tyngui
Poeta que considera el portal su segunda casa
Pequeños romboides blancos y negros se van mezclando por los giros y las grutas de los túneles helados; desglosados según la imagen sintetizante.
La explosión urge y la razón no cuenta, agita la ansiedad y una sita nerviosa me invita a participar de esta emoción crispante, que exaspera mi cerebro domesticado.
La cara de la inocencia adolescente plasma desafiante, contempla con ojos micro irreales, un tanto sofocados por la inmediatez onírica.
El entusiasmo del miedo me hará viajar a ese lugar prohibido donde no me reconoceré en cuantas acciones surrealistas condense.
Las puertas se abrirán ni bien llegue al fin del camino, confrontando disparatadas situaciones sórdidas para incrédulos y poco aventurados placeres abstrusos.
La piel de una palabra protege su significado empirico, paralizando cuadro por cuadro cada movimiento tácito entumecido por los pocos espacios del azar…Hipotecando rabiosas
felicidades
encapsuladas por la lluvia.
Gira la comedia del morbo y la belleza neutral repentina ya no existe. Pues ha llegado la hora del síndrome del deleite.
Hasta una miga de pan extrapola sus medidas.
Todos los sentidos estarán desmembrados, fuera de foco; sin parámetros
Zambullido en la danza de un aroma jovial que genera completitud masiva, electrizado por la excentricidad.
Voy tras la fascinación del delirio.
Exterminaré al sentimiento y huiré al vacío.
Voy tras la exquisita forma lírica de un puente transgresor hacia la locura.
La explosión urge y la razón no cuenta, agita la ansiedad y una sita nerviosa me invita a participar de esta emoción crispante, que exaspera mi cerebro domesticado.
La cara de la inocencia adolescente plasma desafiante, contempla con ojos micro irreales, un tanto sofocados por la inmediatez onírica.
El entusiasmo del miedo me hará viajar a ese lugar prohibido donde no me reconoceré en cuantas acciones surrealistas condense.
Las puertas se abrirán ni bien llegue al fin del camino, confrontando disparatadas situaciones sórdidas para incrédulos y poco aventurados placeres abstrusos.
La piel de una palabra protege su significado empirico, paralizando cuadro por cuadro cada movimiento tácito entumecido por los pocos espacios del azar…Hipotecando rabiosas
felicidades
encapsuladas por la lluvia.
Gira la comedia del morbo y la belleza neutral repentina ya no existe. Pues ha llegado la hora del síndrome del deleite.
Hasta una miga de pan extrapola sus medidas.
Todos los sentidos estarán desmembrados, fuera de foco; sin parámetros
Zambullido en la danza de un aroma jovial que genera completitud masiva, electrizado por la excentricidad.
Voy tras la fascinación del delirio.
Exterminaré al sentimiento y huiré al vacío.
Voy tras la exquisita forma lírica de un puente transgresor hacia la locura.