Ofiuco
Poeta recién llegado
Más allá de las montañas
ya firme se levanta
el lucero de tu rostro,
rodeado por la noche oscura
tu luna resulta
benévola expresión del buen gusto
A lo lejos el viento,
apenas un susurro
de tus labios proviniente
guía hasta el tesoro
escondido allí en poniente.
cruzando la calma de tu vientre
desdichado perderá el decoro
aquél que en tus muslos se adentre
perdido como su mundo
acabará el pícaro
cuál su destino, moribundo
aprenderá cuán caro,
equivocarse en el amor resulta.
Pagará su pasión en prenda
a modo de multa.
Hasta que por fin comprenda
que tan bella mujer no es cierta
sino un vivido sueño de amanecer.
La acogerá con el alma abierta
de par en par sin entender
que nunca podrá tenerla,
que cada mañana volverá,
a perderla
y no hay nada que pueda hacer.
ya firme se levanta
el lucero de tu rostro,
rodeado por la noche oscura
tu luna resulta
benévola expresión del buen gusto
A lo lejos el viento,
apenas un susurro
de tus labios proviniente
guía hasta el tesoro
escondido allí en poniente.
cruzando la calma de tu vientre
desdichado perderá el decoro
aquél que en tus muslos se adentre
perdido como su mundo
acabará el pícaro
cuál su destino, moribundo
aprenderá cuán caro,
equivocarse en el amor resulta.
Pagará su pasión en prenda
a modo de multa.
Hasta que por fin comprenda
que tan bella mujer no es cierta
sino un vivido sueño de amanecer.
La acogerá con el alma abierta
de par en par sin entender
que nunca podrá tenerla,
que cada mañana volverá,
a perderla
y no hay nada que pueda hacer.