nelson majerczyk
Poeta adicto al portal
En un mercado de Smarkanda
cuando gobernaba el Visir Altaij-Khan
grandiosas eran sus ferias y mercados.
Frutas, telas, colores aromas, sabores.
Desde todo el país fluía el pueblo.
Compraban y vendían.
Pero famoso entre famosos era
su contador de cuentos: Malik al Waadi.
Sus relatos hacían reír y llorar.
Curar melancolía, enamorar a los escépticos
y hasta el Visir de incógnito se sentaba
en el suelo de la plaza , arrobado al escucharlo.
Pero quiénes más lo admiraban eran los niños
y las mujeres embarazadas...Quizás porque
llevaban niños en su vientre.
Malik silenciaba invariable la algarabía
de la plaza.
Con dos palabras mágicas: "Había una vez..."
el silencio sepulcral subrayaba sus guerreros,
dragones, valientes sultanes...
Pero Malik cada vez más rico y cansado de su arte, comenzó a contratar
relatores inexpertos; olvidaban el cuento, perdían
el hilo narrativo, sin fuerzas, mecánicos,
sin énfasis narrativo, errores tras errores, Malik impaciente intervenía,
mientras su té se enfriaba y los dátiles se llenaban de
moscas. La multitud se molestaba , bramaba rugía,
no no era así!!! Corregían, el cuentero inquieto, contrató diez,
mil, cien, subrogantes , los aleccionó cuidadoso, no hubo caso. Sus empleados discutían, se pisaban
el discurso. Nadie escuchaba nada, todos contaban en voz
alta a la vez, su versión de las historia, un pandemonio.
_No , están equivocados, no termina así!!! Argumentaban.
Se dividían en bandos, azules contra verdes, verdes versus morados.
Irreconciliables.
Salieron a relucir los puñales, corrió la sangre.
El Visir desesperado, envió su guardia para imponer el
orden, corrió más sangre.
Malik desesperado, horrorizado huyó.
Se emitió una fatua que prohibió para siempre jamás
los cuentos en los mercados.
Los niños lloraron, las mujeres abortaron, solo se compraba
y vendía en la feria.
Cayó sobre el reino un manto gris de tristeza dura.
Dicen que Malik se estableció en las montañas solitarias
de Karakoum, donde después del último rezo, elevando
la voz hacia las estrellas y la Luna comenzaba con:" Había
una vez..."
Y el silencio le contestaba atronador.
cuando gobernaba el Visir Altaij-Khan
grandiosas eran sus ferias y mercados.
Frutas, telas, colores aromas, sabores.
Desde todo el país fluía el pueblo.
Compraban y vendían.
Pero famoso entre famosos era
su contador de cuentos: Malik al Waadi.
Sus relatos hacían reír y llorar.
Curar melancolía, enamorar a los escépticos
y hasta el Visir de incógnito se sentaba
en el suelo de la plaza , arrobado al escucharlo.
Pero quiénes más lo admiraban eran los niños
y las mujeres embarazadas...Quizás porque
llevaban niños en su vientre.
Malik silenciaba invariable la algarabía
de la plaza.
Con dos palabras mágicas: "Había una vez..."
el silencio sepulcral subrayaba sus guerreros,
dragones, valientes sultanes...
Pero Malik cada vez más rico y cansado de su arte, comenzó a contratar
relatores inexpertos; olvidaban el cuento, perdían
el hilo narrativo, sin fuerzas, mecánicos,
sin énfasis narrativo, errores tras errores, Malik impaciente intervenía,
mientras su té se enfriaba y los dátiles se llenaban de
moscas. La multitud se molestaba , bramaba rugía,
no no era así!!! Corregían, el cuentero inquieto, contrató diez,
mil, cien, subrogantes , los aleccionó cuidadoso, no hubo caso. Sus empleados discutían, se pisaban
el discurso. Nadie escuchaba nada, todos contaban en voz
alta a la vez, su versión de las historia, un pandemonio.
_No , están equivocados, no termina así!!! Argumentaban.
Se dividían en bandos, azules contra verdes, verdes versus morados.
Irreconciliables.
Salieron a relucir los puñales, corrió la sangre.
El Visir desesperado, envió su guardia para imponer el
orden, corrió más sangre.
Malik desesperado, horrorizado huyó.
Se emitió una fatua que prohibió para siempre jamás
los cuentos en los mercados.
Los niños lloraron, las mujeres abortaron, solo se compraba
y vendía en la feria.
Cayó sobre el reino un manto gris de tristeza dura.
Dicen que Malik se estableció en las montañas solitarias
de Karakoum, donde después del último rezo, elevando
la voz hacia las estrellas y la Luna comenzaba con:" Había
una vez..."
Y el silencio le contestaba atronador.
Última edición: