Abraham Ferreira Khalil
Poeta recién llegado
Con el llanto en las manos recogido
regresas. Un navío de penumbra
descarga el testimonio que me alumbra
en vigilia y olvido.
Con el llanto en las manos un momento
asoma a mi mejilla, asustadizo,
perdiéndose en sonado pasadizo,
colmena y pensamiento.
Un punto rutilante de la muerte
los hilos de tu aroma va hilvanando
mientras mi corazón, serpenteando,
pugna por retenerte.
Pero hay leyendas, vísperas y asilos;
florestas en tu rostro descubiertas
y umbrales que presagian nuevas puertas
a deslices tranquilos.
El hálito sesgado ha de quedarte
grabado como sello inamovible
en esa confianza que, invisible,
nos cubre parte a parte.
Guíame por estrecha llamarada
al centro huracanado de tu hoguera
donde arde conmovida la ladera
de gritos coronada.
Vendrás con otras lágrimas; ardores
de paz crepuscular serán mi fruto
caído en los presidios del minuto
por soplos redentores.
Con el llanto en las manos recogido
vendrás a despojarme de tus luces
y a imponerme el despecho de otras cruces
con desvelo fingido.
Y el hálito sesgado ha de quedarte,
y ha de quedarme un sólo pasadizo
perdido por las sendas de tu hechizo
sin poder encontrarte.
Quedarán en mis manos turbios llantos
que enjugarán los soplos de la aurora;
quedará nuestra espada vengadora
venciendo los espantos.
El suave invierno brillará soñado;
verán mis ojos su fugaz desierto
y me guiará su brillo más incierto
al pozo regalado.
Con el llanto en las manos recogido
regresas y un naufragio de penumbra
descarga el testimonio que me alumbra
para siempre en olvido.
© Abraham Ferreira Khalil
regresas. Un navío de penumbra
descarga el testimonio que me alumbra
en vigilia y olvido.
Con el llanto en las manos un momento
asoma a mi mejilla, asustadizo,
perdiéndose en sonado pasadizo,
colmena y pensamiento.
Un punto rutilante de la muerte
los hilos de tu aroma va hilvanando
mientras mi corazón, serpenteando,
pugna por retenerte.
Pero hay leyendas, vísperas y asilos;
florestas en tu rostro descubiertas
y umbrales que presagian nuevas puertas
a deslices tranquilos.
El hálito sesgado ha de quedarte
grabado como sello inamovible
en esa confianza que, invisible,
nos cubre parte a parte.
Guíame por estrecha llamarada
al centro huracanado de tu hoguera
donde arde conmovida la ladera
de gritos coronada.
Vendrás con otras lágrimas; ardores
de paz crepuscular serán mi fruto
caído en los presidios del minuto
por soplos redentores.
Con el llanto en las manos recogido
vendrás a despojarme de tus luces
y a imponerme el despecho de otras cruces
con desvelo fingido.
Y el hálito sesgado ha de quedarte,
y ha de quedarme un sólo pasadizo
perdido por las sendas de tu hechizo
sin poder encontrarte.
Quedarán en mis manos turbios llantos
que enjugarán los soplos de la aurora;
quedará nuestra espada vengadora
venciendo los espantos.
El suave invierno brillará soñado;
verán mis ojos su fugaz desierto
y me guiará su brillo más incierto
al pozo regalado.
Con el llanto en las manos recogido
regresas y un naufragio de penumbra
descarga el testimonio que me alumbra
para siempre en olvido.
© Abraham Ferreira Khalil