CATINA
Poeta fiel al portal
Y de pronto se encontró olvidando; olvidando su esencia, su luz. Algo que creía tan imposible como imaginar si quiera, que desapareciera la luna o se apagara el sol, alguna vez.
Sabía que ese hombre dejaría huella, sobretodo en un corazón tan débil desprotegido y con ansias de amar como el de ella. Pensó que estaría años y años tratando de olvidar, con tanta pena y dolor que sentiría miles de veces estar al borde de morir, pero ahora entendía que el tiempo es muy sabio y de a poco cura todo, es más, estaba tan sorprendida que su corazón lo hubiese tomado de esta forma tan comprensiva en estos últimos momentos. Ella pensaba que se arrastraría por siempre, dejando una extensión de sangre a su paso, algo así como una menstruación del alma, que sus ojos se desvanecerían y se pondrían borrosos con tanto llanto, que su corazón oprimido sería como una especie de momia o algo así, que solo se puede mirar a través de un vidrio, sin tocar, porque al hacerlo se descascaría en mil pedazos.
Estaba segura que no lo olvidaría jamás, pero inteligentemente, como nunca, decretó que habría de reponerse a esta partida, después de todo pensó: estamos en igualdad de condiciones, lejos y ausentes…si me extrañara, si pensara en mí y se interesara por saber cómo estoy o que fue de mí…me buscaría de alguna forma y no lo ha hecho. Entonces yo debo permanecer fiel a mí….fiel a mi dignidad. La vida es muy corta para esperar a alguien que no sabe lo que quiere.
Todo eso pasaba rápido por su mente, mientras de a poco y con las manos sudorosas, desaflojaba el nudo de la cuerda que abrazaba su cuello, segundos después, habría la ventana a una paloma que insistentemente revoloteaba golpeando fuerte para llamar su atención.
El día estaba lindo, el sol brillaba y la gente parecía tan amable….y como obra de magia, en segundos, reemplazaba la estúpida carta de desesperación que había escrito, por otra que decía:
¿Valdrá la pena?
Por dos minutos al teléfono,
un “te quiero” sin animo,
un “te amo remoto”, casi inexistente,
una compañía que parece forzada,
tan muda y solitaria
juntos pero tan distantes,
a miles y miles de cientos de pensamientos, lejos de mi…
¿Lanzarme a los brazos de la muerte por ti?
¡Como si valieras mi vida!”
…Enrolló el papel, lo puso en el pico de la paloma y la echó a volar……
Sabía que ese hombre dejaría huella, sobretodo en un corazón tan débil desprotegido y con ansias de amar como el de ella. Pensó que estaría años y años tratando de olvidar, con tanta pena y dolor que sentiría miles de veces estar al borde de morir, pero ahora entendía que el tiempo es muy sabio y de a poco cura todo, es más, estaba tan sorprendida que su corazón lo hubiese tomado de esta forma tan comprensiva en estos últimos momentos. Ella pensaba que se arrastraría por siempre, dejando una extensión de sangre a su paso, algo así como una menstruación del alma, que sus ojos se desvanecerían y se pondrían borrosos con tanto llanto, que su corazón oprimido sería como una especie de momia o algo así, que solo se puede mirar a través de un vidrio, sin tocar, porque al hacerlo se descascaría en mil pedazos.
Estaba segura que no lo olvidaría jamás, pero inteligentemente, como nunca, decretó que habría de reponerse a esta partida, después de todo pensó: estamos en igualdad de condiciones, lejos y ausentes…si me extrañara, si pensara en mí y se interesara por saber cómo estoy o que fue de mí…me buscaría de alguna forma y no lo ha hecho. Entonces yo debo permanecer fiel a mí….fiel a mi dignidad. La vida es muy corta para esperar a alguien que no sabe lo que quiere.
Todo eso pasaba rápido por su mente, mientras de a poco y con las manos sudorosas, desaflojaba el nudo de la cuerda que abrazaba su cuello, segundos después, habría la ventana a una paloma que insistentemente revoloteaba golpeando fuerte para llamar su atención.
El día estaba lindo, el sol brillaba y la gente parecía tan amable….y como obra de magia, en segundos, reemplazaba la estúpida carta de desesperación que había escrito, por otra que decía:
¿Valdrá la pena?
Por dos minutos al teléfono,
un “te quiero” sin animo,
un “te amo remoto”, casi inexistente,
una compañía que parece forzada,
tan muda y solitaria
juntos pero tan distantes,
a miles y miles de cientos de pensamientos, lejos de mi…
¿Lanzarme a los brazos de la muerte por ti?
¡Como si valieras mi vida!”
…Enrolló el papel, lo puso en el pico de la paloma y la echó a volar……