José Luis García Herrera
Poeta recién llegado
De madrugada, asomados al balcón,
contemplamos las luces de la bahía,
los barcos de pesca amarrados, los mástiles
rasgando el cielo azabache que nos espía
desde la isla redonda de la luna.
Tu cabeza reposa en mi hombro, tu mano
juega con mis labios, imprimiendo
un nuevo deseo de existencia, confirmando
la respuesta de un amor libre y sincero,
desnudo como nuestro espíritu
que aspira a madurar como un buen vino.
Amparados por este paisaje marítimo,
nos abrazamos con el calor del momento,
por este viaje interior recién iniciado,
por este deseo de vivir juntos,
de vivir cada hora
que el día nos entrega con la pasión
de los amantes, con el milagro
de este mar compartido
que desgarra toda soledad
y desea resbalar por nuestra piel,
como la madrugada
de todos los domingos.
contemplamos las luces de la bahía,
los barcos de pesca amarrados, los mástiles
rasgando el cielo azabache que nos espía
desde la isla redonda de la luna.
Tu cabeza reposa en mi hombro, tu mano
juega con mis labios, imprimiendo
un nuevo deseo de existencia, confirmando
la respuesta de un amor libre y sincero,
desnudo como nuestro espíritu
que aspira a madurar como un buen vino.
Amparados por este paisaje marítimo,
nos abrazamos con el calor del momento,
por este viaje interior recién iniciado,
por este deseo de vivir juntos,
de vivir cada hora
que el día nos entrega con la pasión
de los amantes, con el milagro
de este mar compartido
que desgarra toda soledad
y desea resbalar por nuestra piel,
como la madrugada
de todos los domingos.