Argentina Ruiz
Poeta recién llegado
Mirar su espalda, mi costumbre por fascinación.
Sentir sus labios, un sueño de desolación.
Tomar su mano, una inesperada reacción.
La soledad a su cercanía,
el vino, el pan de cada día.
Mi helada sensibilidad,
una sonrisa difícil de sacar,
lagrimas cansadas de brotar,
un corazón inmune a su frialdad.
Un colibrí, ágil y sin miedo de volar,
logro llegar a mi empolvado ventanal,
cantando sobre ternura y excesiva paz
mi fatigada atención logro captar.
Día tras día,
el colibrí cantaba para mi,
cantándome sobre la vida,
y lo mucho que me falta por vivir.
Me encantaba su canto escuchar,
tardes enteras podía pasar,
pues sus suaves soplidos me traían verdad,
y con solo tocarlo me sentía vibrar.
Con el paso del tiempo logre olvidar,
aquellos momentos de fría soledad,
las tardes pasadas rogando su mirar
las cambie por días de suspiros y un nuevo amar.
Una noche, mirándome al espejo
note algo de lo pensé ya no habían restos,
una sonrisa dibujada en mi semblante
y el hechizo estaba por quebrantarse.
Un colibrí logro liberarme
de mi caprichosa y sucia cárcel.
Ya no viene seguido a cantarme,
pero que mas da, ni aun así dejo de pensarle.
Sentir sus labios, un sueño de desolación.
Tomar su mano, una inesperada reacción.
La soledad a su cercanía,
el vino, el pan de cada día.
Mi helada sensibilidad,
una sonrisa difícil de sacar,
lagrimas cansadas de brotar,
un corazón inmune a su frialdad.
Un colibrí, ágil y sin miedo de volar,
logro llegar a mi empolvado ventanal,
cantando sobre ternura y excesiva paz
mi fatigada atención logro captar.
Día tras día,
el colibrí cantaba para mi,
cantándome sobre la vida,
y lo mucho que me falta por vivir.
Me encantaba su canto escuchar,
tardes enteras podía pasar,
pues sus suaves soplidos me traían verdad,
y con solo tocarlo me sentía vibrar.
Con el paso del tiempo logre olvidar,
aquellos momentos de fría soledad,
las tardes pasadas rogando su mirar
las cambie por días de suspiros y un nuevo amar.
Una noche, mirándome al espejo
note algo de lo pensé ya no habían restos,
una sonrisa dibujada en mi semblante
y el hechizo estaba por quebrantarse.
Un colibrí logro liberarme
de mi caprichosa y sucia cárcel.
Ya no viene seguido a cantarme,
pero que mas da, ni aun así dejo de pensarle.