El Poeta del Asfalto
Poeta adicto al portal
Le enseñaron a aguantar el derrumbe
bajo el marco de la puerta impidiendo salir al otro.
Nunca una sonrisa de más,
nunca un porque.
Sólo acatar la indicación,
controlar,
punir
para conseguir un poco más que este,
bastante menos que aquel.
Le dieron una insignia,
un brazalete.
Un título de Rey de Bastos o licencia para matar.
Lo mismo da,
ahora es una hormiga
que empuja a las demás.
“¡Vamos!, ¡vamos!”
les grita mientras piensa en lo que va ganar.
Lo que perdió,
ya lo perdió.
Es casi todo lo que no cuenta él.
No sé si sabrá que es así,
se fue volviendo eso,
tal vez sin darse cuenta.
Obligándose en obligaciones que no son de él.
Cuando le bajen la persiana,
pondrá él mismo el candado
y se alejará marcando bien el paso.
Al cruzar la esquina,
rumbeando ya para el umbral,
una sombra le gritará:
¡Capataz!
Che,
¿cuánto te dieron por no ser vos?.
bajo el marco de la puerta impidiendo salir al otro.
Nunca una sonrisa de más,
nunca un porque.
Sólo acatar la indicación,
controlar,
punir
para conseguir un poco más que este,
bastante menos que aquel.
Le dieron una insignia,
un brazalete.
Un título de Rey de Bastos o licencia para matar.
Lo mismo da,
ahora es una hormiga
que empuja a las demás.
“¡Vamos!, ¡vamos!”
les grita mientras piensa en lo que va ganar.
Lo que perdió,
ya lo perdió.
Es casi todo lo que no cuenta él.
No sé si sabrá que es así,
se fue volviendo eso,
tal vez sin darse cuenta.
Obligándose en obligaciones que no son de él.
Cuando le bajen la persiana,
pondrá él mismo el candado
y se alejará marcando bien el paso.
Al cruzar la esquina,
rumbeando ya para el umbral,
una sombra le gritará:
¡Capataz!
Che,
¿cuánto te dieron por no ser vos?.