Comedia onírica
Abro sonámbula los ojos cada mañana y oigo el llamar de las puertas:
el infierno siempre se abre al levantarme, la fría llama se inflama
y desciendo como Virgilio
sobre los fragmentos cuajados del cono invertido,
los nueve círculos
que premeditan el juego de los espejos,
peligroso juego que siempre encierra un dolo.
El Purgatorio llega por la tarde con su pequeña abertura,
inicia la subida al monte,
me lleva al ensueño del cóndor en el susurro de arterias que giran,
sobre mí
cresta laberíntica
donde a veces sus alas se posan de súbito y sin plomada
para atravesar los festones de la noche.
En unos segundos entonces puedo encontrar el Paraíso,
la Divina Comedia de las improvisaciones,
nuevo Virgilio
que nace en el parto de las planicies que se buscan
dentro de lo onírico,
entre el dintel de las puertas moribundas
que abatidas se iluminan cuando cierras los ojos y sueñas.
Abro sonámbula los ojos cada mañana y oigo el llamar de las puertas:
el infierno siempre se abre al levantarme, la fría llama se inflama
y desciendo como Virgilio
sobre los fragmentos cuajados del cono invertido,
los nueve círculos
que premeditan el juego de los espejos,
peligroso juego que siempre encierra un dolo.
El Purgatorio llega por la tarde con su pequeña abertura,
inicia la subida al monte,
me lleva al ensueño del cóndor en el susurro de arterias que giran,
sobre mí
cresta laberíntica
donde a veces sus alas se posan de súbito y sin plomada
para atravesar los festones de la noche.
En unos segundos entonces puedo encontrar el Paraíso,
la Divina Comedia de las improvisaciones,
nuevo Virgilio
que nace en el parto de las planicies que se buscan
dentro de lo onírico,
entre el dintel de las puertas moribundas
que abatidas se iluminan cuando cierras los ojos y sueñas.
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