Dark_Fairy
Poeta que considera el portal su segunda casa
Se plasmó en mi alma
el látigo corrosivo de
una morbosidad cotidiana
se hizo de noche y de día
se hizo de tarde y de mañana
supurando venenos reposados
retozando entre rato y rato
pareciéndome más a ayer.
Mis días son fugitivos
unos con hastíos pasajeros
con rutinas momentáneas
espontaneidad que se dibuja
en la ventana de la cocina
al fétido olor de las doce
cuando estoy en medio de
la nada, cuando nada pasa
ocasional, cuando las plantas
copulan gusanos y granos de
arroz.
Mis días que no se rinden
por temores inexplicables
y a la vez insistentes
es cuando llega la tarde
las paredes se bañan de
sangre, le da otra tonalidad
y el frío pululando en el
aire, en el afuera demente
que se bate con tierras
y vísceras, que cuenta
las muertes.
Humanoides terribles
que opacan al ocaso
de un día tormentoso
como lo fue ese, donde
se corriò el rumor en
mi memoria, como ese
donde mi ojo estaba
bloqueado de hieles y
de sombras, de un ajedrez
interminable.
Ojos que miran números
con normalidad, llamadas
de matanzas que nunca
se realizarán, en la estatua
el león rugirá al toque
de los tiros, como ese día
que mis ventanas retumbaron
llenas de pólvora y de edades
inocentes.
Venas reventadas
plantas emulsionadas
de vómito, desperdicios
ajenos, de todos
en un cielo tan encianurado
en un microscopio experimental.
el látigo corrosivo de
una morbosidad cotidiana
se hizo de noche y de día
se hizo de tarde y de mañana
supurando venenos reposados
retozando entre rato y rato
pareciéndome más a ayer.
Mis días son fugitivos
unos con hastíos pasajeros
con rutinas momentáneas
espontaneidad que se dibuja
en la ventana de la cocina
al fétido olor de las doce
cuando estoy en medio de
la nada, cuando nada pasa
ocasional, cuando las plantas
copulan gusanos y granos de
arroz.
Mis días que no se rinden
por temores inexplicables
y a la vez insistentes
es cuando llega la tarde
las paredes se bañan de
sangre, le da otra tonalidad
y el frío pululando en el
aire, en el afuera demente
que se bate con tierras
y vísceras, que cuenta
las muertes.
Humanoides terribles
que opacan al ocaso
de un día tormentoso
como lo fue ese, donde
se corriò el rumor en
mi memoria, como ese
donde mi ojo estaba
bloqueado de hieles y
de sombras, de un ajedrez
interminable.
Ojos que miran números
con normalidad, llamadas
de matanzas que nunca
se realizarán, en la estatua
el león rugirá al toque
de los tiros, como ese día
que mis ventanas retumbaron
llenas de pólvora y de edades
inocentes.
Venas reventadas
plantas emulsionadas
de vómito, desperdicios
ajenos, de todos
en un cielo tan encianurado
en un microscopio experimental.
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