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Colofón

Pedro Olvera

#ElPincheLirismo
Tu cuerpo es el molde de todo lo que quiero
tocar o que me toque como a una flauta de carrizo;
pienso en las cosas que se parecen a ciertos detalles
tuyos, una precisión lingüística donde atesorarte
sea un sonido para que vayas plegada en la garganta,
que surjas con un empujón de aire, que respirar sea decirte,
pero abro el diccionario en la ele de fortuna
y todas las palabras saltan como un enjambre
de aguijones afilados y alas melíferas
que te desbordan de estatura, te ocupan y desocupan,
te pueblan de minaretes, te desvisten de árbol,
te acuñan sin cara para mi cruz…
hasta que entras en tu cercanía epidérmica, edénica,
—tú estás loco— y vienes a mirarte en mis manos,
a leerte en el menos imparcial de tus espejos
y comprendo que tu alma ya habita el paraíso.
Y el paraíso abraza, besa, se desnuda.
Estar en tus manos es estar, suceder en una nitidez
que trasmina sus bordes hasta culminarse en río.
Las cebollas de partir que se encienden entre tus dedos
son del color de las lágrimas, se revuelven con la luz,
dotas de garras a las constelaciones moribundas
para que me obliguen a confesar que este rasguño infinito
es de cielo, que quererte no tiene arriba y abajo,
pero que en ti convergen todas las direcciones
a las que siempre y en punto llego perdido
a respirar tus cabellos, tus cabellos donde a cada instante
algo está por ocurrir, ola tras ola, menos el orden.
En tu oído espero —la llamada a larga distancia
de las caracolas— que mi voz se te sea ubicua
como una palmera, que en mi silencio te reconozcas
isla de mi boca. Tu boca se abre a los signos, me llamas
por mi nombre y no hay piedra que no voltee antes que yo,
porque me llamo Nadie hasta que me llamas;
tu lengua me redondea los besos, tus dientes
engrapan mis labios a los tuyos, arman un panfleto
contra los monumentos que usurpan las horas:
este es el bolero de cuando dijimos
y se sigue llamando Ahora y su apellido es Siempre.
Nada puede copiar tu mirada
porque tus ojos solo se parecen a tus ojos.
Gracias por verme.


28 de abril de 2024
 
Tu cuerpo es el molde de todo lo que quiero
tocar o que me toque como a una flauta de carrizo;
pienso en las cosas que se parecen a ciertos detalles
tuyos, una precisión lingüística donde atesorarte
sea un sonido para que vayas plegada en la garganta,
que surjas con un empujón de aire, que respirar sea decirte,
pero abro el diccionario en la ele de fortuna
y todas las palabras saltan como un enjambre
de aguijones afilados y alas melíferas
que te desbordan de estatura, te ocupan y desocupan,
te pueblan de minaretes, te desvisten de árbol,
te acuñan sin cara para mi cruz…
hasta que entras en tu cercanía epidérmica, edénica,
—tú estás loco— y vienes a mirarte en mis manos,
a leerte en el menos imparcial de tus espejos
y comprendo que tu alma ya habita el paraíso.
Y el paraíso abraza, besa, se desnuda.
Estar en tus manos es estar, suceder en una nitidez
que trasmina sus bordes hasta culminarse en río.
Las cebollas de partir que se encienden entre tus dedos
son del color de las lágrimas, se revuelven con la luz,
dotas de garras a las constelaciones moribundas
para que me obliguen a confesar que este rasguño infinito
es de cielo, que quererte no tiene arriba y abajo,
pero que en ti convergen todas las direcciones
a las que siempre y en punto llego perdido
a respirar tus cabellos, tus cabellos donde a cada instante
algo está por ocurrir, ola tras ola, menos el orden.
En tu oído espero —la llamada a larga distancia
de las caracolas— que mi voz se te sea ubicua
como una palmera, que en mi silencio te reconozcas
isla de mi boca. Tu boca se abre a los signos, me llamas
por mi nombre y no hay piedra que no voltee antes que yo,
porque me llamo Nadie hasta que me llamas;
tu lengua me redondea los besos, tus dientes
engrapan mis labios a los tuyos, arman un panfleto
contra los monumentos que usurpan las horas:
este es el bolero de cuando dijimos
y se sigue llamando Ahora y su apellido es Siempre.
Nada puede copiar tu mirada
porque tus ojos solo se parecen a tus ojos.
Gracias por verme.


28 de abril de 2024
Así de justo y dulce es el amor.
En fin, lo eres todo.

Saludos
 
Tu cuerpo es el molde de todo lo que quiero
tocar o que me toque como a una flauta de carrizo;
pienso en las cosas que se parecen a ciertos detalles
tuyos, una precisión lingüística donde atesorarte
sea un sonido para que vayas plegada en la garganta,
que surjas con un empujón de aire, que respirar sea decirte,
pero abro el diccionario en la ele de fortuna
y todas las palabras saltan como un enjambre
de aguijones afilados y alas melíferas
que te desbordan de estatura, te ocupan y desocupan,
te pueblan de minaretes, te desvisten de árbol,
te acuñan sin cara para mi cruz…
hasta que entras en tu cercanía epidérmica, edénica,
—tú estás loco— y vienes a mirarte en mis manos,
a leerte en el menos imparcial de tus espejos
y comprendo que tu alma ya habita el paraíso.
Y el paraíso abraza, besa, se desnuda.
Estar en tus manos es estar, suceder en una nitidez
que trasmina sus bordes hasta culminarse en río.
Las cebollas de partir que se encienden entre tus dedos
son del color de las lágrimas, se revuelven con la luz,
dotas de garras a las constelaciones moribundas
para que me obliguen a confesar que este rasguño infinito
es de cielo, que quererte no tiene arriba y abajo,
pero que en ti convergen todas las direcciones
a las que siempre y en punto llego perdido
a respirar tus cabellos, tus cabellos donde a cada instante
algo está por ocurrir, ola tras ola, menos el orden.
En tu oído espero —la llamada a larga distancia
de las caracolas— que mi voz se te sea ubicua
como una palmera, que en mi silencio te reconozcas
isla de mi boca. Tu boca se abre a los signos, me llamas
por mi nombre y no hay piedra que no voltee antes que yo,
porque me llamo Nadie hasta que me llamas;
tu lengua me redondea los besos, tus dientes
engrapan mis labios a los tuyos, arman un panfleto
contra los monumentos que usurpan las horas:
este es el bolero de cuando dijimos
y se sigue llamando Ahora y su apellido es Siempre.
Nada puede copiar tu mirada
porque tus ojos solo se parecen a tus ojos.
Gracias por verme.


28 de abril de 2024
Maravilla de imágenes y metáforas que aglutinan adoración y placer sin nombrarlo. Un placer leerte.
 
Todo va de acuerdo a lo que sienta y diversifique su corazón.Esta es una tierna poesía hecha con mucho talento.
Abrazo
 
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