Alfredo Munoz
Poeta recién llegado
¿Dime amor?
Tú y yo
¿Somos acaso otra cosa sino uno?
Más allá de cien y mil palabras confusas
O llenas de sabiduría, está él. ¡Amor!
Con su intangible y efervescente solidaridad
Y su perenne compañera. Absoluta.
¡Sublimemente generosa!
Caridad.
Y tú y yo, amor
¿Somos acaso otra cosa sino uno?
Detrás del inefable telón del saber,
Está mi amor.
Y guardando la llave de todas las esencias,
De todos los universos
Estas tú. Mujer. Solo tú.
Y aquí, en mi medula,
Palpitando e impregnándola de ternura,
Magnificencia, belleza y potestad
De hembra, también estas tú
Tendiéndome tu mano.
Sonriéndome
Como un reluciente querubín
Revestida con las traslúcidas vestiduras
Con que el amor inviste
A todas las criaturas que sustentan su reino.
Mujer ¡Tanta ternura en esa tu estirpe!
Belleza misma esta eternamente embebida
Del tierno gesto de tú mano
Requiriendo
Esa otra que fortaleces,
Dignificas y ennobleces.
En ese gesto tuyo, tan sereno y humilde
Como soberano,
Yo, me fortalezco ofreciéndome dispuesto.
Y para merecerte:
Me inmolo diariamente para
Servirte. Reengendrado y nuevo.
Enamorándome de la realidad que me sustenta.
Tú y yo
¿Somos acaso otra cosa sino uno?
Más allá de cien y mil palabras confusas
O llenas de sabiduría, está él. ¡Amor!
Con su intangible y efervescente solidaridad
Y su perenne compañera. Absoluta.
¡Sublimemente generosa!
Caridad.
Y tú y yo, amor
¿Somos acaso otra cosa sino uno?
Detrás del inefable telón del saber,
Está mi amor.
Y guardando la llave de todas las esencias,
De todos los universos
Estas tú. Mujer. Solo tú.
Y aquí, en mi medula,
Palpitando e impregnándola de ternura,
Magnificencia, belleza y potestad
De hembra, también estas tú
Tendiéndome tu mano.
Sonriéndome
Como un reluciente querubín
Revestida con las traslúcidas vestiduras
Con que el amor inviste
A todas las criaturas que sustentan su reino.
Mujer ¡Tanta ternura en esa tu estirpe!
Belleza misma esta eternamente embebida
Del tierno gesto de tú mano
Requiriendo
Esa otra que fortaleces,
Dignificas y ennobleces.
En ese gesto tuyo, tan sereno y humilde
Como soberano,
Yo, me fortalezco ofreciéndome dispuesto.
Y para merecerte:
Me inmolo diariamente para
Servirte. Reengendrado y nuevo.
Enamorándome de la realidad que me sustenta.