Maktú
Poeta que considera el portal su segunda casa
Dejó a la eternidad su bien preciado,
lo tibio de su piel, su amor gigante,
la fe que le quedaba por delante
y el aire de su pecho enamorado.
Con desesperación se vio alcanzado
por la temprana muerte espeluznante,
por una soledad apabullante
que lo dejó inservible y malparado.
Con ella se marchó su sonajero
de rostro angelical... Y su alegría,
el beso, la mirada y su sendero.
Tiró a la sinrazón su cada día
y hoy llora moribundo un aguacero
maldito donde moja su agonía.
lo tibio de su piel, su amor gigante,
la fe que le quedaba por delante
y el aire de su pecho enamorado.
Con desesperación se vio alcanzado
por la temprana muerte espeluznante,
por una soledad apabullante
que lo dejó inservible y malparado.
Con ella se marchó su sonajero
de rostro angelical... Y su alegría,
el beso, la mirada y su sendero.
Tiró a la sinrazón su cada día
y hoy llora moribundo un aguacero
maldito donde moja su agonía.
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