chc
Christian
A Rosana.
Su sonrisa puede ser
un contratiempo a tempo.
Porque cuando usted sonríe,
sin el apremio del día,
con la evidencia de hacerlo
sin configuraciones extrañas,
ni monotonía,
se desata lentamente
un despliegue orquestal.
Y uno pretende no verla,
que no existe,
porque el día corre,
pero a usted
-cuando sonríe-
parece no importarle.
Es que a uno
le queda sonando en las entrañas
su allegro vivace,
que vibra como el cuerpo
ante el sobresalto.
Y uno no quiere,
y no puede
prestarle atención,
uno quiere regalársela.
Su sonrisa,
de carácter independiente,
indudablemente certera,
es apenas una pista
de su próxima sonrisa.
Usted sabe,
-de oírlo en mi silencio,
de moverse entre mi estatismo,
de converger en mi gesto
de menguado agradecimiento-
que es un contratiempo
para mí y para el mundo,
a pesar de mi recelo,
que usted,
con intempestiva frecuencia
y descarada suavidad,
sonría.
Pero yo sé,
a pesar del mundo,
que usted sonríe,
y el contratiempo
es todo mío.
Su sonrisa puede ser
un contratiempo a tempo.
Porque cuando usted sonríe,
sin el apremio del día,
con la evidencia de hacerlo
sin configuraciones extrañas,
ni monotonía,
se desata lentamente
un despliegue orquestal.
Y uno pretende no verla,
que no existe,
porque el día corre,
pero a usted
-cuando sonríe-
parece no importarle.
Es que a uno
le queda sonando en las entrañas
su allegro vivace,
que vibra como el cuerpo
ante el sobresalto.
Y uno no quiere,
y no puede
prestarle atención,
uno quiere regalársela.
Su sonrisa,
de carácter independiente,
indudablemente certera,
es apenas una pista
de su próxima sonrisa.
Usted sabe,
-de oírlo en mi silencio,
de moverse entre mi estatismo,
de converger en mi gesto
de menguado agradecimiento-
que es un contratiempo
para mí y para el mundo,
a pesar de mi recelo,
que usted,
con intempestiva frecuencia
y descarada suavidad,
sonría.
Pero yo sé,
a pesar del mundo,
que usted sonríe,
y el contratiempo
es todo mío.
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