En mi mente inundada de odio,
como gota de tinta,
una lagrima tapando tu rostro,
estrellé,
y sobre mi corazón vestido,
por la blanca tela de la nada,
con furia estampé los encuentros,
todos...
entre faldas de olvido.
En la desidia y desazón,
heridas cocí despierto,
tragándose mis noches, hora tras hora,
un mar de minutos huecos.
Años pasaron,
y hoy
mirando caído como árbol talado,
asomado bajo la alfombra descubro,
musgo de primavera,
tu sombra.
Inesperados pensamientos me invaden,
y del odio que acuestas ciego llevé,
tu imagen pura conmigo pacta,
dejar que nazca profundo el deseo,
de encontrarte otra vez.
Si a enfrentarte me animo,
sabiendo que por quererte me hundiste,
lo que de vida me quede,
como ancla sería a tu lado,
si viva reflotas mi alma,
despegando de mi todo el odio,
y mi propia mentira,
se rinde ante éste amor,
aún intacto.