Pilaresther
Poeta adicto al portal
Camila,
dicen los viejos, los viejitos y los viejecitos,
que a los hijos de los hijos
se quieren màs,
nadie puede ponerse bravo por eso,
?verdad?.
Lo comprendì, apenas supe
que pataleabas en el vientre de tu mami,
para llegar finalmente
a vivir con nosotros.
Y llorè.
No se si lloraba
porque a tu mami le dolìa
por ayudarte a llegar a casa,
o si lloraba porque no fui muy valiente
y bajè corriendo a esconderme tras un àrbol,
pero no quise perder el tiempo
sòlo llorando,
creo que por primera vez
tu abuela le escribiò una carta en el viento a Dios,
contàndole que tù y tu mami lo necesitaban cerca
que si estaba ocupado
no importaba,
podrìa mandarme un poquito de àngeles
con alas de algodones
para que llegaran ràpido
y que ademàs,
trajeran candiles
claritos, claritos, claritos,
como las estrellas
y como las gotas de rocìo
y como los ojos de los payasos
y como los zapatos de cristal que la luna lleva a las fiestas.
Te cuento Camila y nunca lo olvides,
que a Dios le alcanzò el tiempo
y leyò mi carta.
Sin darme apenas cuenta
cuando levantè los ojos del viento,
contigo estaban los àngeles alumbrados
peinando tu cabello,
lavando tu carita,
contando tus deditos y tus huequitos de la nariz
y dejando un lindo regalo en el vestido de tu mamà.
Por eso Camila,
los viejos, los viejitos y los viejecitos,
tienen razòn,
los hijos de los hijos
se quieren màs
y nadie puede ponerse bravo por eso
?verdad?.
Entonces, como premio,
Dios lee las cartas que todos los abuelos
escriban en el viento.
Miami, Mayo 22 de 2010
2.45 a.m.
dicen los viejos, los viejitos y los viejecitos,
que a los hijos de los hijos
se quieren màs,
nadie puede ponerse bravo por eso,
?verdad?.
Lo comprendì, apenas supe
que pataleabas en el vientre de tu mami,
para llegar finalmente
a vivir con nosotros.
Y llorè.
No se si lloraba
porque a tu mami le dolìa
por ayudarte a llegar a casa,
o si lloraba porque no fui muy valiente
y bajè corriendo a esconderme tras un àrbol,
pero no quise perder el tiempo
sòlo llorando,
creo que por primera vez
tu abuela le escribiò una carta en el viento a Dios,
contàndole que tù y tu mami lo necesitaban cerca
que si estaba ocupado
no importaba,
podrìa mandarme un poquito de àngeles
con alas de algodones
para que llegaran ràpido
y que ademàs,
trajeran candiles
claritos, claritos, claritos,
como las estrellas
y como las gotas de rocìo
y como los ojos de los payasos
y como los zapatos de cristal que la luna lleva a las fiestas.
Te cuento Camila y nunca lo olvides,
que a Dios le alcanzò el tiempo
y leyò mi carta.
Sin darme apenas cuenta
cuando levantè los ojos del viento,
contigo estaban los àngeles alumbrados
peinando tu cabello,
lavando tu carita,
contando tus deditos y tus huequitos de la nariz
y dejando un lindo regalo en el vestido de tu mamà.
Por eso Camila,
los viejos, los viejitos y los viejecitos,
tienen razòn,
los hijos de los hijos
se quieren màs
y nadie puede ponerse bravo por eso
?verdad?.
Entonces, como premio,
Dios lee las cartas que todos los abuelos
escriban en el viento.
Miami, Mayo 22 de 2010
2.45 a.m.
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