PoetaJC
Poeta recién llegado
No recuerdo nada de tu semblante.
Ni tu sonrisa espontánea
ni tu mirada huidiza.
Sólo siento precipitados pedazos de tu estado
cayendo en mi vacío.
Momento en el que yo desaparezco,
porque ya no soy el águila que anida en tu pecho.
Sólo una especie de manto que te cubre
cuando tus labios tienen sonrisa de esparto.
Y tu soledad es un estorbo de la que estás cansada.
Un remolino de distancia pasada,
que en un largo túnel,
se va alejando tan rápido como un rayo.
Y al escribir no siento nada.
Solamente la certeza
de que eres una fugaz estrella,
fundida de repente en un lúbrico latido.
Y ahora estoy profanando lo recuerdos más yertos.
Desenterrando sentimientos que ya no pueden ser devueltos.
Las ruedas desbocadas del amor
se han parado hace mucho tiempo.
Y ahora siento caer los pedazos de herrumbre
en mi socavado corazón.
El acero y el hierro cubren ese sentimiento
con una lápida de olvido.
Pero las rosas a su alrededor aún siguen creciendo.
En mi boca todo me sabe a una difuminada ilusión.
Mis labios sin embargo siguen siendo vírgenes para el amor
y sus besos son custodiados
por el silencio de mi corazón.
Entonces la mirada de un niño
ya no parece una mirada inocente.
Sino una pregunta envuelta en desespero,
una interrogación apenada.
Un hombre en una tenue mirada
la mirada prematura de la esperanza.
J.C. Luzardo
©Todos los derechos reservados
Ni tu sonrisa espontánea
ni tu mirada huidiza.
Sólo siento precipitados pedazos de tu estado
cayendo en mi vacío.
Momento en el que yo desaparezco,
porque ya no soy el águila que anida en tu pecho.
Sólo una especie de manto que te cubre
cuando tus labios tienen sonrisa de esparto.
Y tu soledad es un estorbo de la que estás cansada.
Un remolino de distancia pasada,
que en un largo túnel,
se va alejando tan rápido como un rayo.
Y al escribir no siento nada.
Solamente la certeza
de que eres una fugaz estrella,
fundida de repente en un lúbrico latido.
Y ahora estoy profanando lo recuerdos más yertos.
Desenterrando sentimientos que ya no pueden ser devueltos.
Las ruedas desbocadas del amor
se han parado hace mucho tiempo.
Y ahora siento caer los pedazos de herrumbre
en mi socavado corazón.
El acero y el hierro cubren ese sentimiento
con una lápida de olvido.
Pero las rosas a su alrededor aún siguen creciendo.
En mi boca todo me sabe a una difuminada ilusión.
Mis labios sin embargo siguen siendo vírgenes para el amor
y sus besos son custodiados
por el silencio de mi corazón.
Entonces la mirada de un niño
ya no parece una mirada inocente.
Sino una pregunta envuelta en desespero,
una interrogación apenada.
Un hombre en una tenue mirada
la mirada prematura de la esperanza.
J.C. Luzardo
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