Robsalz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Vistió los santos de negro luto,
cargó tres velas para pedir un favor,
multiplicó el diezmo, a cinco por minuto
y cuando ya era tarde, se acordaba del amor.
Barría los pisos, con huellas pasajeras,
fue monaguilla en la misa del domingo,
cambió de religión, para colgar ojeras
y bebió un cognac para brindar a un viejo amigo.
¿De qué vas?, te conozco y no eras santa,
mis diabluras te animaban,
mojábamos el colchón bajo la manta
y los deseos nos llamaban.
Conociste a un dios que te alejó de mí,
nos resignamos a un "adiós" tieso en la calle,
resultó que otro se acuesta junto a ti
y te cree profeta, vaya ¡qué lujo de detalle!.
Te hubiera perdonado un cambio de apellido,
habría aceptado que fueras para Dios,
pero me entero que sigues con el corazón dolido
calentando bancas, y ahora no doy ni un adiós.
Y ahora me ves, con risa incluso un día feriado,
arrepentida quieres saludarme y no oigo bien,
disculpe, usted, no juego de abogado,
pero mi boca, ya tiene de quién ser rehén.
cargó tres velas para pedir un favor,
multiplicó el diezmo, a cinco por minuto
y cuando ya era tarde, se acordaba del amor.
Barría los pisos, con huellas pasajeras,
fue monaguilla en la misa del domingo,
cambió de religión, para colgar ojeras
y bebió un cognac para brindar a un viejo amigo.
¿De qué vas?, te conozco y no eras santa,
mis diabluras te animaban,
mojábamos el colchón bajo la manta
y los deseos nos llamaban.
Conociste a un dios que te alejó de mí,
nos resignamos a un "adiós" tieso en la calle,
resultó que otro se acuesta junto a ti
y te cree profeta, vaya ¡qué lujo de detalle!.
Te hubiera perdonado un cambio de apellido,
habría aceptado que fueras para Dios,
pero me entero que sigues con el corazón dolido
calentando bancas, y ahora no doy ni un adiós.
Y ahora me ves, con risa incluso un día feriado,
arrepentida quieres saludarme y no oigo bien,
disculpe, usted, no juego de abogado,
pero mi boca, ya tiene de quién ser rehén.