Margarita Díaz Mora
Poeta recién llegado
Si yo ponía los ojos,
tú los llenabas con mirada;
y si yo ponía mirada,
tú donabas el resplandor de tus dos ojos.
Si yo ponía la voz,
tú cooperabas con silencio;
y si yo callaba,
tú cantabas la melodía del alma
que anidaba en mi boca.
Si yo doné las manos,
tú pusiste la fuerza;
si yo ofrecí los pies,
tú fuiste abriendo el camino.
Cuando enseñaba los dientes,
tú hacías aparecer una sonrisa;
y cuando lloraba,
tú secabas mis lágrimas
con la ternura de la brisa.
Si yo no comprendí,
tú compensaste;
si yo ofrecí mi cuerpo,
tú me donaste el alma.
Si yo era tempestad,
tú eras rocío;
remanso de verdad
donde encontrar la calma
Si yo me sentí pájaro,
tú me ofreciste el cielo;
el infinito inmenso
que encerraste en tus brazos.
Cuando me sentí barco a la deriva,
me brindaste tu puerto,
me tiraste tus lazos
Cuando yo fui la espina,
tú supiste ser rosa;
cuando yo fui la duda,
tú te volviste comprensión
Qué importa lo que nos dimos
si nos lo dimos todo.
Yo puse el firmamento
y tú su resplandor.
Yo puse el mar en calma,
tú le diste la espuma;
yo puse el pensamiento
y tú lo llenaste con canción
Y el amor era nuestro,
y el mundo era pequeño;
era nuestra la noche,
nos pertenecía el color,
la música y el tiempo,
el universo entero
no encerró la belleza
de nuestro gran amor.
Y fue nuestra
-muy nuestra-
tu agonía entre los vivos;
preludio irreparable
de la separación
Y yo puse el dolor,
y tú el coraje
Tú pusiste la Muerte,
y yo puse la Flor
Margarita Díaz Mora
tú los llenabas con mirada;
y si yo ponía mirada,
tú donabas el resplandor de tus dos ojos.
Si yo ponía la voz,
tú cooperabas con silencio;
y si yo callaba,
tú cantabas la melodía del alma
que anidaba en mi boca.
Si yo doné las manos,
tú pusiste la fuerza;
si yo ofrecí los pies,
tú fuiste abriendo el camino.
Cuando enseñaba los dientes,
tú hacías aparecer una sonrisa;
y cuando lloraba,
tú secabas mis lágrimas
con la ternura de la brisa.
Si yo no comprendí,
tú compensaste;
si yo ofrecí mi cuerpo,
tú me donaste el alma.
Si yo era tempestad,
tú eras rocío;
remanso de verdad
donde encontrar la calma
Si yo me sentí pájaro,
tú me ofreciste el cielo;
el infinito inmenso
que encerraste en tus brazos.
Cuando me sentí barco a la deriva,
me brindaste tu puerto,
me tiraste tus lazos
Cuando yo fui la espina,
tú supiste ser rosa;
cuando yo fui la duda,
tú te volviste comprensión
Qué importa lo que nos dimos
si nos lo dimos todo.
Yo puse el firmamento
y tú su resplandor.
Yo puse el mar en calma,
tú le diste la espuma;
yo puse el pensamiento
y tú lo llenaste con canción
Y el amor era nuestro,
y el mundo era pequeño;
era nuestra la noche,
nos pertenecía el color,
la música y el tiempo,
el universo entero
no encerró la belleza
de nuestro gran amor.
Y fue nuestra
-muy nuestra-
tu agonía entre los vivos;
preludio irreparable
de la separación
Y yo puse el dolor,
y tú el coraje
Tú pusiste la Muerte,
y yo puse la Flor
Margarita Díaz Mora