Alfredo Munoz
Poeta recién llegado
En un susurro inaudible
nació el ansiar, engendro
del recuerdo y de tu voz.
Y creció el sentir con cada latir
de mi corazón.
Y albergue a esperanza;
como un comulgar de besos y alientos.
Dichoso alimento. Y fuego.
Y de mi alma, anhelo
Tal, que la llama, sin consumir:
aprendió a quemar.
Y abrace tu cuerpo.
Y aspire tu faz.
Y al besar tus labios;
¡Desperté al amar!
Y a sentirme ser:
del universo, agraciado
en mi renacer.
Tú, esencia, -como un desgarre
que tu presencia oblitera-
te hundes por mis entrañas
cómo un arado en la tierra.
Y en el surco de mi ansia
las semillas de tus besos
del cielo fueron vivencias
fecundadas
Por el ansiar tuyo y el latir gozoso
de tu corazón
poniendo en tus ojos
tan tierno el encanto
que tus labios tiemblan
tratando de hablar
Palabras que el alma
¡Huelga de escuchar!
La sobra el mirar tuyo, de fuego
y de agua y de tierra
mezclado con paz.
Y el callado estruendo
de tu respirar.
Sonrisas haladas
de cielo, de tierra y de mar.
En un gozo nupcial,
yo, fui bebiendo el intento
de amarte así y consentir:
Qué tú, de mi cuerpo hicieses
cómo abejita, colmena.
De dulce almíbar colmada,
donde venir a libar.
nació el ansiar, engendro
del recuerdo y de tu voz.
Y creció el sentir con cada latir
de mi corazón.
Y albergue a esperanza;
como un comulgar de besos y alientos.
Dichoso alimento. Y fuego.
Y de mi alma, anhelo
Tal, que la llama, sin consumir:
aprendió a quemar.
Y abrace tu cuerpo.
Y aspire tu faz.
Y al besar tus labios;
¡Desperté al amar!
Y a sentirme ser:
del universo, agraciado
en mi renacer.
Tú, esencia, -como un desgarre
que tu presencia oblitera-
te hundes por mis entrañas
cómo un arado en la tierra.
Y en el surco de mi ansia
las semillas de tus besos
del cielo fueron vivencias
fecundadas
Por el ansiar tuyo y el latir gozoso
de tu corazón
poniendo en tus ojos
tan tierno el encanto
que tus labios tiemblan
tratando de hablar
Palabras que el alma
¡Huelga de escuchar!
La sobra el mirar tuyo, de fuego
y de agua y de tierra
mezclado con paz.
Y el callado estruendo
de tu respirar.
Sonrisas haladas
de cielo, de tierra y de mar.
En un gozo nupcial,
yo, fui bebiendo el intento
de amarte así y consentir:
Qué tú, de mi cuerpo hicieses
cómo abejita, colmena.
De dulce almíbar colmada,
donde venir a libar.