Isidora_Luna
Poeta recién llegado
Nos unió la blasfemia y el espanto
Tu risa era cuchilla; yo… desvelo.
Dormíamos con furia y sin consuelo,
con la piel marcada en sangre y desencanto.
Tu voz, sal en mi llanto más quebrado;
mi beso, una promesa hacia el infierno.
No hubo cielo, ni redención, ni invierno
que apagara el contrato de este encanto.
Nos amamos sin pactos ni rituales,
con la sed de dos locos que provocan
a la muerte… con sus juegos infernales.
Fuimos filo, colisión, tormenta:
dos puñales cruzándose sin tregua,
desgarrando lo poco que quedaba.
Mientras... un alma rota —ajena—
susurraba al abismo con voz grave:
“El amor se extingue. Solo las cicatrices…
y el eco… son reales.”
Tu risa era cuchilla; yo… desvelo.
Dormíamos con furia y sin consuelo,
con la piel marcada en sangre y desencanto.
Tu voz, sal en mi llanto más quebrado;
mi beso, una promesa hacia el infierno.
No hubo cielo, ni redención, ni invierno
que apagara el contrato de este encanto.
Nos amamos sin pactos ni rituales,
con la sed de dos locos que provocan
a la muerte… con sus juegos infernales.
Fuimos filo, colisión, tormenta:
dos puñales cruzándose sin tregua,
desgarrando lo poco que quedaba.
Mientras... un alma rota —ajena—
susurraba al abismo con voz grave:
“El amor se extingue. Solo las cicatrices…
y el eco… son reales.”