necros73
Poeta que considera el portal su segunda casa
II
Las palabras escritas en la pared
son la historia de muchas noches de alcohol,
letras que marcan deseos
y pasiones que forman complicados tatuajes
por sobre los muchos corredores
y pasillos que conforman el dédalo del extraño.
Este laberinto invita
a quien sin rumbo alguno deambula
en los pasos de la noche,
a perderse en los vericuetos torcidos
de un alma que agoniza en cada suspiro.
La salida esta al alcance de la mano,
pero nadie busca salir,
el extraño me advirtió,
aquella noche de delirio,
que las líneas carmesí
no bastan para borrar
y erradicar las ausentes presencias
que acechan en cada esquina,
prestas a saltar desde sus nichos,
para asfixiar las pocas esperanzas del viajante
y depositar en ellos la semilla de la sinrazón.
El rastro de unas lágrimas
se pierde en el abismo
de unos ojos que ya no ven.
No te mueras vida que aún nos faltan muchas muertes por vivir
Se lee en la inscripción
que adorna el altar
erigido en el centro del laberinto,
rodeada de cirios
y veladoras descansa la efigie del ayer,
la causante de estas líneas.
A pesar del tiempo sigue doliendo el dolor,
es el escalofrío que baja por la espina
al contemplar la quietud de un mausoleo
tan estrellado y tan vivo como este.
Con el arribo de un nuevo habitante,
arriban también las posibilidades
de una nueva miseria,
una nueva desdicha,
una nueva tortura.
Cada quien tiene su cada cual,
yo tengo este laberinto
creado específicamente
para albergar mi vagar sin rumbo.
Dijo el extraño.
¿Dónde es ninguna parte?
Aquí,
allá,
en ningún lugar,
cualquier banqueta es santuario
para el incansable
peregrinar del melancólico.
Veladora no te apagues
que aún no es medianoche,
este vodka no se acaba,
y mi llanto apenas comienza
( continuará...)
Las palabras escritas en la pared
son la historia de muchas noches de alcohol,
letras que marcan deseos
y pasiones que forman complicados tatuajes
por sobre los muchos corredores
y pasillos que conforman el dédalo del extraño.
Este laberinto invita
a quien sin rumbo alguno deambula
en los pasos de la noche,
a perderse en los vericuetos torcidos
de un alma que agoniza en cada suspiro.
La salida esta al alcance de la mano,
pero nadie busca salir,
el extraño me advirtió,
aquella noche de delirio,
que las líneas carmesí
no bastan para borrar
y erradicar las ausentes presencias
que acechan en cada esquina,
prestas a saltar desde sus nichos,
para asfixiar las pocas esperanzas del viajante
y depositar en ellos la semilla de la sinrazón.
El rastro de unas lágrimas
se pierde en el abismo
de unos ojos que ya no ven.
No te mueras vida que aún nos faltan muchas muertes por vivir
Se lee en la inscripción
que adorna el altar
erigido en el centro del laberinto,
rodeada de cirios
y veladoras descansa la efigie del ayer,
la causante de estas líneas.
A pesar del tiempo sigue doliendo el dolor,
es el escalofrío que baja por la espina
al contemplar la quietud de un mausoleo
tan estrellado y tan vivo como este.
Con el arribo de un nuevo habitante,
arriban también las posibilidades
de una nueva miseria,
una nueva desdicha,
una nueva tortura.
Cada quien tiene su cada cual,
yo tengo este laberinto
creado específicamente
para albergar mi vagar sin rumbo.
Dijo el extraño.
¿Dónde es ninguna parte?
Aquí,
allá,
en ningún lugar,
cualquier banqueta es santuario
para el incansable
peregrinar del melancólico.
Veladora no te apagues
que aún no es medianoche,
este vodka no se acaba,
y mi llanto apenas comienza
( continuará...)