Y aquella ave que atrapada estaba en su huevo, alzar las alas soñaba con deseo.
No estoy lista!! temblando, de miedo, no encontraba el valor, de extender sus alas y volar hasta el cielo.
Pasaban los días, el ave crecía, su belleza lucía y sus alas abría. Para romper aquella prisión que la detenía.
Y era libre y el viento sentía, entre sus alas extendidas y su canto resonaba y su belleza era apreciada, hasta aquel día. Que ella una jaula de oro prefería.
Era muy bella, era brillante y resplandecía, la pequeña ave dejó su cielo y su vuelo, por aquel hombre que en su jaula la admiraría.
Y el ave cantaba y el hombre aplaudía, y sus palabras la alagaban, ¡que dicha ella sentía!, y su mundo ya no era, el viento entre sus alas y su cielo ya no lo extrañaría, por qué aquel hombre siempre la mimaría.
Un día el hombre cansado de su canto estaba, él ya no la veía, su belleza comparaba con el cuadro, con la mesa o con la silla. Que más daba si el ave cantaba o volaba, a él ya nada le importaría.
Y el ave lloraba y el ave sufría, por que pasaban los años y su belleza perdía y su canto ya no entonaría con maestría.
La jaula no era de oro, solo relucía por el sol que de su cielo resplandecía, y el ave se preguntaba, ¿que haría?. Si aquel hombre ya no la quería, Ella podría regresar a su cielo y seguir con su vuelo. ¡Pero que ironía!
No estoy lista!! temblando, de miedo, no encontraba el valor, de extender sus alas y volar hasta el cielo.
Pasaban los días, el ave crecía, su belleza lucía y sus alas abría. Para romper aquella prisión que la detenía.
Y era libre y el viento sentía, entre sus alas extendidas y su canto resonaba y su belleza era apreciada, hasta aquel día. Que ella una jaula de oro prefería.
Era muy bella, era brillante y resplandecía, la pequeña ave dejó su cielo y su vuelo, por aquel hombre que en su jaula la admiraría.
Y el ave cantaba y el hombre aplaudía, y sus palabras la alagaban, ¡que dicha ella sentía!, y su mundo ya no era, el viento entre sus alas y su cielo ya no lo extrañaría, por qué aquel hombre siempre la mimaría.
Un día el hombre cansado de su canto estaba, él ya no la veía, su belleza comparaba con el cuadro, con la mesa o con la silla. Que más daba si el ave cantaba o volaba, a él ya nada le importaría.
Y el ave lloraba y el ave sufría, por que pasaban los años y su belleza perdía y su canto ya no entonaría con maestría.
La jaula no era de oro, solo relucía por el sol que de su cielo resplandecía, y el ave se preguntaba, ¿que haría?. Si aquel hombre ya no la quería, Ella podría regresar a su cielo y seguir con su vuelo. ¡Pero que ironía!
Última edición: