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Cosmo Helena

Malex

Poeta recién llegado
¿Desde cuándo tu arrogancia raya
mis ocupados amaneceres pensándote?
¿Desde cuándo, despiadada razón
que acompaña el fulgor de mi locura?
Quizás, ha sido efímero y arrebatado
el tiempo que desasosiega mis ilusiones,
destajando azas de mis que haberes
a lo real, lo solido y tangible que,
como una dulce poción de polvo trópico
profana mis vitales líquidos hasta
dejarme completa y puramente
hundido como gusano de tierra caliente
en la fertilidad pueril de tus besos
no dados ya un buen día de invierno,
a usanza de tu torpeza y malicia
segregadas aromáticamente por
la increíble canción profana
de tu deliciosa belleza, incomparable
con la de cualquier fémina mortal
casi, desgarrando la misma
los mas altaneros y soberbios
suelos divinos habitados por las musas:
ora la lira hecha de cierzo,
ora la flauta color bermejo.
ora el arpa, resuenan en cada rincón
del placido paraíso dedicado a ti;
maravilla única del Génesis.
Cuando tu terciopelo cabello
negro noche, rocía su luz estelar
en el envés de tus cristalinas pupilas,
todas las religiones, cualquier dogma
que atisbe un conflicto imperial
detienen su atabalerío y mofa
desde su cuna solar en el horizonte
para degustar de manera continua
tu suavidad de perfume tierno
al mecer tu santa mano desde
los sudores y gotas de Virgilio
hacia los ardores y vástagos
de Satán en los infiernos
mientras desnuda y despreocupada
te peinas frente al espejo.
Como el jazmín cielo que te nombra y
con sana envidia aromatiza tu presencia;
así de difícil es distinguir
ya entradas las hijas de Júpiter y Temis
entre tus ojos y el Zodiaco,
así de difícil es que, atando cabos,
termino por odiar la belleza de la vida
pues dicha, es lo único mas bello que tu.
¡Oh! Si yo tuviera el osado ímpetu
de portar mosquetón y escudo
en mis vestes mugrientas
y depurar cual cruzada una
tu venenoso cuerpo de zurcida sensualidad;
si tan solo pudiera yo, malhechor,
convertirme en un flaco jilguerillo
y entonar para ti la más celestial melodía
que te hiciera sentir a sinfonía
en uno de sus vocales arpegios que
alguien te esta amando a morir
en este preciso momento,
mientras humedeces con efluvios costosos
tu sudor, tu lluvia de Abril,
en tanto yo, desventurado
escribo con ardid esta triste parafraseada
para ti, mi vetusto espécimen.
Nacida seguramente de
la misma y portentosa Lilith,
cuando, uno de sus rizos
posase encima de un éter;
descuido tímido de Gaia
dormitando en sus lechos.
Quien sabe, solo
el universo te otorga
un poco de su misterio
para que sean uno mismo.
Si algún día decides tú,
complicada necedad,
alejarte de mi periferia
no olvides sentenciar tu encierro
en mis recuerdos muchos
pues al final, cuando
los ya trillados jinetes troten
sobre nuestras insipientes suplicas,
será lo único que me mantendrá
de raíces en esta madre mía;
hermana gemela de un trozo ignoto,
la madre Tierra, tu madre.

 
¿Desde cuándo tu arrogancia raya
mis ocupados amaneceres pensándote?
¿Desde cuándo, despiadada razón
que acompaña el fulgor de mi locura?
Quizás, ha sido efímero y arrebatado
el tiempo que desasosiega mis ilusiones,
destajando azas de mis que haberes
a lo real, lo solido y tangible que,
como una dulce poción de polvo trópico
profana mis vitales líquidos hasta
dejarme completa y puramente
hundido como gusano de tierra caliente
en la fertilidad pueril de tus besos
no dados ya un buen día de invierno,
a usanza de tu torpeza y malicia
segregadas aromáticamente por
la increíble canción profana
de tu deliciosa belleza, incomparable
con la de cualquier fémina mortal
casi, desgarrando la misma
los mas altaneros y soberbios
suelos divinos habitados por las musas:
ora la lira hecha de cierzo,
ora la flauta color bermejo.
ora el arpa, resuenan en cada rincón
del placido paraíso dedicado a ti;
maravilla única del Génesis.
Cuando tu terciopelo cabello
negro noche, rocía su luz estelar
en el envés de tus cristalinas pupilas,
todas las religiones, cualquier dogma
que atisbe un conflicto imperial
detienen su atabalerío y mofa
desde su cuna solar en el horizonte
para degustar de manera continua
tu suavidad de perfume tierno
al mecer tu santa mano desde
los sudores y gotas de Virgilio
hacia los ardores y vástagos
de Satán en los infiernos
mientras desnuda y despreocupada
te peinas frente al espejo.
Como el jazmín cielo que te nombra y
con sana envidia aromatiza tu presencia;
así de difícil es distinguir
ya entradas las hijas de Júpiter y Temis
entre tus ojos y el Zodiaco,
así de difícil es que, atando cabos,
termino por odiar la belleza de la vida
pues dicha, es lo único mas bello que tu.
¡Oh! Si yo tuviera el osado ímpetu
de portar mosquetón y escudo
en mis vestes mugrientas
y depurar cual cruzada una
tu venenoso cuerpo de zurcida sensualidad;
si tan solo pudiera yo, malhechor,
convertirme en un flaco jilguerillo
y entonar para ti la más celestial melodía
que te hiciera sentir a sinfonía
en uno de sus vocales arpegios que
alguien te esta amando a morir
en este preciso momento,
mientras humedeces con efluvios costosos
tu sudor, tu lluvia de Abril,
en tanto yo, desventurado
escribo con ardid esta triste parafraseada
para ti, mi vetusto espécimen.
Nacida seguramente de
la misma y portentosa Lilith,
cuando, uno de sus rizos
posase encima de un éter;
descuido tímido de Gaia
dormitando en sus lechos.
Quien sabe, solo
el universo te otorga
un poco de su misterio
para que sean uno mismo.
Si algún día decides tú,
complicada necedad,
alejarte de mi periferia
no olvides sentenciar tu encierro
en mis recuerdos muchos
pues al final, cuando
los ya trillados jinetes troten
sobre nuestras insipientes suplicas,
será lo único que me mantendrá
de raíces en esta madre mía;
hermana gemela de un trozo ignoto,
la madre Tierra, tu madre.




Corriente que se impone entre llos ramajes de un poro maternal,
busqueda unica enttre las enttrañas de un cristasl fragmentado.
felicidades. luzyabsenta. una gran obra.
 
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