Lord Simple
Poeta recién llegado
Ya no pretendo que tú me hables
he aprendido a estar en tu silencio,
ya no deseo que sentirme triste
para soñar otra vez que me abrazas
tú me has fruncido la piel y el alma
deslumbrándome con tu mirada sensitiva,
y ya solo pretendo que desnudes tus deseos
cuando tocar su piel se me hace necesario,
el mismo viento que hace danzar las azucenas
me va clavando tus caricias atrasadas...
y ni una mano dulce se atreve a arrancarlas
porque me sangrará el amor por sus heridas,
los leños de mis besos, aún arden convencidos,
irradiando un calor a menta, para labios encendidos,
solo te quise un breve momento
y aún rodea tu talle mi deseo,
se extiende y se contiene, confundido,
y después se hace lleno, para empezar de nuevo,
que momento luna, que te adula,
que se burla de las mareas
y confluye a su bendito ritmo,
sino supiera donde dejas tu tibio vientre
tampoco sabría a donde enviar mis caricias,
porque ahora recuerdo tu boca
como deliciosa fruta licuada
que deja escurrir su abundancia,
un beso más, y habré acabado,
no de amarte, ni haberte encendido,
solo de haberte dado los primeros cien,
que de tu sonrisa me habían partido
cuando a simple vista te había amado,
sáciame de tu importancia
con el desarme menos apretado
mientras le sonrío,
a tu mirada semi-escondida,
¿qué habrás aprendido de mí?
Que te ofrecí mi aliento respetado
Y solo me has roto la compostura,
Así me sumerjo en tu frecuencia
para hablarte de mares encendidos
y de lunas que se llenan de albedrío
para después negarse a menguar sin ti,
tu mirada se me hace semilla
y mil sentires se amontonan
entre la gracia y la bocanada
para poder hacerse hilera de palabras
ante mis incrédulos ojos de censura,
tú te me has roto, como una bruma cavilante,
como un deseo agotado de vivir en el tiempo,
te me has fracturado sin perdón ni advertencia
como el reflejo de la luna, en una laguna ondeante,
pero peco contigo, reiteradamente...
eclipsándome con el perfume de tu presencia
y soñando con quillas navegantes
para las frases que me han sido construidas...
en los astilleros de las costumbres calladas.
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