Dan_Z
Poeta recién llegado
No temo a la raíz de tu hermosura,
ni a la pernicia de tu desvastado corazón;
así es como eres, te detienes en la nubes oxidadas por el
agua,
y supuras por ráfagas tus melancolías en incisivas
hojas de amor dorado.
Sueles convertirte en la plebeya de tu propio esclavo,
y cazas con tus fonéticos recitales la atención de tu sol,
que sin tí... en pernuria vive, sueña y ama...
Si el miedo surgió al tus ojos recoplarse
en el sol tremebundo de tus noches,
y sin mayor nostalgia meditabas junto a él
las inmáculas elegías que de tu nochero habían sido.
Pero caes tras los pétalos de tus palabras
y avisas al viento en intervalos estruendosos
que has sido adoptada por tus intelectos universos,
colapsados hacia el peso de tinta, arena y estrellas.
Tu alegría ha sido inducida por algún dínamo,
y tu euforia magnéticamente sintetizada
por el dolor de mis palabras...
...y me acostumbré, y congelé mi corazón,
pero los caprichos del ímprobo poeta fueron ígnios,
sin ignífugo fue sometido todo
a la interperie del amor.
Nada había gélido en la ecúmene del
sentimentalista,
que sin anestesia ardía,
por devorar tu iconoplasta soledad.
Dan Zalavarria
11/01/2016
22:11 pm
ni a la pernicia de tu desvastado corazón;
así es como eres, te detienes en la nubes oxidadas por el
agua,
y supuras por ráfagas tus melancolías en incisivas
hojas de amor dorado.
Sueles convertirte en la plebeya de tu propio esclavo,
y cazas con tus fonéticos recitales la atención de tu sol,
que sin tí... en pernuria vive, sueña y ama...
Si el miedo surgió al tus ojos recoplarse
en el sol tremebundo de tus noches,
y sin mayor nostalgia meditabas junto a él
las inmáculas elegías que de tu nochero habían sido.
Pero caes tras los pétalos de tus palabras
y avisas al viento en intervalos estruendosos
que has sido adoptada por tus intelectos universos,
colapsados hacia el peso de tinta, arena y estrellas.
Tu alegría ha sido inducida por algún dínamo,
y tu euforia magnéticamente sintetizada
por el dolor de mis palabras...
...y me acostumbré, y congelé mi corazón,
pero los caprichos del ímprobo poeta fueron ígnios,
sin ignífugo fue sometido todo
a la interperie del amor.
Nada había gélido en la ecúmene del
sentimentalista,
que sin anestesia ardía,
por devorar tu iconoplasta soledad.
Dan Zalavarria
11/01/2016
22:11 pm