Creo en los ojos que miran,
y me hablan como nadie ha hecho.
En los ojos que me atraviesan,
y me elevan hasta el lejano techo.
Creo en los labios que hablan,
y me traducen la extraña lengua
del suave tacto humano,
de la constante e infinita tregua.
Creo en todo lo existente,
en lo fantástico de un mundo inerte,
y en la verdad que transmiten
los labios y los ojos al verme.
Creer es el placer vertido,
es la esperanza de los oprimidos.