BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Y vi paredes ciegas
untosas, llenas de un aceite
que proveían miles de enjambres
atroces, mutilados, casi animales.
Y fui llorando, en la estadía,
en la inquietud soberana del mediodía,
donde basculaban trozos de serpientes y
minúsculos dientes atrofiados.
Fui restregando mis manos,
llanuras lisas, piedras obedientes,
serpentinas abandonadas, fiestas
olvidadas de repente, como aquietada
por una mansedumbre, sin saber
de dónde procedía.
Y el gesto utópico comprendió.
Sólo quedaba ese llanto, interno,
orientador, simultáneo jardín
que vi un sólo día-.
©
untosas, llenas de un aceite
que proveían miles de enjambres
atroces, mutilados, casi animales.
Y fui llorando, en la estadía,
en la inquietud soberana del mediodía,
donde basculaban trozos de serpientes y
minúsculos dientes atrofiados.
Fui restregando mis manos,
llanuras lisas, piedras obedientes,
serpentinas abandonadas, fiestas
olvidadas de repente, como aquietada
por una mansedumbre, sin saber
de dónde procedía.
Y el gesto utópico comprendió.
Sólo quedaba ese llanto, interno,
orientador, simultáneo jardín
que vi un sólo día-.
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