Mitra
Poeta adicto al portal
Como murmullos del viento
emanado, voraz
aquel follaje invisible, neuronal
vistió la piel y gritó, escarchada;
más abúlica, más amarga...
por instinto o absintismo,
empañada.
Por aquel tallado marco
que como guardián frustrado...
pasaje al dolor,
aquel que corrompe, halado
tuberculoso, a un órgano
tal vez vital, añejado
llamado amor.
¿Cerrar la puerta o esperar?...
¿a morir por su ajenjo?,
¿beatifico? Enmascarado.
Cuando el alma se ve flaquear,
consumida, otra vez...
humillando la rigidez
de su espíritu, escariado;
Es un segundo, enmudado
Y vagabundo...
otro resbalón al abismo, enamorado
en que la sangre danzante
se detiene, y se siente en aire espeso,
áspero, aquel toxico recuerdo
del que se vio servido a saciar.
De rodillas amedrentando
los ojos que ven más de lo que hay.
Un sabor a miel suplicante
para las papilas sedientas y obcecadas,
por aquel tallo mentiroso.
Pero el flagelo fue un latido,
perdido entre las corrientes...
que vibraron, escaparon
por los labios y los dientes.
Hoy el cuerpo se previene,
dejando a el alma melancólica
ensañada con reflejos felinos...
y liberando las encimas...
se ha vacunado el corazón
y desherbado sus ruinas.
Mitra
emanado, voraz
aquel follaje invisible, neuronal
vistió la piel y gritó, escarchada;
más abúlica, más amarga...
por instinto o absintismo,
empañada.
Por aquel tallado marco
que como guardián frustrado...
pasaje al dolor,
aquel que corrompe, halado
tuberculoso, a un órgano
tal vez vital, añejado
llamado amor.
¿Cerrar la puerta o esperar?...
¿a morir por su ajenjo?,
¿beatifico? Enmascarado.
Cuando el alma se ve flaquear,
consumida, otra vez...
humillando la rigidez
de su espíritu, escariado;
Es un segundo, enmudado
Y vagabundo...
otro resbalón al abismo, enamorado
en que la sangre danzante
se detiene, y se siente en aire espeso,
áspero, aquel toxico recuerdo
del que se vio servido a saciar.
De rodillas amedrentando
los ojos que ven más de lo que hay.
Un sabor a miel suplicante
para las papilas sedientas y obcecadas,
por aquel tallo mentiroso.
Pero el flagelo fue un latido,
perdido entre las corrientes...
que vibraron, escaparon
por los labios y los dientes.
Hoy el cuerpo se previene,
dejando a el alma melancólica
ensañada con reflejos felinos...
y liberando las encimas...
se ha vacunado el corazón
y desherbado sus ruinas.
Mitra
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