frank c.
Poeta adicto al portal
confesión
Querida, que te encajas en la carne y en el alma
caricia de la briza o un sueño hecho de viento
que corres por mi sangre como una mar en calma
y le das esperanza a mi cuerpo sediento.
Tus ojos son la luz del dios que yo profeso
milenarias esferas, botones de una rosa,
ignoras que te amo pero hoy te lo confieso
te amo como a nadie mi pequeña preciosa.
Y si de esta confesión te surgiese una duda,
es normal dudar de mí, ¡no me conoces!
¡soy aquel solitario, el que nunca saluda!
y esconde sus secreto de las bípedas voces.
Siento que las estrellas se encuentran de mi lado
pues tú me sonreíste y me mire en tus ojos
Me dijiste un ¡si! -El que tanto he anhelado-
te acercaste a mi... Bese tus labios rojos.
Querida, que te encajas en la carne y en el alma
caricia de la briza o un sueño hecho de viento
que corres por mi sangre como una mar en calma
y le das esperanza a mi cuerpo sediento.
Tus ojos son la luz del dios que yo profeso
milenarias esferas, botones de una rosa,
ignoras que te amo pero hoy te lo confieso
te amo como a nadie mi pequeña preciosa.
Y si de esta confesión te surgiese una duda,
es normal dudar de mí, ¡no me conoces!
¡soy aquel solitario, el que nunca saluda!
y esconde sus secreto de las bípedas voces.
Siento que las estrellas se encuentran de mi lado
pues tú me sonreíste y me mire en tus ojos
Me dijiste un ¡si! -El que tanto he anhelado-
te acercaste a mi... Bese tus labios rojos.