Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Cómo hacerte el amor sin tocarte,
sin desbordar el río de mis manos sobre tu piel,
sin que mis labios pronuncien tu nombre
en cada rincón donde el silencio se disuelve.
Te desnudo en pensamientos,
y mis deseos son hojas que caen lentamente
sobre tu cuerpo que aún no toco.
Me acerco a ti en la distancia,
como el viento que acaricia las ramas
sin ser visto,
como el sol que se oculta pero deja su calor en la tarde.
Te recorro con la mirada,
y en ese viaje sin piel,
mis pupilas trazan caminos que no necesitan tocar,
porque ya han llegado a ti.
Hay una caricia en el aire
que susurra sobre tu cuello,
un suspiro que nace en mí
y se desvanece en el borde de tu oído,
sin rozar, pero estremeciendo.
Así te hago el amor,
en el espacio invisible que nos une,
en la promesa que se esconde detrás de cada palabra no dicha.
Y en cada respiración compartida,
siento cómo tus poros se abren,
cómo tu piel responde a mi ausencia tangible,
como si mi cuerpo flotara sobre el tuyo,
pero sin tocar,
como si mi deseo fuera aire,
y tú, un fuego que lo consume.
En la distancia que nos separa,
te hago el amor con la intensidad de la espera,
con el calor que habita entre los segundos
donde no nos tocamos,
pero sabemos que ya estamos juntos,
en un abrazo que nace en la piel del alma.
sin desbordar el río de mis manos sobre tu piel,
sin que mis labios pronuncien tu nombre
en cada rincón donde el silencio se disuelve.
Te desnudo en pensamientos,
y mis deseos son hojas que caen lentamente
sobre tu cuerpo que aún no toco.
Me acerco a ti en la distancia,
como el viento que acaricia las ramas
sin ser visto,
como el sol que se oculta pero deja su calor en la tarde.
Te recorro con la mirada,
y en ese viaje sin piel,
mis pupilas trazan caminos que no necesitan tocar,
porque ya han llegado a ti.
Hay una caricia en el aire
que susurra sobre tu cuello,
un suspiro que nace en mí
y se desvanece en el borde de tu oído,
sin rozar, pero estremeciendo.
Así te hago el amor,
en el espacio invisible que nos une,
en la promesa que se esconde detrás de cada palabra no dicha.
Y en cada respiración compartida,
siento cómo tus poros se abren,
cómo tu piel responde a mi ausencia tangible,
como si mi cuerpo flotara sobre el tuyo,
pero sin tocar,
como si mi deseo fuera aire,
y tú, un fuego que lo consume.
En la distancia que nos separa,
te hago el amor con la intensidad de la espera,
con el calor que habita entre los segundos
donde no nos tocamos,
pero sabemos que ya estamos juntos,
en un abrazo que nace en la piel del alma.