Alex Courant
Poeta adicto al portal
En el vestido rojo de tu aliento
ebrio el crepúsculo borda la tarde,
el agua dormida tu azúcar apea,
pétalos de insomnio, largos pétalos,
cubren del sueño a la fulgurante llama
que en tu humedad, solemne, se despierta.
En tus labios está el rostro del rubí,
el espigado busto del cielo,
en tu boca el arenal donde el mar,
transparente, se sosiega.
Un collar de aves ciñe con sus cuentas
la esbelta cintura de tu susurro,
ocarinas de ángeles encuentran su música
en el cuerpo absuelto de tu gemido.
Empalma tu voz a mi voz,
de línea a línea, igual a las hiedras
que se enredan juntas en el muro,
igual a los ojos del viento
que caminan descalzos por la tierra.
Navega a mi lengua, a mis dientes,
a este lecho de sílaba desnuda.
Y deja caer tus besos, uno a uno.
Uno a uno deja caer tus besos
como si fueran la únicas gotas de sangre
que resbalen del vientre de tu corazón.
*
ebrio el crepúsculo borda la tarde,
el agua dormida tu azúcar apea,
pétalos de insomnio, largos pétalos,
cubren del sueño a la fulgurante llama
que en tu humedad, solemne, se despierta.
En tus labios está el rostro del rubí,
el espigado busto del cielo,
en tu boca el arenal donde el mar,
transparente, se sosiega.
Un collar de aves ciñe con sus cuentas
la esbelta cintura de tu susurro,
ocarinas de ángeles encuentran su música
en el cuerpo absuelto de tu gemido.
Empalma tu voz a mi voz,
de línea a línea, igual a las hiedras
que se enredan juntas en el muro,
igual a los ojos del viento
que caminan descalzos por la tierra.
Navega a mi lengua, a mis dientes,
a este lecho de sílaba desnuda.
Y deja caer tus besos, uno a uno.
Uno a uno deja caer tus besos
como si fueran la únicas gotas de sangre
que resbalen del vientre de tu corazón.
*