BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Huyes, huyes,
están destruyendo tu carne
viejos pipiolos que acarician
tu nombre con la palabra muerte
emblema de sus frentes
concupiscencia de las fuentes atacadas
de cirrosis.
Huyen los enemigos de las bestias
praderas asesinadas por los vestigios de las catedrales
ese desvalimiento que contemplan los haraganes
en su convicción de nube o sol mitigado.
hay gente que muere pequeña en todas partes
pequeños ladridos de opacas flores
y se mueren de su propia rabia escondida
en las bombillas de los porches, las estrellas se reflejan
dejan su luz de carcomidas mariposas
comen su escalera de caracol con tripas
o disueltas ya sus cabezas como estiércol
vacían sus estanques de plenas marionetas
textiles y abotargados sexos, testículos de la más
completa gloria, tabernáculos que oprimen con fuerza
un pecho contra su delirio microscópico,
yo miro, la larga letanía de cuerpos sucintos que esperan
su brusquedad de espíritus sin fósil o excremento
pintar la encalada ocupación de un fértil territorio
con sus propias pisadas de muerte,
de ocupación y muerte.
Tienes demasiadas lágrimas
camino del paredón junto al hervidero de tristeza
las espigas han crecido estériles y hombrunas
y comen de tu mano pastores imbéciles y nocturnos.
©
están destruyendo tu carne
viejos pipiolos que acarician
tu nombre con la palabra muerte
emblema de sus frentes
concupiscencia de las fuentes atacadas
de cirrosis.
Huyen los enemigos de las bestias
praderas asesinadas por los vestigios de las catedrales
ese desvalimiento que contemplan los haraganes
en su convicción de nube o sol mitigado.
hay gente que muere pequeña en todas partes
pequeños ladridos de opacas flores
y se mueren de su propia rabia escondida
en las bombillas de los porches, las estrellas se reflejan
dejan su luz de carcomidas mariposas
comen su escalera de caracol con tripas
o disueltas ya sus cabezas como estiércol
vacían sus estanques de plenas marionetas
textiles y abotargados sexos, testículos de la más
completa gloria, tabernáculos que oprimen con fuerza
un pecho contra su delirio microscópico,
yo miro, la larga letanía de cuerpos sucintos que esperan
su brusquedad de espíritus sin fósil o excremento
pintar la encalada ocupación de un fértil territorio
con sus propias pisadas de muerte,
de ocupación y muerte.
Tienes demasiadas lágrimas
camino del paredón junto al hervidero de tristeza
las espigas han crecido estériles y hombrunas
y comen de tu mano pastores imbéciles y nocturnos.
©