Era de sus ojos el mirar de fuego
Pasión sus rojos labios de azúcar
sus besos encanto, miel y almíbar
y en su pecho el corazón labriego.
Cuando miraba, nacía la delicia
plenitud amarla asi, gran dulzura
besarla despertando su ternura
nacía pura, limpia y sin malicia.
Insoportable del gran amor el ocaso
sus ojos encendidos de atardeceres
amor que jamás se dió por vencido.
Murió de pena en un enfermo abrazo,
ocultos de ti y de mi del ayer fulgores
cómo un camposanto de flores colorido.
L.O.D.M
agosto del 2006
cohelett