deslizándome entre las fisuras
que el desgaste del tiempo marcó en su piel.
Mi ochomil, entre ochocientos mil rincones
de tu cuerpo explorados, mi preferido,
abro el camino sin lindes en mis labios.
Clavando mis besos, señalo el camino
a las cuerdas del deseo, en terreno escarpado,
hacia el techo adornado con tus labios.
Cada espera, ansiada, de la cima mi llegada,
un temblor sacude las cornisas de tus pómulos
abriendo la cálida chimenea de tu boca.
Y mientras bajo el balcón de tu mentón
puedo escuchar los ecos de su llamada,
hoy solo quiero dormirme al raso
soñando de ti, colgado de tu cuello.
en el rocío del día, o en el vuelo sin timón de las horas.
Sobre sus aristas, cuelgo una cordada de caricias
en cada ascensión, deslizándome entre las fisuras
que el desgaste del tiempo marcó en su piel.
Mi ochomil, entre ochocientos mil rincones
de tu cuerpo explorados, mi preferido,
abro el camino sin lindes en mis labios.
Clavando mis besos, señalo el camino
a las cuerdas del deseo, en terreno escarpado,
hacia el techo adornado con tus labios.
Cada espera, ansiada, de la cima mi llegada,
un temblor sacude las cornisas de tus pómulos
abriendo la cálida chimenea de tu boca.
Y mientras bajo el balcón de tu mentón
puedo escuchar los ecos de su llamada,
hoy solo quiero dormirme al raso
soñando de ti, colgado de tu cuello.