Howl&Dream
Poeta recién llegado
Ahora ¿Qué sendero debo tomar?
Si cada uno me conduce a un destino fatal,
Uno del cual no podre escapar jamás.
La niebla va nublando mi visión,
Cada paso me acerca más al borde del abismo.
Ya no queda solución,
Me he perdido en el camino.
Ya no existe una luz que me guie
Mucho menos guardián que me proteja;
Tan solitario como luna sin estrellas,
Como príncipe sin doncella.
¡Oh dulce señora del velo negro!
¿Por qué atormentarme con tan larga espera?
Trae tu hoz, corta el hilo de mi vida
Acaba con la agonía que tanto me envenena
Para que soñar con una salvación
Si mi condena está escrita siglos atrás,
Cuando el designio de la maldición
Me llevo a romper los límites de la mortalidad.
Cuanto no daría para poder recordar
Que se siente la gloria de la libertad,
Pues mi ser ahora es esclavo
De un tirano milenario: mi instinto animal.
¿Acaso ya no hay marcha atrás?
Mi destino tan solo me depara dolor y soledad.
Aunque sé que todo está perdido,
Pareciera que tengo fe, para creer en algo más.
Puede que sea tarde
Pues ningún amanecer me quiere perdonar,
A sí que mi único cobijo son aquellas sombras
Que danzan tranquilas en la total oscuridad.
¿Cómo buscar consuelo en alguien más Cuando nadie me conoce de verdad?
¿Cómo comprender este desvelo perpetuo,
Sí no entienden este dolor infernal?
Anhelo terminar un día con esta maldición
Aunque claro está que así mi fin llegara.
No tengo mucho que perder,
Pero tampoco nada que ganar.
Mis martirios parecen no tener un final,
Pues mis actos salvajes han sido.
Tantos son, que si fueran gotas de sangre
Llenarían mil veces cualquier endeble infinito.
Más no condenen mi alma,
Pues mis intenciones no eran estas.
La historia de mi desdén,
Yace a los pies de una blanca dama.
Ella lo era todo para mí,
No había limites pensables para ese amor.
Pero un día la muerte nos separo
Y allí todo el tormento empezó:
Por buscar que su descanso fuera eterno
Decidí ceder mi alma a otras fuerzas.
A si pues, la felicidad tiene un precio
El alma del amor que tanto deseas.
Pero jamás me arrepiento de este sacrificio,
Pues por muy grande que sea el suplicio
Siempre es gratamente reconfortante,
Saber que ella vive en el paraíso.
No queda mucho más que hacer,
Seguiré pues andando como alma errante,
Hasta que la justicia divina entienda
Que solo cometí un error: amarte.
Si cada uno me conduce a un destino fatal,
Uno del cual no podre escapar jamás.
La niebla va nublando mi visión,
Cada paso me acerca más al borde del abismo.
Ya no queda solución,
Me he perdido en el camino.
Ya no existe una luz que me guie
Mucho menos guardián que me proteja;
Tan solitario como luna sin estrellas,
Como príncipe sin doncella.
¡Oh dulce señora del velo negro!
¿Por qué atormentarme con tan larga espera?
Trae tu hoz, corta el hilo de mi vida
Acaba con la agonía que tanto me envenena
Para que soñar con una salvación
Si mi condena está escrita siglos atrás,
Cuando el designio de la maldición
Me llevo a romper los límites de la mortalidad.
Cuanto no daría para poder recordar
Que se siente la gloria de la libertad,
Pues mi ser ahora es esclavo
De un tirano milenario: mi instinto animal.
¿Acaso ya no hay marcha atrás?
Mi destino tan solo me depara dolor y soledad.
Aunque sé que todo está perdido,
Pareciera que tengo fe, para creer en algo más.
Puede que sea tarde
Pues ningún amanecer me quiere perdonar,
A sí que mi único cobijo son aquellas sombras
Que danzan tranquilas en la total oscuridad.
¿Cómo buscar consuelo en alguien más Cuando nadie me conoce de verdad?
¿Cómo comprender este desvelo perpetuo,
Sí no entienden este dolor infernal?
Anhelo terminar un día con esta maldición
Aunque claro está que así mi fin llegara.
No tengo mucho que perder,
Pero tampoco nada que ganar.
Mis martirios parecen no tener un final,
Pues mis actos salvajes han sido.
Tantos son, que si fueran gotas de sangre
Llenarían mil veces cualquier endeble infinito.
Más no condenen mi alma,
Pues mis intenciones no eran estas.
La historia de mi desdén,
Yace a los pies de una blanca dama.
Ella lo era todo para mí,
No había limites pensables para ese amor.
Pero un día la muerte nos separo
Y allí todo el tormento empezó:
Por buscar que su descanso fuera eterno
Decidí ceder mi alma a otras fuerzas.
A si pues, la felicidad tiene un precio
El alma del amor que tanto deseas.
Pero jamás me arrepiento de este sacrificio,
Pues por muy grande que sea el suplicio
Siempre es gratamente reconfortante,
Saber que ella vive en el paraíso.
No queda mucho más que hacer,
Seguiré pues andando como alma errante,
Hasta que la justicia divina entienda
Que solo cometí un error: amarte.