carlos lopez dzur
Poeta que considera el portal su segunda casa
Tus palabras hablan para mí
como una otredad que me cautiva
y soy varón de nubes y gacelas
y bisontes y ciervos
y fuegos fatuos
y formas cuyas luces se apagan.
He sufrido con las breves penumbras
y el abismo oscuro.
Las viejas voces son horrendas
como el mordisco hostil de la culebra,
como el discurso
del cutre mugre que se pega a la piel
y es llaga, sin el mínimo indicio
de sus explicaciones.
De pronto... está tu voz
que tan diferentemente se estercola
con mi espanto,
tu dulce geografía
que tiene senos y ligeras caderas
y pies ágiles, tu voz
y tu pelo que se agita
con el viento y es alegría
que fluye por tu nuca
y brisa apresurada y caprichosa...
Y yo descubro mis ganas de besarte,
sin morderte y litar en tu piel
y sonar con tu voz,
inventando tambores.
Este hombre cavernario
quiere sílabas
y recuerdos que multipliquen el tañido
y el olor de tus greñas aromadas
y tu misterio con dulce geografía
y el campanario natural
de tus amores.
17-3-2000
http://carloslopezdzur.blogspot.com/2005_04_01_archive.html
como una otredad que me cautiva
y soy varón de nubes y gacelas
y bisontes y ciervos
y fuegos fatuos
y formas cuyas luces se apagan.
He sufrido con las breves penumbras
y el abismo oscuro.
Las viejas voces son horrendas
como el mordisco hostil de la culebra,
como el discurso
del cutre mugre que se pega a la piel
y es llaga, sin el mínimo indicio
de sus explicaciones.
De pronto... está tu voz
que tan diferentemente se estercola
con mi espanto,
tu dulce geografía
que tiene senos y ligeras caderas
y pies ágiles, tu voz
y tu pelo que se agita
con el viento y es alegría
que fluye por tu nuca
y brisa apresurada y caprichosa...
Y yo descubro mis ganas de besarte,
sin morderte y litar en tu piel
y sonar con tu voz,
inventando tambores.
Este hombre cavernario
quiere sílabas
y recuerdos que multipliquen el tañido
y el olor de tus greñas aromadas
y tu misterio con dulce geografía
y el campanario natural
de tus amores.
17-3-2000
http://carloslopezdzur.blogspot.com/2005_04_01_archive.html