Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
No vivo en un mundo paralelo.
Tampoco fuerzo mis estados mentales -como el resto de los mortales, no te jode-.
Tengo la ligera sensación de que estoy experimentando sensaciones nuevas.
No tienen nada que ver con la poesía, o sí, vaya usted a saber.
No es que no sepa nada, el problema es que lo sé todo.
Y todas las teorías aplicadas a la práctica, también.
Llevo tiempo contando que he llegado a Dios a través de mis teorías y principios.
No me siento realizado, a pesar de todo ello.
A pesar de nada.
No tengo pesar que me derrumbe.
Soy todo lo indestructible que quiero.
No me implico en asuntos ajenos más de lo convencional.
Así, como quien habla del parte meteorológico, nunca he llegado a conclusiones a través de nadie.
Éste es el momento, me digo.
Ricardo, éste es el momento.
No permitas que te usurpe la identidad un ser concebido por un igual, o semejante, o prójimo, hermano, congénere.
Tú no tienes de esas cosas.
Lo sabes porque la identidad es lo único que no tiene símil.
Ricardo, éste es el momento.
No puedes contigo.
Y, como Jesucristo, me tumbo en el colchón de la Providencia.
Que en mi caso un clavo no quita otro clavo.
Ni me agarro nunca a un clavo ardiendo.
Incomprendido.
Ansioso.
Imposible de disuadir.
No quisiera ser, no, otra cosa.
¿En serio creen que en mi caso lo importante es la poesía?
No hay otra cosa más cierta que la influencia de mi corriente filosófica.
Es corriente, llega siempre sin asustar.
Si veo a una "tía buena", me digo... -¿Qué coño estoy diciendo?-
Es como si llevara los diez mandamientos inscritos en el cuello de la camisa.
He echado bilis de todas las formas posibles.
Pero este mundo no es criticable.
Por algo se inventaron los desagües.
No permitas que te usurpen la identidad.
No lo permitas.
Arrastro muchas cosas, y una de ellas no es el sufrimiento.
Tampoco es ya la sensación de que me estén tomando el pelo.
Me siento -ni eso- como un depredador acechando a su presa.
No guardo rencor, ni amor, ni ilusiones.
He escrito suficiente papel como para encender el Fuego Eterno.
O como para limpiarse el culo sudando tinta china.
He ahí el meollo de la cuestión.
¿Quién quiere la Gloria que no sea Dios?
No se trata de apaciguar mi exaltación del ánimo, tampoco, ni de darle rienda suelta.
Lo único trascendente para Dios es la Verdad.
Está claro que estoy buscando en el lugar equivocado, pero, ¿quién dice que haya renunciado a la "vida"?
Llegar al fondo de las personas.
Cada quien tiene su verdad.
Eso dicen, o se dice, o se escucha, o se lee, o se ve, o se siente.
Pero no se toca.
Algo parecido sucede conmigo.
Me siento intocable, pero no me lo creo.
Lo único trascendente para Dios es la Verdad, y está claro que aquí nos marcamos las distancias mutuamente -lo digo por cosas que no tienen porqué saber-.
No se trata de confianza, no en mi caso.
Se trata de miedo.
Y de indiferencia.
Manifiesto dos estados de ánimo cada vez más opuestos.
No es mirar solo para mi ombligo.
Es creer en lo que tengo que creer.
Y si tengo que morir electrocutado en la bañera por ello, me importa tres carajos.
Será porque la Verdad me ha atrapado.
Tampoco fuerzo mis estados mentales -como el resto de los mortales, no te jode-.
Tengo la ligera sensación de que estoy experimentando sensaciones nuevas.
No tienen nada que ver con la poesía, o sí, vaya usted a saber.
No es que no sepa nada, el problema es que lo sé todo.
Y todas las teorías aplicadas a la práctica, también.
Llevo tiempo contando que he llegado a Dios a través de mis teorías y principios.
No me siento realizado, a pesar de todo ello.
A pesar de nada.
No tengo pesar que me derrumbe.
Soy todo lo indestructible que quiero.
No me implico en asuntos ajenos más de lo convencional.
Así, como quien habla del parte meteorológico, nunca he llegado a conclusiones a través de nadie.
Éste es el momento, me digo.
Ricardo, éste es el momento.
No permitas que te usurpe la identidad un ser concebido por un igual, o semejante, o prójimo, hermano, congénere.
Tú no tienes de esas cosas.
Lo sabes porque la identidad es lo único que no tiene símil.
Ricardo, éste es el momento.
No puedes contigo.
Y, como Jesucristo, me tumbo en el colchón de la Providencia.
Que en mi caso un clavo no quita otro clavo.
Ni me agarro nunca a un clavo ardiendo.
Incomprendido.
Ansioso.
Imposible de disuadir.
No quisiera ser, no, otra cosa.
¿En serio creen que en mi caso lo importante es la poesía?
No hay otra cosa más cierta que la influencia de mi corriente filosófica.
Es corriente, llega siempre sin asustar.
Si veo a una "tía buena", me digo... -¿Qué coño estoy diciendo?-
Es como si llevara los diez mandamientos inscritos en el cuello de la camisa.
He echado bilis de todas las formas posibles.
Pero este mundo no es criticable.
Por algo se inventaron los desagües.
No permitas que te usurpen la identidad.
No lo permitas.
Arrastro muchas cosas, y una de ellas no es el sufrimiento.
Tampoco es ya la sensación de que me estén tomando el pelo.
Me siento -ni eso- como un depredador acechando a su presa.
No guardo rencor, ni amor, ni ilusiones.
He escrito suficiente papel como para encender el Fuego Eterno.
O como para limpiarse el culo sudando tinta china.
He ahí el meollo de la cuestión.
¿Quién quiere la Gloria que no sea Dios?
No se trata de apaciguar mi exaltación del ánimo, tampoco, ni de darle rienda suelta.
Lo único trascendente para Dios es la Verdad.
Está claro que estoy buscando en el lugar equivocado, pero, ¿quién dice que haya renunciado a la "vida"?
Llegar al fondo de las personas.
Cada quien tiene su verdad.
Eso dicen, o se dice, o se escucha, o se lee, o se ve, o se siente.
Pero no se toca.
Algo parecido sucede conmigo.
Me siento intocable, pero no me lo creo.
Lo único trascendente para Dios es la Verdad, y está claro que aquí nos marcamos las distancias mutuamente -lo digo por cosas que no tienen porqué saber-.
No se trata de confianza, no en mi caso.
Se trata de miedo.
Y de indiferencia.
Manifiesto dos estados de ánimo cada vez más opuestos.
No es mirar solo para mi ombligo.
Es creer en lo que tengo que creer.
Y si tengo que morir electrocutado en la bañera por ello, me importa tres carajos.
Será porque la Verdad me ha atrapado.