quemado por el azufre,
dejando correr la cicuta
que escurre por sus cuencas vacías
en un alarde de indiferencia
el hombre sigue tropezando
los pasos sin destino,
después de ser declarado muerto
por una prenda desgarrada,
pasaron a ser el motivo
de un viaje sin prisa ni dilación
desprovisto de nombre y familia
sus heridas supuran indiferencia
tal vez al rumiar la misma bilis
que regurgita con cada recuerdo