¿Cómo se cura el alma?.
¿Alguien lo sabe?.
¿Cómo se encuentra la calma?.
¿Con jarabe?.
¿Cómo se olvida el dolor,
tormenta amarga sin cielo
que llora sobre mi pelo?.
¿Con calor?.
¿Cómo se borra el ocaso?.
¿Cómo se convierten en nada
las costuras del fracaso?.
¿Con pomada?.
“¡Lo sabemos!”, dicen los sabios.
“¡Tu cura para el alma,
el ungüento que calma,
es el beso de otros labios!”.