Con mis propias manos
Destruí mis recuerdos,
Uno a uno cayeron ante
Mis ojos, uno a uno
Los enterré en el silencio,
Más oscuro y frio de
Mi corazón.
Por entre mis dedos
Se derramaron palabras
Manchadas y manoseadas,
Una tras otra caían como
Sutiles y secas hojas
Que se enmudecían al pisarlas,
Hojas de un viejo árbol plantado
En el olvido.
Recuerdo tras recuerdo
Mis manos se entumecían
Manchadas por el color de las
Imágenes, que se desvanecían
Entre mis puños.
Sin misericordia y con la mente
Fría, no deje rastro alguno,
Mis ojos vieron caer
Tu recuerdo en
El olvido.