OMAR INOFUENTE BELLIDO
Poeta fiel al portal
I
Dicen
Se repite la palabra amor
desde que alguien las hecho del cielo,
desde que cayo en tierra fértil
y alguien las cosechó para dar.
II
Te obsequio estas rosas rojas
aunque no sean para el amor,
te las dejo hoy en tus manos que rezan
y aman el infortunio de esta vida.
III
Ahora es más frecuente dicha palabra
a cada encuentro de vuestras existencias
nos embriagamos con el aroma de las rosas
y amamos vivir en el paraíso naciente.
IV
Las rosas florecen en la tempestad,
como la sangre que me recorre las venas,
así te retraé en el amor
y me impregné de tu amor.
V
El paso del tiempo advierte cambios,
así el pronóstico de hoy dice; moriras.
Yo me aferro a tu amor
y trato de morir contigo.
VI
Mueres y la tierra llora conmigo,
las rosas se marchitan tan de repente.
El eje de la tierra se fragmenta
y ahora sólo tu adiós florece en el cielo.
VII
La oscuridad embruja las ventanas,
el monstruo se desangra, el cielo cae,
junto con las estrellas que envejecieron
y la luz me revela sólo el adiós.
VIII
Cuando te encontré dormida,
el amor murió desenfrenadamente,
en palabras que ilusionaron el abandono.
Dicen
Se repite la palabra amor
desde que alguien las hecho del cielo,
desde que cayo en tierra fértil
y alguien las cosechó para dar.
II
Te obsequio estas rosas rojas
aunque no sean para el amor,
te las dejo hoy en tus manos que rezan
y aman el infortunio de esta vida.
III
Ahora es más frecuente dicha palabra
a cada encuentro de vuestras existencias
nos embriagamos con el aroma de las rosas
y amamos vivir en el paraíso naciente.
IV
Las rosas florecen en la tempestad,
como la sangre que me recorre las venas,
así te retraé en el amor
y me impregné de tu amor.
V
El paso del tiempo advierte cambios,
así el pronóstico de hoy dice; moriras.
Yo me aferro a tu amor
y trato de morir contigo.
VI
Mueres y la tierra llora conmigo,
las rosas se marchitan tan de repente.
El eje de la tierra se fragmenta
y ahora sólo tu adiós florece en el cielo.
VII
La oscuridad embruja las ventanas,
el monstruo se desangra, el cielo cae,
junto con las estrellas que envejecieron
y la luz me revela sólo el adiós.
VIII
Cuando te encontré dormida,
el amor murió desenfrenadamente,
en palabras que ilusionaron el abandono.
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