CONCIERTO CON CISNE BLANCO
La tracería era nube voluptuosa
gemido de gasa o arritmia de azucenas
Las volutas descarnadas desprendían escamas de azabache
burbujas espejeantes como mujeres encintas
Rebotaban en ellas -estremecidas de ecos-
los violines escapados de sus fundas.
Era Mozart o su espíritu
Eran Juan Sebastían y sus alborotos serenos
Eran las luces matizadas para el mayor placer del beso
Burbujas livianas como esferas vacías
irisaciones volátiles que se perdían sin futuro
Fuera los jardines suspiraban a través de folías imprecisas.
La suprema elegancia del blanco cisne
que se pierde tras la fuente después de su cópula con Leda
Atractivo irresistible de aquellas plumas
que acarician la sustancia del deseo.
Ciegamente el río se desborda y arrastra en su ceguera
las pamelas adornadas con violetas
mientras la ciudad solloza por la pérdida de su inocencia.
Alabastrinas cubiertas para palacios vacíos
Ventanas con ajimez y vitrales con losanges.
Suenan clavicémbalos y los asfodelos se inclinan
ante la majestad de los coros
Aquel concierto sin músicos
sólo las viejas alondras expertas en el embeleso
declamaron desde las alturas de las que pendían crespones
aquellos sones trinados aquellos fastos sonoros.
Burbujas evanescentes
efímeros azules sobre chales
que ocultan vientres de canónica curvatura
La elegancia de la fuerza apenas manifestada
deja el caballo en su trote y hadas le prestan sus alas
Resplandecen desde el bosque las armaduras de los viejos caballeros
o pedernales que en su masa guardan la esencia del fuego.
Pero callemos por un momento mientras descienden
rodando montaña abajo los ecos de las canciones
Marineros y prostitutas desgreñadas reclaman irreverentes
la belleza perdida en los desvanes o en sentinas de barcos que nunca llegan.
Detrás del espejo enmohecido la Belleza se oculta avergonzada.
El espejo vítreo veneno para humillar a quienes
acaba de llegar del cielo.
Prosigamos el deleite del concierto...
Ilust.: S/T
La tracería era nube voluptuosa
gemido de gasa o arritmia de azucenas
Las volutas descarnadas desprendían escamas de azabache
burbujas espejeantes como mujeres encintas
Rebotaban en ellas -estremecidas de ecos-
los violines escapados de sus fundas.
Era Mozart o su espíritu
Eran Juan Sebastían y sus alborotos serenos
Eran las luces matizadas para el mayor placer del beso
Burbujas livianas como esferas vacías
irisaciones volátiles que se perdían sin futuro
Fuera los jardines suspiraban a través de folías imprecisas.
La suprema elegancia del blanco cisne
que se pierde tras la fuente después de su cópula con Leda
Atractivo irresistible de aquellas plumas
que acarician la sustancia del deseo.
Ciegamente el río se desborda y arrastra en su ceguera
las pamelas adornadas con violetas
mientras la ciudad solloza por la pérdida de su inocencia.
Alabastrinas cubiertas para palacios vacíos
Ventanas con ajimez y vitrales con losanges.
Suenan clavicémbalos y los asfodelos se inclinan
ante la majestad de los coros
Aquel concierto sin músicos
sólo las viejas alondras expertas en el embeleso
declamaron desde las alturas de las que pendían crespones
aquellos sones trinados aquellos fastos sonoros.
Burbujas evanescentes
efímeros azules sobre chales
que ocultan vientres de canónica curvatura
La elegancia de la fuerza apenas manifestada
deja el caballo en su trote y hadas le prestan sus alas
Resplandecen desde el bosque las armaduras de los viejos caballeros
o pedernales que en su masa guardan la esencia del fuego.
Pero callemos por un momento mientras descienden
rodando montaña abajo los ecos de las canciones
Marineros y prostitutas desgreñadas reclaman irreverentes
la belleza perdida en los desvanes o en sentinas de barcos que nunca llegan.
Detrás del espejo enmohecido la Belleza se oculta avergonzada.
El espejo vítreo veneno para humillar a quienes
acaba de llegar del cielo.
Prosigamos el deleite del concierto...
Ilust.: S/T
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