Con tu carne y la mía
Pedro Salinas
Desgarrada la tarde
y los velos del aire
y la luz tronchada
y la brisa deshecha bajo el temblor de la noche.
Se cubren de inviernos la lluvia, los ríos
y las calles cayendo sobre ellos.
Y un sollozo que ciñe el beso lejano
y las horas pobladas
y las ingles desiertas
y la edad vacía donde nos posamos, donde nos leemos.
Siete veces, esa sombra de sombras,
pretende domar los silencios
y los sueños viejos
y la piel sin manos
y las margaritas
y la sangre amarilla en su palpitar.
Retrocede la aurora que la noche consume hasta que el dolor
y la carne
y las nubes sin agua
y los cuerpos sin nombre
y la zarza
y la espina
y el afán de luna rompan el poniente.
Cuánto pesa la noche, ah, si me vieras apuntalando
la muerte con palabras, desesperado,
con tu carne y la mía en estos versos.
Pedro Salinas
Desgarrada la tarde
y los velos del aire
y la luz tronchada
y la brisa deshecha bajo el temblor de la noche.
Se cubren de inviernos la lluvia, los ríos
y las calles cayendo sobre ellos.
Y un sollozo que ciñe el beso lejano
y las horas pobladas
y las ingles desiertas
y la edad vacía donde nos posamos, donde nos leemos.
Siete veces, esa sombra de sombras,
pretende domar los silencios
y los sueños viejos
y la piel sin manos
y las margaritas
y la sangre amarilla en su palpitar.
Retrocede la aurora que la noche consume hasta que el dolor
y la carne
y las nubes sin agua
y los cuerpos sin nombre
y la zarza
y la espina
y el afán de luna rompan el poniente.
Cuánto pesa la noche, ah, si me vieras apuntalando
la muerte con palabras, desesperado,
con tu carne y la mía en estos versos.
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