cristobal monzon lemus
Poeta que considera el portal su segunda casa
La miraba como a toda gente, pensando ;
ella, así, lo hacía, mientras oficiaba.
Más su mirada, era ardiente, de ello no
me daba cuenta.
Allí estaba de rodillas, todos los días; su
sonrisa, manos piadosas, observándome
con su mirada,
Alguna vez, tocó mis manos con las suyas,
temblando , cuando le daba la hostia sagrada.
Verla se me hizo costumbre: necesidad tocarle
sus manos. Sentir su sonrisa; mirada ojos claros.
Confieso padre me dijo, en el confesionario:
usted mi primer amor, justo a mis 15 años.
Sé, que es pecado, pero prefiero castigo
a cambio de su cariño.
Es una prueba de mi fe, me dije; raíz de mis
creencias, donde emerge la esencia, balance
de mi conciencia; espejo, donde se mira
profundidad; del amor, virtud sin condiciones.
Pero amando ese amor, que me profesa, es unir
misterio ,trinidad de esa agonía, conjunción
un solo Dios, ella y yo, coincidencia igualitaria,
amor inmaculado.
Bendito sea el amor, como el agua pura y cristalina,
transparente, saludable, en una gota; donde: Él,
ella y yo, estamos dentro, para siempre, en un mundo
transparente sin pecado.