Fabiola Montes
Poeta asiduo al portal
Sí, lo admito,
hoy me envolví en sus brazos,
hice míos sus labios y dejé que me tomara
como toma las montañas el ocaso:
para sucumbir entrelazados.
Mentiría sino admito que vibró
cada rincón de mi ser,
que fue un gozoso encuentro.
Y mentiría también
si digo que no estuviste presente
en todos y cada uno de mis pensamientos.
Que desee que fueran tuyos sus labios
y que fueran tus manos
las que me recorrieran en caricias.
Mentiría sino digo que añore ver tu rostro
y beber de tu aliento en cada gesto,
en cada momento,
porque a la gloria perfecta
la conocí contigo
en esa burbuja de momentos que construímos
y en la que sólo los dos existimos
lejos de todos,
ajenos al mundo
siendo ambos fundidos
todo el universo.
Estuve con él.
Lo confieso.
Pero nunca fui suya
porque te pertenezco.
hoy me envolví en sus brazos,
hice míos sus labios y dejé que me tomara
como toma las montañas el ocaso:
para sucumbir entrelazados.
Mentiría sino admito que vibró
cada rincón de mi ser,
que fue un gozoso encuentro.
Y mentiría también
si digo que no estuviste presente
en todos y cada uno de mis pensamientos.
Que desee que fueran tuyos sus labios
y que fueran tus manos
las que me recorrieran en caricias.
Mentiría sino digo que añore ver tu rostro
y beber de tu aliento en cada gesto,
en cada momento,
porque a la gloria perfecta
la conocí contigo
en esa burbuja de momentos que construímos
y en la que sólo los dos existimos
lejos de todos,
ajenos al mundo
siendo ambos fundidos
todo el universo.
Estuve con él.
Lo confieso.
Pero nunca fui suya
porque te pertenezco.