Hay amores que regalan alma, y otros, que sin piedad lo hurtan,
lo arrebatan... lo machacan con dura piedra.
lo arrebatan... lo machacan con dura piedra.
Como estos amores, existen dos lunas:
la que ilumina metáforas en las soledades de lentas lágrimas;
Y la otra, que induce a las caricias en prohibidas ramas...
cómplice de escarceos, complica las llamas...
esta última fue mi amiga, antes que llegará la dama.
la que ilumina metáforas en las soledades de lentas lágrimas;
Y la otra, que induce a las caricias en prohibidas ramas...
cómplice de escarceos, complica las llamas...
esta última fue mi amiga, antes que llegará la dama.
Hay corazones de casa, como arrebaleras pasiones confusas.
Me he quedado con el corazón de casa,
se ha marchado la beldad con sus runas.
se ha marchado la beldad con sus runas.
Heme aquí, invocando a la sobriedad agraviada.
Heme aquí, extrañando el canto de la hija de Xochiquétzal.
Existen amores que hasta el alma regalan,
y otros que lo hurtan, lo esconden...
en pliegues del cuerpo que cicatrices llaman...
imitan pasiones y de pronto se marchan...
y otros que lo hurtan, lo esconden...
en pliegues del cuerpo que cicatrices llaman...
imitan pasiones y de pronto se marchan...
¡Amo al corazón de casa!
¡Cómo extraño a la cómplice de luna secuaz!
Este canto no es por tanto, sino una confesión de verdad.