Julius 12
Poeta que considera el portal su segunda casa
Habría que fijarse este plenilunio, entre
esos mudos despojos en los que se
abrieron círculos sedientos y asustados,
que los lirios llegaron en amaneceres de
manos abiertas.
Habría que advertir en la vana sensación
del insustancial crepúsculo de oro y plata,
cuando tu cuerpo ya no fue gris como el viento,
esos murmullos de las playas desgarradas.
Habría que disimular la servidumbre del sentimiento
para entender la soledad triplicada en los montes
seculares del amor que yace, incierto.
Habría que contemplar en cada entrega
los resabios de tus besos amarrados a la
trivial obediencia de mirar tu nombre en el
espejo.
Y habría que sentir al menos piedad ante
el rezagado peso de la vida en el apremio,
y en la ensañada altivez de niña caprichosa,
la sempiterna brevedad de un tiempo
que de pronto se colgó de la cordura.
esos mudos despojos en los que se
abrieron círculos sedientos y asustados,
que los lirios llegaron en amaneceres de
manos abiertas.
Habría que advertir en la vana sensación
del insustancial crepúsculo de oro y plata,
cuando tu cuerpo ya no fue gris como el viento,
esos murmullos de las playas desgarradas.
Habría que disimular la servidumbre del sentimiento
para entender la soledad triplicada en los montes
seculares del amor que yace, incierto.
Habría que contemplar en cada entrega
los resabios de tus besos amarrados a la
trivial obediencia de mirar tu nombre en el
espejo.
Y habría que sentir al menos piedad ante
el rezagado peso de la vida en el apremio,
y en la ensañada altivez de niña caprichosa,
la sempiterna brevedad de un tiempo
que de pronto se colgó de la cordura.
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